Algunos hablan de días difíciles para la corona británica a tenor de la crisis desatada por Meghan Markle y el príncipe Harry en el seno de la familia real, pero esto no es más que un mero divertimento si lo comparamos con otros episodios vividos por los inquilinos de Buckingham Palace, algunos de ellos, prácticamente desconocidos por el gran público. Una de las historias más oscuras tuvo que ver con un sorprendente robo sobre el que, como debe ser en una adecuada teoría de la conspiración, todo está aún por demostrar.

Robert Rowlands era un funcionario británico con pocas amistadas que una tarde de finales de agosto de 1971, al volver a casa del trabajo, captó una sorprendente conversación a través de su estación de radioaficionado: dos hombres charlaban tranquilamente, y entre bromas, bostezos e insultos, intercambiaban detalles sobre el túnel que estaban excavando para acceder a la cámara acorazada de un banco. Pudo deducir por la conversación que uno lideraba el grupo de trabajo y otro vigilaba la calle desde un lugar cercano

Rowlands llamó rápidamente a Scotland Yard, y tras las presumibles dudas y mofas, terminaron por ver indicios de que realmente hubiese un delito en marcha. Para intentar dar con los ladrones, el inspector al frente del caso decidió enviar un par de agentes en un furgón a visitar un total de 750 bancos dentro de un perímetro de 15 kilómetros alrededor del piso de Rowlands. La idea era que los policías se dejasen ver merodeando tanto los bancos como los negocios colindantes para que el vigía alertase a sus compañeros, y poder así determinar en qué sucursal se estaba llevando a cabo la preparación del golpe. En los días siguientes llegaron incluso a hacerse públicas aquellas conversaciones entre los ladrones a través de la radio y la televisión, por si alguien reconocía las voces. El plan, sin embargo, no daba resultado. Más tarde se supo que justo cuando pasaron por el banco correcto, el vigía había salido a comprar un sándwich, por lo que había interrumpido la comunicación con sus compañeros.

El banco en cuestión era el Lloyds Bank, en Baker Street. Ningún vecino advirtió nada sospechoso en el trasiego de hombres en monos manchados de tierra que salían de una tienda de artículos de cuero que estaba de reformas, a unos doce metros del banco, separados ambos por un restaurante indio, Chicken Inn. Para despertar las menores sospechas posibles, además, solo los ladrones solo trabajaban los fines de semana.

El 11 de septiembre, el grupo alcanzó por fin su objetivo. Junto al dinero del banco, saquearon también 260 cajas de seguridad. La cifra del botín que se dio oficialmente rondaba las 500.000 libras en metálico, aunque fuentes del banco apuntaron extraoficialmente que la cantidad podría rondar el millón y medio. A eso había que sumarle el contenido de las cajas de seguridad, que se estimó en otro tanto. En total, unos tres millones de libras de 1971 (unos 45 millones de euros actuales). Además, dejaron una inscripción en la pared de la cámara de seguridad: “Veamos si Sherlock Holmes resuelve esto”.

Pero en realidad no fue necesaria la participación del sagaz detective de ficción, con residencia en aquella misma calle de Baker Street, para resolver el caso. La policía siguió la pista del alquiler de la tienda de artículos de piel, y tras un año de pesquisas e interrogatorios, terminó atrapando a toda la banda. En total, seis hombres fueron detenidos, juzgados y encarcelados por el robo. Caso cerrado. Sin embargo, los misterios que harían quedar este golpe en la memoria popular británica no habían hecho más que comenzar.

¿Por qué Scotland Yard desmontó el operativo de búsqueda puesto en marcha a partir de las escuchas de radio? ¿Por qué la historia desapareció de prensa, radio y televisión? Tanto el Daily Mirror como el Daily Telegraph han llegado a mantener que las autoridades británicas emitieron una D-Notice (Defence Notice u ‘orden mordaza’), que alegando razones de seguridad nacional, solicitaba de forma tajante a los medios que cesara toda cobertura del robo. También los inspectores de Scotland Yard recibieron órdenes concretas sobre cómo actuar para no entorpecer una supuesta investigación en curso sobre el particular a cargo de instancias superiores, supuestamente el MI5. Además, según la propia Scotland Yard, ninguno de los detenidos daba el perfil de cerebro del golpe.

Para responder a estas lagunas, algunos aseguran que una de las cajas de seguridad robadas ocultaba un libro de contabilidad con anotaciones de sobornos a diversos miembros de la policía metropolitana, lo que otorgó inmunidad a los asaltantes. Otra teoría más polémica es la que mantiene que dicha caja, en realidad, contenía pruebas gráficas de una orgía algo salvaje con la princesa Margarita como invitada estelar, lo que habría llevado al MI5 a organizar el golpe para encubrir la recuperación de esas grabaciones. El misterio del Lloyds Bank está aún por resolver.