El psicólogo Daniel Goleman captó la atención de millones de personas con la publicación de sus libros Inteligencia Emocional e Inteligencia Social. Desde entonces, muchos ciudadanos quedaron fascinados al entender la relación directa que existe entre la inteligencia emocional y la habilidad para triunfar, tanto en el mundo empresarial como en el académico.

Sin embargo falta mucho todavía por entender lo beneficiosas que pueden ser las habilidades como la empatía, no solo para ayudar al entorno sino a uno mismo. El concepto de empatía sigue siendo percibido como un “buenismo”, para ayudar a otros. Pero no es así. La empatía puede ser muy beneficiosa, también para ti. Y hay que saber practicarla.

Para que la práctica de la empatía sea efectiva es importante concebirla no como un sentimiento «débil o adulador», sino, citando las palabras de Ta-Nehisi Coates, como una «empatía muscular basada en la curiosidad».

¿Se puede ejercitar la empatía? ¿Cómo puedes utilizarla para ser más efectivo en lograr un cambio positivo en tu entorno?

Presentamos tres sugerencias basadas en la construcción de un vínculo entre la empatía y los valores que a menudo relacionamos con el éxito: liderazgo, innovación y pragmatismo.

1. Un buen líder debe ser empático
Hoy en día el liderazgo no tiene tanto que ver con el ejercicio de la autoridad. Con el surgimiento de las redes y la difusión del poder a través de muchos sistemas de comunicación formales e informales, la influencia y el liderazgo ha pasado a ser el resultado de atraer a otros con nuestras ideas e iniciativas, y hacerlo de forma efectiva.
Un primer paso fundamental para conseguirlo, según Ginny Whitelaw, autora de El Líder Zen, es «convertirse en el otro». En otras palabras, un líder efectivo necesita comprender la perspectiva del otro para saber cuál es su interés y, de esta forma, mostrar cómo su idea o iniciativa también contribuye a ese interés. La influencia, en resumen, se consigue al crear vínculos de conexión, creados por empatía.

2. La empatía nos ayuda a innovar
Las grandes firmas de diseño comprenden que la innovación proviene muchas veces de la capacidad de empatizar, o de ponerse en el lugar del cliente. En otras palabras, la empatía, en este contexto y en otros, es ante todo un poderoso acto de imaginación, como la definió la escritora Rebecca Solnit en su libro de 2013, The Faraway Nearby.

De hecho, la palabra «empatía», acuñada en 1909, derivó del término alemán EinFühlung. El término original se utilizaba en el sector de la estética para describir cómo las personas llegaban a apreciar una obra de arte al «sentirla» o al proyectar sus sentimientos en ella.

En el mundo del comercio, tales actos de imaginación se apoyan en el estudio del usuario o, como algunos han señalado en el caso de Steve Jobs y Apple, en una empatía institucional en la que los altos directivos son el consumidor ideal.

En el emprendimiento social, la empatía juega casi siempre un papel esencial en la creación de soluciones innovadoras para complejos problemas sociales. La Emprendedora Social de Ashoka, Mary Gordon, es una de las más conocidas, por su programa Roots of Empathy, diseñado para contrarrestar los efectos de la violencia y el abandono familiar. La estrategia: llevar bebés a las aulas y enseñar empatía a los alumnos, quienes “adoptan y cuidan” al bebé durante 27 sesiones, de una o dos horas de duración. El resultado: los alumnos desarrollan y ejercitan su propia empatía, junto con otras habilidades sociales y emocionales.

3. Empatía y pragmatismo no son excluyentes
A primera vista, la empatía y el pragmatismo pueden parecer polos opuestos. Sin embargo, una perspectiva empática puede provocar resultados enormemente pragmáticos porque, como Scott A. Huetell, catedrático de psicología y neurología en Duke University, explicó una vez: «la empatía es muchas veces el eje central de acción». Aplicada en ciertas circunstancias, puede ser también una herramienta particularmente poderosa para la superación de obstáculos.

Considera, por ejemplo, el desafío de responder de forma efectiva al cambio climático global. Se trata de un problema particularmente difícil de abordar, entre otras razones, porque reducir las emisiones de carbono, aunque sea lo más beneficioso para la humanidad a largo plazo, no está en el interés individual inmediato de mucha gente.

Pero adoptar una perspectiva empática, sostiene Huetell, puede ayudar a derribar este obstáculo. Por ejemplo, sugiere que una manera podría ser relacionando las medidas de reducción de carbono con el deseo de proteger a nuestros propios hijos, o simplemente con el de ser alguien que quiere hacer lo correcto para los demás. Es así como la empatía nos mueve a la acción.

Lisa Bennett (@LisaPBennett) es una líder de Building Vibrant Communities challenge y coautora de Ecoeducación: Educadores implicados en el desarrollo de la inteligencia emocional, social y ecológica.