El mercado del arte mueve en el mundo un volumen de 67.000 millones de dólares (60.500 millones de euros) y se sabe desde hace no demasiado tiempo que sirve, además, para blanquear dinero de procedencia cuanto menos sospechosa. Se trata de un mercado no regulado en el que muchas operaciones se hacen a plena luz, pero otras no, y presuntamente es lo que cierta delincuencia valora para legalizar dinero procedente de actividades ilícitas o que sencillamente han eludido a las autoridades fiscales.

Numerosos casos detectados en Estados Unidos y Europa han movilizado a los gobiernos para luchar contra esta actividad con un marco legal que hace hincapié en el control y la supervisión. Según Naciones Unidas, el mercado clandestino de arte, que abarca robos, falsificaciones, importaciones ilegales y saqueos organizados, puede generar unos 6.000 millones de dólares anuales (5.400 millones de euros) y la parte atribuida al lavado de dinero y otros delitos financieros estaría en el rango de los 3.000 millones de dólares (2.700 millones de euros).

Un mercado opaco

A diferencia de los bancos, compañías de seguros, casinos, cambistas de divisas o de los intermediarios en materias primas, las firmas de subastas y los marchantes de arte no tienen la obligación de informar, ni siquiera de operaciones en las que se mueven grandes cantidades de dinero, a ninguna autoridad gubernamental.

De hecho, pueden mantener bajo el anonimato la identidad de compradores y vendedores. Y a diferencia de las empresas estadounidenses que manejan grandes sumas de dinero, no tienen que presentar los llamados informes de actividad sospechosa ante el Departamento del Tesoro de EE UU, en caso de albergar dudas sobre el origen del dinero recibido, según un estudio del FMI.

Algunos marchantes reconocen que tanta opacidad ha llegado a volverse en contra por la frecuencia con que los perpetradores del lavado de dinero acuden al mercado asumiendo que es un conducto fácil para lograr sus fines. “En comparación con otros sectores, el mercado del arte tiene un mayor riesgo de exposición a prácticas financieras dudosas [debido a que] el volumen de transacciones legalmente dudosas es notablemente más alto que en otros mercados globales”, señalan fuentes policiales recogidas en el trabajo del FMI.

Más controles

Para evitar esta anomalía, el Congreso estadounidense está debatiendo un proyecto de ley de prevención del tráfico ilícito de arte y antigüedades que exigirá a los marchantes de arte y antigüedades la adopción de medidas contra el lavado de dinero; por ejemplo, que lleven un registro de las compras en efectivo y pongan en conocimiento de las autoridades federales las actividades sospechosas y las operaciones de más de 10.000 dólares (9.000 euros). Además, se exigirá al sector que revise los antecedentes de clientes sospechosos y que examine las compras y ventas por si hubiera evidencias de que el dinero pueda estar contaminado. “Indudablemente, la policía descubriría más casos relacionados con obras de arte y lavado de dinero si se añadieran intermediarios de arte y antigüedades a la lista de empresas legalmente responsables de reportar pagos sospechosos”, según Rick St. Hilaire, exfiscal estadounidense y experto en arte.

En la Unión Europea, la Directiva contra el lavado de dinero no es tan taxativa en la puesta en marcha de medidas preventivas, en su lugar insta al sector a que incremente sus esfuerzos para atisbar posibles sospechosos en función de la naturaleza y el tamaño de las operaciones, pero básicamente deposita en el ‘instinto’ del profesional la detección de un presunto caso de lavado de dinero, invitándole a discernir “en la medida de lo razonablemente posible” la finalidad de todas las transacciones grandes, inusualmente complejas o secretas.

Para la Confederación Internacional de Arte y las Asociaciones de Anticuarios (CINOA, por sus siglas francesas), una organización fundada en Bruselas en 1935 que aglutina a unos 5.000 profesionales del mundo entero, un marco regulatorio estricto podría dejar fuera del mercado a los intermediarios más pequeños.

En opinión de muchos comerciantes de arte, los cambios legales tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea despojarían a los vendedores de la capacidad de ofrecer el anonimato a los clientes y de preservar la opacidad del mercado del arte.

Según el periodista de The New York Times Tom Mashberg, en épocas no muy lejanas, cuando el mercado del arte “era visto como una actividad más elegante”, las autoridades no mostraban excesivo interés en vigilarlo con la misma determinación que al bancario o al de la intermediación financiera.

“Todo eso ha cambiado en la última década más o menos debido a las enormes cantidades de dinero que se destinan a coleccionar arte y a la creciente tarea de obstaculizar el tráfico clandestino de obras procedentes de saqueos en naciones devastadas por la guerra”, señala Mashberg.