Señoras y señores, buenas noches a todos y muchas gracias a la revista Forbes por invitarme a este acto.

Es un verdadero honor para mí que una revista tan prestigiosa me pida unas palabras para un acto de homenaje al ganador de la segunda edición del premio Forbes a la Filantropía, y más aún para mí cuando a esta persona le considero un amigo.

Todos los que conocemos a Ignacio Garralda sabemos de sus cualidades innatas de liderazgo, y hablando de liderazgo quisiera recordarles, y aunque está de moda es muy antiguo, los estudio sobre liderazgo son tan antiguos como las principales administraciones que hemos tenido en la historia es universal en el tiempo y en el espacio. Se han encontrado vestigios del concepto de líder en las civilizaciones más antiguas, y en la actualidad sigue perviviendo en los lugares más remotos, como las selvas tropicales o las tribus que habitan en el desierto.

Ya los filósofos clásicos se ocuparon de las características del líder; Platón, como sabéis, como principal antecedente en su concepción de los líderes de La República, y los liderazgos como Homero, que en la Ilíada nos ofrece en sus distintos protagonistas las muchas virtudes que yo encontré en este libro, que para mi parecer, concentra lo que es un líder.

El sentido de la justicia y el buen criterio, eso está encarnado en Agamenón; la sabiduría y el don del consejo, que está en Néstor, la sagacidad y la cautela, que está en Ulises, y el valor y la acción en Aquiles, el mejor guerrero de Troya, el prototipo de héroe que todavía hoy se admira en las películas.

En general todas estas cualidades eran admiradas por los griegos clásicos, porque se suponía que el líder estaba adornado con los mejores tributos. Quizás yo añadiría en nuestros tiempos la idea de la globalización, que la considero básica.

Ya tenemos enmarcadas las esencias de nuestro galardonado de hoy. Él tiene todas estas condiciones.

Un tipo de líder que no es manipulador ni coactivo, más bien atiende a la naturaleza del ser humano, y sabe que como en la mayéutica de Sócrates, sacar lo mejor de la gente que le rodea.

Su poder, su autoridad, le viene concedido por la confianza de sus colaboradores en sus capacidades –y para mí lo más importante- y en sus intenciones. Un líder es un líder cuando puedes confiar en las intenciones de esta persona.

Al final, por su incuestionable liderazgo, Ignacio es una buena prueba de ellos.

En definitiva, un líder emprendedor que persigue la expansión y la continuidad de las empresas a largo plazo. Este tipo de líderes son los que dirigen con el propósito de asegurar su permanencia en el mercado y de poner las empresas a salvo si se produje cualquier impuntualidad.

Me refiero a estas empresas que tras muchos años de esfuerzo y constancia se sitúan en las primeras posiciones de su sector, consiguen la mayor cuota de mercado, generan buenos beneficios, tratas a sus directivos, empleados y accionistas con generosidad y con esmero.

En mi opinión, no hay excelencia en el liderazgo sin filantropía. Yo he tenido la suerte de conocer a Ignacio en varias entrevistas y sé que trabaja con un alto grado de exigencia de sí mimo, que es amante de la justicia, que a su vez es conocedor de la persona humana y de su libertad, y al mismo tiempo es desprendido, generoso y sobrio.

No me cabe ninguna duda que de los que estáis aquí presentes, todos podríais ser líderes, solo depende de cada uno de nosotros. Aunque no es una tarea fácil, requiere un gran esfuerzo personal, pero como dicen los clásicos, lo que depende de nosotros es siempre alcanzable.

En Ignacio Garralda y en su labor filantrópica tenemos un claro ejemplo a seguir.

Muchas gracias.