Ávila, Toledo, Sevilla, Lisboa… Ciudades con un denominador común, su larga historia y enorme bagaje cultural. Es en estos lugares donde Fontecruz busca edificios históricos para albergar sus hoteles. Para los hermanos Ortega ese es su principal criterio de selección: “Se trata de una filosofía oficiosa, que no oficial, pero sí que es cierto que los destinos por los que nos sentimos atraídos tienen que aportar algo diferente a nuestros clientes. Creemos que el círculo no se cerraría si a los servicios que ofrecemos –además de atención al cliente, cercanía o manera de entender las cosas– no les añadiésemos la posibilidad de tener una buena localización que les permita disfrutar de la ciudad en la que se encuentran”. Para ellos es muy importante que sus hoteles se fundan con el entorno y que el cliente se sienta integrado en el mismo.

El más reciente establecimiento en incorporarse al grupo ha sido Fontecruz Lisboa, primer proyecto internacional de esta empresa familiar que ya posee los hoteles La Casa del Presidente (Ávila) y Fontecruz Ávila, Eugenia de Montijo en Toledo y Fontecruz Seises en Sevilla. “El trayecto hasta lograr lo que somos hoy ha sido largo pero constante. La idea siempre estuvo muy marcada por lo que hemos vivido en casa desde pequeños: el gusto por las cosas bien hechas”, apuntan los hermanos. “Porque teniendo las ideas claras es más fácil llegar al objetivo”.

Hoteles boutique

Elegancia y sofisticación en el diseño y acertada decoración –en perfecta armonía con el espacio– marcan la pauta en cada uno de sus establecimientos, todos ellos muy singulares y distintos entre sí, pero con una filosofía común: ofrecer al visitante un hotel de lujo cinco estrellas en formato boutique, con personalizado servicio y todas las comodidades, además de una cuidada propuesta gastronómica y de ocio. “Creemos que nuestro mayor valor diferencial es la originalidad. No verás dos Fontecruz iguales y eso es un valor añadido. Cada uno de nuestros proyectos es único, como un buen vino de autor. Se ve perfectamente reflejado en el diseño de las habitaciones, en la decoración de las zonas comunes, en los espacios ajardinados, amenities e incluso en la oferta de productos locales. Y además, contamos con un gran equipo de profesionales que entienden y hacen suyos los valores de la cadena: tienen en cuenta la personalidad exclusiva de cada uno de los hoteles y los transmiten a la perfección a nuestros clientes”.

Diseño y confort

Si hoy día calidad y emplazamiento son puntos clave para captar la atención del viajero, Fontecruz ha sabido convertir ambas ventajas en el mejor camino para fidelizar al usuario, para que se haga habitual. “Pero no son los únicos aspectos que hay que tener en cuenta… Perseverancia, cercanía, atención y cintura, agilidad a la hora de comprender al cliente, ponerse en su piel y adaptarte a sus deseos o necesidades son otros caminos esenciales para fidelizar a los clientes”, comentan con rotundidad.

En un sector cada vez más competitivo, donde el viajero siempre busca algo diferente, Fontecruz ha conseguido adaptarse a los nuevos requerimientos (comodidades, tratamientos, servicios tecnológicos…) del mismo.

Para ello la inversión no ha sido pequeña: “Al ser hoteles tan diferentes, no tenemos un perfil homogéneo; tenemos establecimientos de cinco millones de inversión pero también de cincuenta. En cuanto a tratamientos, comodidades o servicios tecnológicos no puedes conformarte con lo que hay y por eso intentamos ir un paso por delante”.

Apuestas de futuro

Y además, siguen apostando por unos planes de crecimiento que se presentan bastante ambiciosos: cuando todavía es reciente la apertura de La Casa del Presidente (Ávila), acaban de renovar íntegramente el Eugenia de Montijo (Toledo) y Lisboa se encuentra en un proceso de ampliación al haber adquirido el edificio contiguo. “Cuando todo esto se lleve a cabo será el momento de respirar hondo y coger impulso para nuevos proyectos; el objetivo se marca en una facturación de 20 millones”.

Asumiendo que –cada vez más– los hoteles son un espacio vivo y cálido donde el viajero quiere vivir experiencias, desde el desayuno hasta la cena, Fontecruz presenta una oferta gastronómica y de entretenimiento parejos a la singularidad y cuidado detalle de cada establecimiento. Un punto a favor de cara al viajero que, en sus viajes largos, gusta de hacer de cada habitación una segunda casa.

Puestos a analizar el perfil del cliente habitual que contrata los servicios de Fontecruz Hoteles, los hermanos Ortega tienen claro que el mundo ha cambiado tanto que ya no hay un perfil concreto de nada. “Si algo comparten es su perfil cosmopolita, gente de mundo acostumbrada a muchas comodidades; el viajero del siglo XXI es tan diverso que cada uno busca algo diferente y es ahí donde mejor nos desenvolvemos”. Será cuestión de seguir sus pasos.