Corría la primavera de 1992, aquel glorioso año olímpico que situó a Barcelona en el mapa mundial –pasando de ser una perfecta desconocida a convertirse en una de las ciudades más de moda de Europa, en el lugar al que todo el mundo quería venir–, cuando Monika Rüsch tuvo la gran revelación que marcaría el antes y el después de su vida (al menos de su vida profesional). Nacida en Alemania y afincada en la Ciudad Condal desde 1965, Monika tenía por aquel entonces 47 años y lo tuvo muy claro: en aquellos tiempos la población española no sabía lo importante que era conocer otros idiomas y no existía ninguna agencia inmobiliaria especializada en atender al cliente internacional, que contara con personal cualificado de distintas nacionalidades. Ella era cuatrilingüe (hablaba a la perfección alemán, inglés y, por supuesto, castellano y catalán) y fue consciente de que aquel año vendrían miles de extranjeros a Barcelona a ver los Juegos Olímpicos y que no había suficientes hoteles para acogerlos a todos. ¿Donde se alojarían? ¿Cómo encontrarían una casa para esos días? ¿Cómo se comunicarían y gestionarían todo en un país donde nadie hablaba idiomas…? Ella tenía la respuesta y la solución para aquello.

Las familias de clase alta de Barcelona por aquel entonces dejaban sus pisos de la capital catalana a finales de junio para irse tres meses de vacaciones, generalmente a la Costa Brava o a La Cerdanya, así que Monika tuvo claro que existía una gran oportunidad: que alquilaran sus pisos a los ‘turistas olímpicos’, muchos de ellos con un elevado poder adquisitivo y que buscaban altos estándares de vivienda.

Y así fue, precisamente, cómo comenzó todo. Monika tiró de agenda, de amigos, de conocidos… Iba a hablar con propietarios para ofrecerles un negocio donde todos tenían algo que ganar y nada que perder. Alquiló cientos de viviendas para esos días y empezó a forjarse un nombre y una reputación que hoy, casi tres décadas después de aquello, permanece inalterable.

Tras los Juegos Olímpicos

Una vez superada la resaca olímpica el negocio continuó. Creó la empresa Monika Rüsch, enfocada a encontrar viviendas de alquiler y venta para los clientes extranjeros. Inicialmente estaba integrada exclusivamente por mujeres emprendedoras y muy modernas para su época, de distintas nacionalidades entre que se encontraban francesas, holandesas, británicas, alemanas… Así que parece que Monika no solo era una visionaria en los negocios, sino también en materia social.

Desde entonces, Monika Rüsch es una empresa de referencia del sector inmobiliario de alquiler para expatriados, siendo la primera opción para muchas compañías internacionales que buscan viviendas para sus directivos.

El interior de la inmobiliaria Monika Rüsch, donde los clientes son asesorados de forma personalizada.

Con el paso de los años el mundo ha cambiado, se ha globalizado, pero la esencia de Monika Rüsch sigue siendo la misma: “Trabajar de forma honesta, profesional y transparente es el único camino para ganarse la confianza de todas las partes; la confianza es la base de toda relación. Esa es la diferencia de Monika Rüsch y el resto; porque la satisfacción de nuestros clientes es nuestro compromiso”, asegura a Forbes su fundadora.

Gracias a su extensa trayectoria en el sector inmobiliario, su profundo conocimiento del mercado y su vocación de servicio al cliente, “ofrecemos la mejor selección de propiedades en las zonas más prestigiosas de la ciudad de Barcelona y en las principales poblaciones de Cataluña”, explica. “Desde sus inicios, Monika Rüsch se ha caracterizado por ofrecer una atención personalizada y a medida”. Algo en lo que juega un papel clave su capacidad de entender a la perfección cuáles con sus necesidades y ofrecerles aquello que realmente se ajusta a su perfil de búsqueda. “Eso es algo básico para evitar pérdidas de tiempo innecesarias”, explica. “Nuestra misión es ayudarles a tomar una de las decisiones más importantes: la elección de un hogar”.

El secreto del éxito

Su filosofía de trabajo está compuesta por cinco pilares: la vocación internacional, materializada en un equipo y una cartera de clientes tanto nacionales como extranjeros; ofrecer productos de calidad a través de un cuidado portfolio de inmuebles, todos ellos de alto standing; proporcionar la máxima información, algo que es la base de la confianza, la transparencia y el compromiso con los clientes; la orientación profesional en la elección de la zona, para lo que hay que conocer a fondo los servicios y el entorno de cada barrio; y, por último, ser un partner de confianza que acompañará al cliente en todo el proceso de compra, venta y/o alquiler de su vivienda o propiedad: desde el comienzo hasta el momento de firmar el contrato. “Por medio de nuestra extensa cartera de propiedades y clientes somos capaces de ayudarles a encontrar la vivienda de sus sueños o a venderla al mejor precio posible”, concluye.