Vodafone dio el pistoletazo de salida en junio para la explotación de las redes 5G en nuestro país con un despliegue inicial del 50% en quince de las ciudades más pobladas. Ahí estaban las sospechosas habituales (Madrid y Barcelona), por supuesto, pero también otras urbes importantes como Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga o Bilbao. El gigante británico de las telecomunicaciones acaba de abrir una puerta por la que esperan colarse Telefónica y MásMóvil en los próximos meses y Orange el año que viene.

Estas infraestructuras no se podrán utilizar en casi toda España hasta 2021. Una fecha que coincide más o menos con las del resto de la Unión Europea y confirma que el Viejo Continente cabalga ligeramente rezagado frente a regiones como Norteamérica o Asia. Según un sondeo reciente de McKinsey, tan solo el 11% de los operadores europeos –frente al 50% de los norteamericanos y el 40% de los asiáticos– realizará un esfuerzo a gran escala para desplegar sus redes 5G antes de 2020.

Estas redes se traducirán en mejoras en el ancho de banda, reducción de la latencia y nuevas capacidades para gestionar la conectividad masiva de dispositivos. Por ejemplo, la velocidad se aceleraría hasta el punto de que podremos descargar una película de dos horas en menos de cuatro segundos frente a los seis minutos a los que estamos acostumbrados con una red 4G a pleno rendimiento.

Carlos Javier Moreno, senior manager del sector de Telecomunicaciones de Deloitte, matiza que el poder que esconden estas nuevas infraestructuras “radica en su combinación con un abanico de tecnologías emergentes como los datos masivos, la inteligencia artificial, las tecnologías asociadas a la nube o la aceleración del procesamiento de información mediante el despliegue de pequeños data centers más cerca de los puntos donde esta se genera”.

Los gigantes de las telecomunicaciones tendrán que desembolsar cientos de millones de euros durante los primeros años sin apenas ver un céntimo de rentabilidad. Deberán pujar en subastas millonarias para disponer de nuevas bandas de frecuencia y, según las estimaciones de Carlos Javier Moreno, se verán obligadas a multiplicar, como mínimo, por cuatro sus estaciones base. Los núcleos de red también demandarán grandes inversiones.

Este diluvio de dinero, notable hasta para los profundísimos bolsillos de las ‘telcos’, se produce en medio de grandes incertidumbres entre las que destacan, según el sondeo de McKinsey, un retorno sobre la inversión poco claro, unos costes que podrían dispararse y una regulación que aún no se ha definido del todo ni para las condiciones de las subastas de espectro ni para cuestiones relacionadas con los servicios como pueden ser la privacidad, la seguridad de las comunicaciones o las indemnizaciones derivadas de los posibles incumplimientos.

El penúltimo tren

Cabe preguntarse por qué, a pesar de todo, los gigantes de las telecomunicaciones planean abrazar las nuevas redes 5G en España. Berta Millán, managing director de CMT de Accenture y especialista en Redes, recuerda que, recientemente, “los beneficios del sector se han visto mermados por las batallas de precios entre operadoras y por la amenaza que ha supuesto la aparición de nuevos players digitales”. El usuario ha terminado valorando menos la conexión, que da por hecha, que los vibrantes contenidos de series y deportes de Netflix, Amazon Prime Video, HBO o DAZN.

Esto ha dejado en una posición vulnerable a las empresas del sector, un escenario que podría recrudecerse en invierno con la irrupción de Disney +, que cuenta con todo el viejo músculo de Disney más toda la capacidad de persuasión de las series de la Fox. Telefónica ya ha disparado una primera salva de advertencia integrando la oferta de Netflix en Movistar+ y lanzando Movistar+ Lite, que distribuye los contenidos de Movistar + entre los que no sean clientes de Telefónica.

El sondeo de McKinsey confirma que la principal prioridad de las ‘telcos’ con su apuesta por las 5G es recuperar el liderazgo en las redes. Esto sugiere que quieren tumbar a los adversarios de su sector y alterar en su beneficio el equilibrio de poder con los proveedores de servicios digitales que utilizan sus infraestructuras. La experiencia del usuario, el incremento de sus capacidades o el desarrollo del internet de las cosas pueden ser importantes pero, desde luego, parecen secundarios.

Millán asegura que “con la llegada del 5G, las ‘telcos’ tienen la oportunidad (y en cierto modo también la obligación) de reconducir la situación [de vulnerabilidad frente a empresas como Netflix]”. Para ello, sigue la experta, deberán ofrecer unos paquetes comerciales diferenciados “en términos de ancho de banda, latencia y conectividad masiva” y, más adelante, unos servicios específicos que los acompañen y distingan. Esos servicios deberían ser lo suficientemente atractivos como para que los usuarios paguen dos veces por ellos: la primera, por consumirlos; y la segunda, por el aumento del tráfico que tendrán que contratar para aprovecharlos al máximo.

¿Pero de qué servicios estamos hablando? En el caso de las empresas, según un reciente informe del Instituto de Investigación de Capgemini, el 72% del sector industrial está dispuesto a pagar más a cambio de que le incrementen la velocidad y la capacidad de banda ancha móvil. Carlos Javier Moreno, de Deloitte, cree que “la conectividad masiva de los dispositivos que conforman los procesos industriales y la automatización y robotización de dichos procesos, posibilitados gracias al 5G, impactarán en la eficiencia de la industria”.

De todos modos, según Berta Millán, de Accenture, las empresas de todos los sectores en general podrán ser más eficientes gracias a “la robotización y la implantación masiva de sensores”, que supondrán ahorros en los procesos, más productividad, mejores decisiones y “la monitorización y el mantenimiento preventivo de las máquinas (evitando paradas no programadas ante una avería inminente)”. Por otro lado, sigue, “la ingente cantidad de datos posibilitará la identificación de sinergias operativas y comerciales con otras empresas, sectores y nichos de mercado, y la creación de nuevas oportunidades”. Por último, concluye la experta, la seguridad de la plantilla mejorará gracias a la supervisión de “cámaras y sensores” y a soluciones ligadas al trabajador conectado.

A medio plazo, Carlos Javier Moreno contempla el desarrollo en las fábricas de “la realidad aumentada, la realidad virtual, interfaces robot-humano y automatización en procesos críticos y monitorización de la cadena de producción apoyados en una menor latencia, en la capacidad de gestión masiva de dispositivos en fábrica y en el acercamiento de las capacidades de procesamiento de la información”. Igualmente, advierte, en los próximos años y dentro de una industria crítica para España como es la automoción, “la hiperconectividad y los exigentes requisitos de latencia que podrán alcanzarse gracias al 5G favorecerán el desarrollo de la conducción autónoma”.

Dentro del sector servicios, la realidad virtual y aumentada parecen destinadas a jugar un papel importante en el futuro de la gran distribución y, muy especialmente, en sus tiendas experienciales. Sephora, por ejemplo, ya ha integrado en la experiencia de compra de sus establecimientos la opción de probarse pintalabios y otros productos de belleza con realidad aumentada mediante su aplicación móvil.

La última tendencia de la gran distribución pasa por añadir a sus tiendas físicas las principales funcionalidades de sus tiendas online y por intentar completar la experiencia online con algunas de las virtudes de los comercios a pie de calle. Lo primero lo están haciendo implantando, por ejemplo, espejos inteligentes o automatizando la recogida de los pedidos, mientras que lo segundo aspira a exprimir la realidad virtual y aumentada, entre otras tecnologías, para que las sensaciones sean más físicas cuando clicamos encima de un producto en una web de comercio electrónico o recibimos asistencia técnica. Esta transformación tendría poco sentido sin la velocidad y capacidad de las nuevas redes 5G.

David Oliván, vicepresidente y responsable de TMT de Capgemini Invent, destaca, igualmente, los nuevos horizontes que se dibujarán para la industria del entretenimiento y los medios de comunicación. Para empezar, en el ámbito de la publicidad, deberíamos esperar según él un despliegue masivo de la hiperconectividad de los objetos que, unido a la posibilidad de gestionar una gran cantidad de datos en tiempo real, facilitará la personalización del contenido publicitario.

El experto de Capgemini Invent también subraya la posibilidad de emitir “a gran escala eventos en directo mediante nuevos formatos de alta calidad como el 4K o los vídeos en 360 grados”. Recientemente, France TV, en colaboración con Nokia, realizó el primer streaming en formato 8K UHD durante un partido de Rolland Garros. Adicionalmente, Disney y Verizon han lanzado una iniciativa conjunta llamada StudioLab para mejorar aspectos como la producción en remoto, la creación del estudio de grabación conectado o la utilización de drones en entornos complejos de grabación mediante las redes 5G.

Dentro y fuera del ecommerce

Oliván considera que los cambios para los gigantes del comercio electrónico serán más que notables. Así, apunta, “la velocidad del 5G es clave para mejorar la conversión en las compras online, la recomendación personalizada basada en la inteligencia artificial y sugerida a través de asistentes virtuales hará más rápida y más satisfactoria la experiencia y, finalmente, será más fácil realizar compras desde múltiples dispositivos”. Para compañías como Netflix, por ejemplo, “va a permitir que su uso móvil mejore mucho y hacer streaming en nuevos formatos de contenido (8k, contenidos holográficos, realidad virtual…), que requieren la transmisión de ingentes cantidades de datos”.

La transformación que vivirán las empresas, y no solo los gigantes del comercio electrónico, afectarán de lleno a los clientes e incluso pacientes de casi todos los sectores. Así, Ander Serrano, director de la división Businesscomm en la consultora Evercom Comunicación y Estrategia Digital, anticipa “la eliminación de barreras para acceder a los servicios sanitarios”. Se refiere, entre otras, a la oportunidad de que un cirujano dirija una operación en remoto y mediante, por ejemplo, brazos robóticos. También cree que se podrán “realizar análisis sin necesidad de moverte de casa, o incluso ofrecer tratamientos personalizados de forma automática”.

Berta Millán, de Accenture, considera que los consumidores finales se verán beneficiados tanto en la mejora de la experiencia de cliente como en la ubicuidad de los servicios o la mejora en la calidad de vida y el desarrollo de las ciudades inteligentes.

Los servicios actuales galoparán más rápido a lomos de las redes 5G, pero además se crearán otros nuevos “basados en aplicaciones de realidad inmersiva para contenidos audiovisuales en UHD y gaming online”. Por otro lado, todos podremos acceder a “una conectividad permanente y a servicios digitales diferenciales en todo momento y en cualquier lugar”. Por último, concluye, aumentará “el tiempo libre gracias a la optimización de la jornada diaria (eficiencia y productividad laboral, reducción de tiempos de desplazamiento)” y también emergerán más “alternativas para el ocio en entornos más saludables, seguros y sostenibles”.

David Oliván, Capgemini Invent, anticipa “la conversión de los usuarios en autoproductores en tiempo real de contenido digital en los nuevos formatos”. Y pone como ejemplo a Intel, que está desarrollando una solución que permite enriquecer la experiencia de los aficionados que ven un partido en directo, ofreciendo estadísticas personalizadas o repeticiones de las jugadas en video.

De todos modos, muchos expertos recuerdan tres razones para ser prudentes con el futuro de las infraestructuras 5G. La primera tiene que ver con la disrupción de sectores enteros y la previsible convulsión tanto en los balances de las empresas como en la reestructuración de sus plantillas. Las ciudades y las casas inteligentes, las nuevas formas de movilidad, el despegue de la robotización y la IA y la transformación de la logística traerán beneficios pero también dolores de cabeza para los directivos y situaciones delicadas para los trabajadores.

La segunda razón para extremar la prudencia la recoge el reciente sondeo de McKinsey entre los gigantes de las telecomunicaciones. Ahí reconocen que, ahora mismo, la hiperconectividad de todo o el internet de las cosas no es la gran prioridad que justifica el despliegue de las redes de nueva generación. Esto sugiere que las capacidades existentes son suficientes para los modelos de negocio basados en la trinidad de sensorización, datos masivos e inteligencia artificial. No parece que las ‘telcos’ esperen una explosión innovadora poco después de que instalen las 5G.

Y la tercera y última razón consiste en que las nuevas tecnologías, especialmente las de mayor impacto potencial, suelen atravesar un período inicial de expectativas infladas. Prometen mucho más que lo que ofrecen finalmente, y algunos analistas y usuarios confunden lo que es técnicamente posible con lo que es eficiente o tiene mercado. Las empresas implicadas, los directivos y las administraciones deberían descontar esa tendencia a la euforia antes de tomar decisiones con un impacto millonario en sus balances.