Presidente de Saba Infraestructuras –anteriormente fue CEO y presidente de Abertis Infraestructuras–, esta vez el reputado empresario barcelonés protagoniza las páginas de Forbes por su faceta más institucional: la de presidente de la Fundación Gran Teatre del Liceu, actividad que desempeña desde hace tres años.

Cuando tomó posesión del cargo, dijo que el Liceu debía “pretender jugar en la Champions”. ¿Lo ha conseguido?

Lo que estamos consiguiendo es que todo el equipo del Liceu tenga esta ambición y avancemos hacia este objetivo. ‘Jugar la Champions’ para el Liceu significa programar cada temporada con títulos y representaciones de primer nivel y que las grandes voces y batutas deseen situarnos en sus agendas. Seguimos en el camino. Este septiembre hemos dado la bienvenida a Víctor García de Gomar, nuevo director artístico que, junto a todo el equipo del Liceu, está trabajando en este cometido.

¿Qué objetivos ha logrado cumplir en estos tres años y qué ‘deberes’ quedan por hacer?

Me atrevo a decir que hemos avanzado notablemente en la sostenibilidad de nuestro equilibrio presupuestario. La ausencia de déficits facilitará la necesaria mejora y actualización de algunos elementos materiales y tecnológicos de un edificio que cumple el 20º aniversario desde su reapertura. Como ejemplo citaré que, con la nueva temporada, inauguramos la rehabilitación de la fachada y su nueva iluminación.

También esperamos adecuar, en las dos próximas temporadas, el nuevo Espai Liceu para destinarlo a nuestros proyectos educativos y sociales que deben hacer el teatro más accesible e inclusivo.

Y, por último, pero no menos importante, la nueva dirección artística trabaja en un modelo de programación que compatibilice la mejor oferta operística tradicional con la promoción de nuevos talentos y la producción de proyectos más innovadores que capten el interés por la ópera de los nuevos públicos del s. XXI.

¿Goza actualmente el Liceu de buena salud (económica)?

La respuesta debe ser relativa, pero podríamos decir que sí, puesto que no cerramos con déficits las temporadas, a pesar de que las aportaciones públicas se redujeron seriamente con la crisis. Por ello, los avances en la calidad y la amplitud de nuestra oferta artística deberán sostenerse en la eficacia de la gestión y, en especial, en la captación de nuevos recursos procedentes del taquillaje, del patrocinio y de otros ingresos propios.

¿Cómo se consigue el equilibrio entre la financiación pública y la privada? ¿Cuál le cuesta más conseguir?

Ambas son complementarias e igualmente imprescindibles. La procedencia de nuestros recursos la tenemos cada vez más definida, pero el equilibrio económico en cada temporada requiere un esfuerzo continuado del equipo gestor, especialmente si tenemos en cuenta que necesitamos contratar las primeras figuras algunos años antes de cerrar nuestros presupuestos y, por supuesto, antes de que las Administraciones tengan aprobados los suyos.

Quiero remarcar que la estabilidad de nuestra financiación se basa en compartir los objetivos con todos los componentes públicos y privados del Patronato.

Con motivo del 20º aniversario de la reapertura, y al igual que otros equipamientos que celebran efemérides reconocidas de especial interés, las aportaciones por mecenazgo al Liceu gozan ahora de importantes beneficios fiscales.

¿Qué peculiaridades tiene la gestión de una institución cultural en comparación con la gestión de una empresa de otros ámbitos?

La diferencia sustancial radica en que una institución cultural, como el Liceu, no tiene accionistas que inviertan con legítimas expectativas de rentabilidad. La riqueza que genera una institución cultural se orienta a hacer una sociedad mejor. Por lo demás, la mayoría de los conceptos de gestión válidos para una empresa deben serlo también para gestionar una institución sin ánimo de lucro.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta el Liceu a corto y medio plazo?

El reto principal permanente del Liceu será siempre avanzar hacia la excelencia artística, haciéndola compatible con el equilibrio económico. Pero también debemos preocuparnos de mantener un constante diálogo con la sociedad para adaptarnos a sus requerimientos en el s.XXI.

Aunque ha declarado alguna vez que usted es un gestor, y que de la parte artística se ocupan otros, ¿en su opinión, qué no nos deberíamos perder de la programación del Liceu en los próximos meses?

En el 20º aniversario de la reapertura presentamos una programación especialmente ambiciosa. Inauguramos con una producción innovadora de una alegórica Turandot de Puccini, que era la ópera que iba a representarse cuando se produjo el incendio y la primera programada tras la reconstrucción.

Más allá de la inauguración, presentamos una temporada equilibrada, con títulos e intérpretes relevantes, que deben dar especial satisfacción a públicos con distintas preferencias. Este año se caracteriza por grandes producciones que hablan del futuro y del pasado de nuestra institución. Las referentes y exitosas Carmen y Aida se podrán volver a ver en el Teatro, combinadas con las nuevas producciones de Doña Francisquita, Il barbiere di Seviglia y Alcione i Lohengrin; esta última, una propuesta de la bisnieta del compositor, Richard Wagner, y que se podrá ver por primera vez en el Liceu. Una cita internacional para todos los wagnerianos. A nuestro entender, una programación de lujo. Confiamos en una gran respuesta del público.