1. Poner interés: se trata de mostrar un poco más de cercanía con aquellos que te rodean. Saludar a los empleados por sus nombres o preocuparte por determinados aspectos de su vida te llevará poco tiempo, pero significará un gran cambio dentro del equipo. Esos pequeños detalles serán recompensados en el futuro con una mayor motivación a la hora de trabajar.

2. Reservar tiempo: de nada sirve poner en marcha esos hábitos si después no pueden contar contigo. Los empleados deben saber que estás disponible para solucionar cualquier problema, en la medida de lo posible, y que no suponen una pérdida de tiempo. Con esto también conseguirás que te propongan ideas nuevas con mayor facilidad y sin miedo a ser rechazados.

3. Ser optimista: está demostrado que el contagio de felicidad es más frecuente que el de negatividad. Si los empleados ven en su jefe a una persona positiva, ellos mismos estarán cargados de buen humor. Al final toda esa energía se plasmará en el trabajo y el ambiente será mucho más propenso a generar buenas ideas.

4. Apoyar a tus empleados: ¿te has preguntado alguna vez si tus empleados confían en ti? Ponte en su lugar e intenta permanecer a su lado cuando las cosas vayan mal. Ellos recurrirán a ti en busca de algún consejo y no puedes fallar en esa obligación.

5. Saber recompensar: igual que tienes el deber de ser consecuente con tus decisiones cuando algo sale mal, es fundamental que reconozcas un trabajo bien hecho. Fomentarás el interés de todos los empleados por lograr sus propios objetivos y generarás un ambiente de competitividad positivo.

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