Tal como indica el Banco de España en su informe Implicaciones de política monetaria de la emisión de dinero digital por parte de los bancos centrales, las iniciativas que han presentado en este sentido el Banco de Inglaterra, de Suecia o de China demuestran que existen ventajas e inconvenientes asociados a este nuevo modelo y que su éxito o fracaso dependerá en buena medida de si este nuevo ‘efectivo digital’ respeta el carácter anónimo y si se le podrá aplicar rentabilidad (positiva o negativa).

Las ventajas que observa el Banco de España en las Central Bank Digital Currencies (CDBC) son que reducirían la demanda de efectivo tradicional, mejorarían el funcionamiento de los sistemas de pagos, ayudarían a luchar contra el fraude fiscal y el blanqueo de capitales y, sobre todo, facilitarían aplicar políticas monetarias sin pasar por el sistema financiero.

El principal problema de este modelo es que los depositantes seguirían teniendo un importante incentivo para retirar el dinero digital y convertirlo en efectivo físico en episodios de inestabilidad, lo que obligaría a los bancos a elevar la remuneración de los depósitos por encima de la de las nuevas CDBC. Esto “reduciría los márgenes de intermediación, así como la oferta de crédito, lo que llevaría a su encarecimiento y, probablemente, a una contracción de la intermediación del sector bancario”.