En Estados Unidos se calcula que más de la mitad de su fuerza laboral será freelance en la próxima década desde el actual 35%. Tanto en EE UU como en Reino Unido, Francia y Países Bajos, el ritmo de crecimiento de este colectivo supera al del resto del mercado laboral. Entre 2000 y 2014 su número se duplicó en la Unión Europea (UE-28) lo que le convirtió en el grupo laboral que más creció, según la Asociación de Profesionales Independientes y Autónomos (IPSE en sus siglas en inglés).

En España hay unos 3,3 millones de trabajadores autónomos, una cifra que ha crecido en los últimos años por la crisis económica. La mayoría (el 70%) tiene más de 40 años, y el 73% del total está vinculado al sector servicios, según cifras del Ministerio de Trabajo. Esta es la tendencia que va imponiéndose en el mercado laboral, pero no solo de las economías ricas, sino también de las emergentes, como Colombia, que, según la OCDE, es el país con mayor tasa de autónomos, por encima del 50%, o Brasil y México, que superan el 30%.

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Es un cambio profundo en la cultura tradicional del trabajo basada en la dicotomía empleado/empresario: quien no es empleado es empresario. A la vista de las estadísticas y de la rapidez con que se desmonta esa interpretación dual, el cambio cultural, en términos generales, ha ido con los nuevos tiempos asumiendo que la transformación global del mercado laboral resultará en un modelo muy alejado del conocido hasta ahora.

Para las empresas, el empleo de trabajadores autónomos significa poder atender picos de producción, escoger a los más cualificados, incluso a talentos que no desean trabajar de forma permanente, y reducir sus costes laborales. Algunas estimaciones señalan que un número significativo de las compañías que forman parte de Fortune 500 (una lista que incluye a las mayores empresas estadounidenses por facturación) están empleando a freelancers. El problema que puede plantearse en las empresas con el desarrollo de la gig economy (literalmente: ‘economía de bolos’, en inglés), es decir, la realización de trabajos esporádicos y temporales es cómo conservar a los autónomos más comprometidos, y, al mismo tiempo, preservar la cultura corporativa entre su plantilla de empleados fijos, que pueden sentirse atraídos por la flexibilidad que disfrutan los otros.

Desde el punto de vista de los freelancers el problema que acompaña a su estatus es que se sienten desprotegidos. Entre sus principales inquietudes destacan la falta de vacaciones pagadas y de cobertura médica en algunas jurisdicciones, su futuro como jubilados y la carrera profesional. Según un estudio realizado en 2017 por la Freelancers Union, sindicato estadounidense que declara representar a 57 millones de autónomos del país, a los que ofrece servicios jurídicos, seguros, etc., la principal preocupación del colectivo es la impredecibilidad de sus ingresos. El estudio revela que el 63% de los trabajadores independientes tiene que tirar de sus ahorros al menos una vez al mes, en comparación con el 20% de los empleados a tiempo completo.

La demografía otra vez

La digitalización, el envejecimiento de la población y la ya citada ‘economía de bolos’ se consideran las palancas que están precipitando la transformación de las relaciones laborales. Un análisis del banco de inversión Morgan Stanley “augura un cambio radical” a nivel político, empresarial y económico por la expansión de la ‘gig economy’, lo que previsiblemente conlleve que los responsables políticos tengan que emprender iniciativas para garantizar un marco legal de derechos de los autónomos.

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El aumento de la población con una edad comprendida entre los 55 y los 64 años va a seguir, hasta el punto de que la Organización de Naciones Unidas proyecta que se incremente un 15% en el próximo decenio. Según un estudio de la consultora internacional PricewaterhouseCoopers (PwC) de junio de 2016, el deseo de trabajar de manera independiente aumenta con la edad, por su flexibilidad, y porque proporciona un buen equilibrio entre trabajo y vida personal. Por otro lado, cada vez son más los jubilados que desean seguir trabajando y el nuevo marco de relaciones laborales lo hace compatible.

En España, el 55% de los parados con más de 50 años y con cierto nivel de cualificación optan por hacerse emprendedor, según las Fundaciones Endesa y Mashumano. Por otro lado, una reciente encuesta a nivel nacional de la agencia digital de seguros para autónomos Muno, revela que en torno al 60% de los autónomos se siente orgulloso de serlo, mientras que un 30% desearía ser trabajador por cuenta ajena. Según esta ‘radiografía emocional del autónomo’, al 85% de los freelancers españoles le gustaría que la clase política formara parte del régimen de autónomos, “al menos por un periodo de tiempo”.