Reticencias porque nunca es fácil ver en pantalla la adaptación de una de las historias que han marcado tu vida. Y, aunque la película en sí no está mal, dista muchísimo de profundizar en todo lo que puede dar de sí la publicación escrita por Orson Scott Card en los años 80.

Lo que sí es evidente, y altamente sorprendente, es que los postulados que describió el autor sigan muy vigentes hoy día, en una época donde el ‘coaching’ y el liderazgo se pagan a precio de oro porque la mayoría no es capaz de dirigir grupos con éxito si no es a gritos y bajo la cultura del miedo.

Todo ello, por cierto, sin poder olvidar que Card habló de tabletas, internet y redes sociales cuando ni siquiera nadie podía pensar en que aquello existiría algún día. Pero esto lo dejo para aquellos que aún no se hayan iniciado en su universo.
Al menos a mi modo de ver, Ender nos deja varias reflexiones:

– A medida que alguien sube en el escalafón, comienza a recibir más objeciones por parte de la gente que tiene a su alrededor.

A los jefes que se encuentra por el camino debe vencerlos con inteligencia, pero hay ocasiones en que hay que aplicar la ley del más fuerte para demostrar que no te achantas. De lo contrario, se acabó tu carrera.

Tendrás enganchones con muchísima gente, pero de ti depende guardar rencor a esas personas y tenerlas a malas en tu grupo de trabajo o conseguir ser diplomático para que sumen y al final hasta te defiendan.

– Nunca reprendas a alguien en público (http://forbes.es/actualizacion/1659/8-consejos-para-jefes-primerizos), sobre todo delante de otra gente de su rango. Solo conseguirás su rencor y la posibilidad de que trate de torpedear tu trabajo.

Si eres el responsable, toma decisiones. Puedes consensuarlas alguna vez, pero al final eres tú quien debe hacerlo. De lo contrario serás el eslabón débil, no te ganarás el respeto de tu equipo y no podrás equivocarte para acertar en el futuro

Pero, sobre todo, la enseñanza fundamental es la de delegación: hay un jefe, sin duda. Pero debe preparar a su equipo (mejorando su formación cada día) para que tomen sus propias decisiones. Si están bien preparados, tomarán las adecuadas. Y eso será beneficioso para el equipo.

Bien es cierto que esto no es nada fácil. Y que gente imbécil hay y habrá en todas partes. Pero muchos gurús de las empresas deberían leerse este libro de manera obligatoria. Sobre todo, aquellos que creen tener siempre la razón, los que piensan que hacer varias cosas a la vez es meritorio (y no contraproducente) y los que solo saben imponerse a gritos para tapar su falta de talento.

DAVID BLAY TAPIA es Director de estrategias Pasarela Comunicación