1. La falta de capital puede repercutir directamente en la promoción y el marketing para darle un “empujón” a tu empresa en los delicados momentos del inicio. No te desanimes, hazlo de una forma en la que no tendrás que gastar un mísero euro. ¿Cómo? A través de las redes sociales y de amigos y conocidos que generen un “boca a boca” de lo más necesario. Verás lo útiles y necesarias que son estas técnicas sin la necesidad de recurrir al factor económico.

2. Por otro lado, intenta ser consciente de la cantidad de esfuerzo y tiempo que tendrás que invertir en tu nueva empresa, ya que será más complicado (si cabe) que hacerlo cuando tienes un patrimonio suficiente para abrir un negocio. Tendrás que dedicar muchas horas al día y tendrás algunos quebraderos de cabeza al principio, pero si luchas seguro merecerá la pena.

3. Evita por todos los medios los gastos innecesarios, que son muchos. Tu capital es reducido, vale. Pero ese pequeño patrimonio es el que va a sacar adelante tu negocio, así que no lo tires por la borda fácilmente. Lo que debes hacer es analizar con detenimiento cada uno de los gastos que tengas que afrontar y, antes de hacerlo, sopesar si realmente es un gasto necesario o por el contrario, puede esperar. Te ahorrarás disgustos innecesarios.

4. Por último, en cuanto tu negocio arranque y empiece a darte beneficios, ¡ahorra! Poco a poco si vas teniendo reservas y provisiones, te darás cuenta de cómo tu tranquilidad aumenta de una forma proporcional a tus ingresos y a ese pequeño “colchón” que estás haciendo.