Nadia Arroyo se sienta junto a la ventana del piso más alto en el número 23 de la calle Recoletos de Madrid para hablarnos de Fundación MAPFRE, creada en 1975 para beneficiar a la sociedad y buscar el progreso a través de distintas actividades (incluida la cultura, claro). “La preocupación es influir y fomentar el desarrollo, llegando al mayor número de personas posible”, dice cuando se le pregunta, a modo de introducción, sobre la institución en la que suma ya trece años.

Aterrizó en la Fundación en 2006 como coordinadora de exposiciones. ¿Fue casualidad o algo la enamoró del proyecto?

La casualidad fue encontrarme con una oportunidad en la Fundación justo cuanto cerraba mi año de trabajo en París. Y enseguida me encantó el proyecto. La Fundación entonces era más pequeña y uno de los objetivos era internacionalizar las exposiciones. Se preparó este salto y la culminación fue el traslado a la actual sede en Recoletos 23.

¿Qué líneas están desarrollando en el área de cultura?

Desde hace varios años nos centramos en exposiciones y en la actividad que va asociada. Trabajamos dos líneas: por un lado, artes plásticas, con un marco cronológico entre finales del s. XIX y la Segunda Guerra Mundial, y por otro, fotografía, con exposiciones individuales de carácter retrospectivo en las que elegimos grandes nombres considerados ya como clásicos o artistas con trayectorias más breves, que aún no han tenido una gran retrospectiva en nuestro país.

¿Cómo ha cambiado la Fundación?

El primer gran salto fue el traslado a Recoletos, lo que nos colocó en el eje cultural de la ciudad. Cuando inauguramos esta sede, lo hicimos con tres exposiciones. Ese otoño ya marcó un hito para nosotros. También hubo otro gran salto relacionado con éste, y fue el traer la programación de foto hasta la nueva sede en junio de 2014. Y el tercer hito fue arrancar en Barcelona.

Hablemos de digitalización. ¿Qué significa para ustedes?

Habría que diferenciar el arte digital, que no entra dentro de nuestra programación, y la ‘digitalización’ que se introduce en las exposiciones para acercar el arte al público. Pienso que lo transformador es el contacto con la obra directamente y esto es algo que debemos defender. Otra cosa es que, a través de las redes sociales, consigas atraer a gente a las salas.

¿Cómo han asumido esa transformación digital?

En MAPFRE y también en su fundación tenemos una estrategia basada en la transformación digital que se concreta en diferentes acciones para incorporar las nuevas tecnologías para trabajar de forma más ágil.

Pero hay procesos que van a seguir siendo artesanales como la corrección de catálogos y planos. También hay momentos mágicos, como el montaje, cuando abres la caja y te encuentras la obra, que a veces grabamos para transmitir esa experiencia a más gente a través de las redes. Antes hacíamos unas visitas virtuales de todas las exposiciones y nos dimos cuenta de que había muy pocos visitantes. Ahora estamos buscando un enfoque diferente. Nos planteamos si sacar audioguías que te descargas sin necesidad de coger un aparato en sala y otras formas de obtener información con un código QR delante de la obra. Todo esto sí queremos explorarlo, ver qué podemos hacer que no hayamos hecho hasta ahora.

¿Se ha producido un cambio radical de modelo por parte de las empresas en la forma de entender y, por tanto, enfrentarse a las nuevas formas de consumo artístico?

Dentro del ámbito que cubrimos, el público consumidor de exposiciones es el mismo que tienen otros museos y todos debemos renovarlo. Porque, de no ser así, nos quedaremos sin él. Y es algo que todas las instituciones están pensando –y aquí entra la digitalización–. No creo que hayamos sufrido un cambio radical en el mundo de las exposiciones dada la importancia que tiene el contacto directo con la obra. Lo que sí nos estamos cuestionando es cómo transmitimos, cómo comunicamos y difundimos la actividad que hacemos. Todo ello pasa por la digitalización y las nuevas vías que nos brinda: material audiovisual, plataformas, redes. Eso es lo que nos está transformando.

Por tanto, ¿se están abriendo nuevas vías de consumo cultural?

La cultura, quitando tal vez la música, sigue presentándose en las vías tradicionales. Los objetivos siguen siendo los mismos. Lo vital es educar en cultura; transmitir las humanidades es transformador. Así crearemos nuevos públicos, educando a los jóvenes en el consumo de arte.

Y sobre la necesidad de crear nuevos públicos, ¿qué caminos son los más adecuados para llegar a más gente?

Es la gran pregunta. Todos los museos aspiramos a tener un mayor número de visitantes. La dificultad está en encontrar el equilibrio entre lo que consume la gente más fácilmente y el contenido más especializado. Hay una serie de exposiciones que ya hemos hecho y que sabemos que atraen al público general, pero también tienes que cuidar a otro tipo de visitantes. Por otro lado, me gustaría aportar nuevas miradas. Hay públicos que no llegan a la Fundación porque no están englobados en la programación que hemos hecho hasta ahora. Ése es uno de mis grandes retos: llegar a quienes todavía no hemos llegado.