China pierde impulso. La economía que llegó a duplicar su PIB cada decenio entre 1978 y 2008 ahora está perdiendo dinamismo y eso se está reflejando en una región muy dependiente del comercio internacional como es Asia-Pacífico. La actualidad política chino-estadounidense pesa como una losa en las expectativas económicas de la región, pero no solo: el papel de China en el mundo está también en juego con la disputa proteccionista que la enfrenta a Washington.

“China representa, hoy más que nunca, un motor clave del ciclo mundial. La campaña de desendeudamiento emprendida por el gobierno chino, que hizo mella en la inversión empresarial e inmobiliaria, junto con las consecuencias perjudiciales del conflicto comercial con Estados Unidos, provocaron un desplome en el crecimiento del comercio mundial, lo que a su vez socavó la confianza empresarial y la inversión a escala internacional, sobre todo en las economías exportadoras de Europa, Asia y los mercados emergentes”, según Joachim Fels, asesor económico mundial de PIMCO, la mayor gestora de renta fija del planeta.

Para algunos observadores, que la segunda economía del mundo haya desacelerado su ritmo de crecimiento al entorno del 6,6% el año pasado (la tasa más baja desde 1990, según cifras oficiales, cuya credibilidad, por otra parte, es cuestionada) no significa que haya que dar paso al pesimismo. En realidad, es la tendencia que está siguiendo desde 2007, cuando tocó un máximo superior al 14%, según el Banco Mundial, y mantuvo tasas de dos dígitos en los peores años de la crisis financiera gracias a las masivas inyecciones de liquidez –640.000 millones de dólares en 2008–, y que fueron unánimemente reconocidas como fundamentales para mitigar los efectos de la Gran Recesión en las economías occidentales. Las previsiones del FMI para este año –antes del penúltimo encontronazo comercial con Estados Unidos– eran del 6,3% y del 6,1% en 2020, e incluso superiores para el británico HSBC, el mayor banco de Europa, o el estadounidense Citi. Sin embargo, tras la guerra de aranceles, estas previsiones podrían tener que revisarse, como ha hecho la firma de análisis Oxford Economics dada “la probabilidad de que la situación continúe deteriorándose ante las dificultades para llegar a acuerdos sobre tecnología, acceso a mercados y propiedad intelectual que sean aceptables para ambas partes”. La firma ha rebajado una décima el crecimiento en 2019 y 2020 al 6,2% y 5,9%, respectivamente.

Economistas independientes y el FMI han valorado positivamente las medidas adoptadas por el gobierno chino en política monetaria y fiscal y en el sector financiero (reducción del 1% del coeficiente de caja), con el fin de inyectar liquidez en el sistema y estimular la demanda interna para intentar minimizar el posible efecto contractivo de la guerra arancelaria. Según previsiones recogidas por la cosultora McKinsey, el consumo privado en China podría aumentar en unos 6 billones de dólares (5,4 billones de euros) en poco más de diez años, lo que representaría el equivalente al consumo combinado de Estados Unidos y Europa Occidental en el mismo período, y el doble que el esperado para el conjunto de las economías de India y la ASEAN.

Sin descartar que la nueva orientación económica pueda tener efectos favorables en los próximos trimestres, los economistas también señalan los desafíos que China tiene por delante, como el estancamiento demográfico y la evolución de la productividad, cuyas ganancias irán mermándose a medida que el actual modelo económico de salarios bajos se vaya diluyendo.

Un problema de confianza

China y Estados Unidos se encuentran en plena escalada de tensión comercial tras la reciente decisión de Donald Trump de incrementar los aranceles desde el 10 al 25% a exportaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares (hasta el momento la aplicación de aranceles variaba dentro de un amplio rango del 10-25% y sobre 250.000 millones dólares de los 539.000 que exporta China a Estados Unidos). Por su parte, Pekín ha reaccionado gravando las tarifas sobre 60.000 millones de sus importaciones estadounidenses, sobre todo productos agrícolas, una medida que precipitó desplomes de las bolsas internacionales. Los sectores agrícola y manufacturero de Estados Unidos ya se están resintiendo por las nuevas medidas proteccionistas. Trump, que obtuvo un apoyo decisivo en las pasadas elecciones entre los trabajadores de esos sectores con sus mensajes proteccionistas, ha dejado la puerta abierta a un acuerdo con las autoridades chinas, pero, mientras, el déficit comercial con China ha seguido aumentando porque Estados Unidos cada vez exporta menos e importa más del país asiático. En 2018 su déficit comercial alcanzó los 419.000 millones frente a los 376.000 millones de 2017, según cifras oficiales.

Washington ha renegociado un acuerdo comercial con sus vecinos Canadá y México, y con su aliado asiático Corea del Sur, y sigue siendo una incógnita lo que hará con la exportaciones de automóviles y de componentes de la Unión Europea y Japón. “Si bien las perspectivas generales siguen siendo benignas, hay muchos riesgos a la baja. Existe una incómoda tregua en la política comercial, ya que las tensiones podrían reaparecer y desarrollarse en otras áreas (como la industria automotriz) con grandes interrupciones en las cadenas de suministro globales. El crecimiento en China puede sorprender a la baja”, ha señalado el FMI en un análisis previo a los últimos acontecimientos comerciales.

Según la consultora internacional Deloitte, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China afectarán sustancialmente a las economías regionales de Asia-Pacífico y, sobre todo, a sus mercados financieros. China es el mayor exportador del mundo, con un volumen de 2,4 billones de dólares (2,2 billones de euros) y si bien el 25% tiene por destino América del Norte, su principal cliente es Asia-Pacífico, con el 44% del total de las exportaciones (datos de 2017). Hay tantos intereses comunes en juego que encontrar una salida a la crisis arancelaria contribuiría, según los expertos de Deloitte, a conjurar el creciente riesgo de una recesión económica mundial, cuyos efectos acabarían alcanzando a las dos grandes economías.

La guerra arancelaria es interpretada por algunos analistas como las primeras fintas entre dos gorilas macho por el liderazgo mundial; uno –Estados Unidos– defendiendo su debilitado papel de potencia económica mundial, mientras el otro –China– intenta tantear sus posibilidades de aspirante sin complejos, con la certeza de que su oportunidad llegará más pronto que tarde. “El problema de fondo es que China está reduciendo la distancia que le separa de Estados Unidos como primera potencia mundial, así que Trump probablemente siga blandiendo la amenaza de aranceles como herramienta de negociación para contener la creciente influencia internacional de China y el apoyo del Estado a sectores estratégicos. Sin embargo, creo que el ritmo de innovación tecnológica, importancia internacional y crecimiento económico de China será difícil de detener”, señala Hyomi Jie, gestor del Fidelity Funds China Consumer Fund, en un informe a inversores.

Para Stephen S. Roach, buen conocedor de Asia, donde fue presidente del banco de inversión estadounidense Morgan Stanley, “la fijación china de ser una amenaza existencial para el preciado sueño americano” ha sembrado de desconfianza las relaciones mutuas. “Es tentador decir que con un acuerdo aparentemente inminente todo esto se acabará superando. Pero eso podría ser una ilusión. La confianza chino-norteamericana está ahora hecha jirones. La probabilidad de un acuerdo superficial no cambiará todo eso. Una nueva era de sospecha mutua, tensión y conflicto es una posibilidad muy real”.

Además y por si fuera poco, las veleidades hegemonistas de China van acompañadas de juego sucio en sus prácticas comerciales, aplicando políticas asimétricas para favorecer a sus empresas –la gran mayoría estatales– y ofreciendo condiciones abiertamente desiguales a las compañías extranjeras que se instalan en su territorio. Algunos países, como Estados Unidos y Alemania, están prohibiendo que compañías chinas entren en sectores de tecnología avanzada por razones de seguridad. Es el caso de Huawei, a la que Estados Unidos y Reino Unido han restringido drásticamente las actividades en sus respectivos mercados por sospechas de espionaje. “A medio plazo, China debe abordar los espinosos problemas de la protección de los derechos de propiedad intelectual y las transferencias forzosas de tecnología”, señala Deloitte, que propone que el país asiático haga reformas para facilitar en igualdad de condiciones la entrada de empresas extranjeras en su mercado.

La región Asia-Pacífico

En el primer trimestre de este año las exportaciones de Estados Unidos a China cayeron un 31% interanual mientras que las del país asiático hacia Estados Unidos lo hicieron un 9%. Según la firma de análisis Oxford Economics, para Estados Unidos la caída de sus exportaciones podría tener un impacto en su PIB de una o dos décimas, tan modesto que previsiblemente no disuadirá a Donald Trump “de perseguir sus objetivos geoestratégicos contra China y, potencialmente, contra otros socios comerciales, a través de políticas proteccionistas”, según Adam Slater, economista de la firma.

Como era de esperar, los socios asiáticos de China se encuentran entre los principales perdedores de la desaceleración comercial, aunque bajo un impacto desigual y también en función de su situación macroeconómica interna. Uno de los efectos de la guerra comercial es que la caída de sus exportaciones hacia China se está compensando con su desvío hacia el mercado estadounidense. Las mayores vulnerabilidades se localizan en las economías más dependientes del comercio con el gigante asiático, y dentro de ellas los centros industriales o de servicios más dependientes. Entre estos sobresalen, como es obvio, aquellas ciudades chinas que actuaban como motores de crecimiento y cuya débil situación por la desaceleración económica doméstica se ha visto empeorada por los nuevos acontecimientos. Uno de estos casos es Tianjin, bautizada como el Manhattan chino y que ahora, según The New York Times, sus modernos edificios de oficinas se encuentran prácticamente vacíos. Oxford Economics destaca que grandes ciudades como Beijing y Shanghai apenas crecerán por encima del PIB nacional, mientras que, por el contrario, Guangzhou [Cantón] y Shenzhen seguirán gozando de tasas superiores a la media del país. Por su parte, las economías de Hong Kong, territorio chino con un estatus administrativo especial (con muy estrechos vínculos comerciales bilaterales con China) y Taiwán (por la saturación del mercado de smartphones y la caída de la demanda de componentes electrónicos) acusarán significativamente los efectos de la desaceleración.

El Asia emergente se presenta como la zona con los pronósticos más brillantes de crecimiento si se tiene en cuenta el actual escenario cargado de incertidumbre. Destacan ciudades como Manila y especialmente la vietnamita Ho Chi Minh (Yakarta era otra de las favoritas antes de las recientes inundaciones), pero es India la que concita las previsiones más optimistas, con ciudades sin rival como Bangalore. “Si bien el entorno externo actual nubla nuestras perspectivas para los países asiáticos emergentes, sus perspectivas a medio plazo siguen siendo brillantes. Las economías de salarios bajos como Vietnam, Filipinas e Indonesia parecen las más beneficiadas de la mejora de los flujos de inversión extranjera directa (IED) puesto que las cadenas de suministro se están ajustando al aumento de los costes en China. Se pronostica que Vietnam y Filipinas superarán a China en los próximos cinco años, mientras que Indonesia estará solo ligeramente por detrás”, señala Scott McEwan, economista de Oxford Economics.

El sector manufacturero es la palanca de crecimiento del Asia emergente, si bien van ganando importancia los servicios, como en Yakarta, donde las TIC están creciendo el doble de rápido y ahora casi están a la par que la industria manufacturera. El rápido crecimiento de Ho Chi Minh basa su éxito en que es un centro febril de bajo coste: la ciudad concentra el 40% de toda la producción manufacturera de Vietnam. Sus servicios también están aumentando rápidamente, particularmente los financieros. La firma de análisis prevé que registrará tasas de crecimiento que rozarán el 8% durante los próximos cinco años.

La economía japonesa, que sigue atrapada en su particular estancamiento secular, con tasas de crecimiento del entorno del 1% (PIMCO prevé para este año entre el 0,5 y el 1%), se enfrenta al previsto aumento de la fiscalidad sobre el consumo que podría detraer crecimiento. Para los próximos cinco años Oxford Economics prevé que el PIB japonés crezca de media anual un 0,7%. En medio de este aplanamiento destaca Tokio por la fortaleza de los servicios de alto valor añadido y por su capacidad para atraer población joven. Se calcula que cada año el 20% de la población emigrante entre los 15 y 34 años llega a la prefectura de Tokio, aportando nuevas habilidades y conocimientos. Este factor, junto con el aumento de la participación laboral de la población de más edad y femenina, ha dado un impulso al mercado laboral de la ciudad en los últimos cinco años, hasta el punto de que el ritmo de crecimiento de empleo (2,2%) ha sido el más alto de todas las ciudades asiáticas entre 2014 y 2018, según Oxford Economics.

La estrella es India

Corea del Sur, cuyas exportaciones en una cuarta parte se destinan a China, se encuentra bajo presión por la caída de la demanda externa y una desaceleración del ciclo de la electrónica, pese a lo cual los pronósticos apuntan a una crecimiento medio del 2,5% en el próximo quinquenio, una tasa que supera a la mayoría de las otras naciones avanzadas de Asia y el Pacífico (salvo Australia, donde algunas de sus ciudades, como Brisbane y Melbourne, serán las de más rápido crecimiento económico de la zona, junto con las de Singapur y Auckland). Los expertos de Oxford Economics esperan que Seúl crezca por debajo de la media nacional por causas demográficas y la paulatina pérdida de actividad productiva a favor de la provincia vecina de Gyeonggi-do. No obstante, el núcleo urbano de Seúl sigue siendo vital para la economía nacional al concentrar alrededor del 50% del valor añadido bruto del país de los sectores de las tecnologías de la información y el financiero.

India coloca casi el 50% de sus exportaciones totales en Asia, pero solo el 5% en China. Sus ventas están muy diversificadas por lo que el grado de vulnerabilidad a la desaceleración china es bastante reducido. En la clasificación de Oxford Economics de las ciudades asiáticas más dinámicas, de las siete primeras, seis son indias (la primera es Ho Chi Minh). Todas ellas están registrando tasas impresionantes de crecimiento en el sector terciario y cuentan con una mano de obra joven y cualificada. Bangalore es la gran estrella india, con tasas de crecimiento previstas que rozan el 10% hasta 2023 y la población de más rápido crecimiento de entre las principales ciudades de Asia en los próximos cinco años, con una tasa del 2,1% por año.