1. Intención inicial: ayudar al conductor
3.000 vehículos ocupaban las carreteras de Francia en agosto de 1900 cuando, viendo la complejidad de este automóvil, André y Edouard Michelin decidieron crear una guía que ayudara al conductor a la hora de reparar, arreglar y mantener su vehículo en perfectas condiciones. Es por ello que no fueron las conocidas Estrellas Michelin lo que dieron fama a esta guía, sino el mantenimiento de los coches (característica que aún podemos comprobar en el resto de accesorios que ofrece la marca).

2. ¿Cuándo paso de ser un ejemplar gratuito a ser un ejemplar de pago?
Muchas empresas hoy en día pueden pensar que la mejor manera de hacerse un hueco en el mercado es lanzando un producto gratuito y, una vez conseguida la audiencia e importancia necesaria, convertirlo en un producto de pago. Sin embargo, eso no fue lo que ocurrió con la guía Michelin. Fue en 1920 cuando André Michelin vio como un dependiente de una tienda de neumáticos la utilizaba para alzar las patas de un banco. Desde ese momento decidió empezar a cobrar por ello ya que, según dijo, “el hombre sólo respeta de verdad lo que paga”.

3. Cuando las flores tienen relevancia en la comida
Aunque parezca sorprendente, los críticos de la guía Michelin no conceden sus estrellas únicamente a aquellos restaurantes que presenten una exquisita variedad y perfección gastronómica. Otros detalles como las flores, el ambiente del restaurante o si posee aparcacoches, son signos relevantes para poder otorgar la máxima puntuación.

4. Tres estrellas: justifica el viaje
El baremo está basado en una, dos o tres estrellas, siendo este último la mayor valoración. Sin embargo, lo curioso no es su puntuación sino el eslogan que define a cada una de ellas. Tres estrellas “justifica el viaje”, mientras que dos estrellas “vale la pena desviarse” y una estrella significa “muy buena cocina en su categoría”. El origen de estas definiciones (en concreto de la dos primeras) surge cuando en 1920 (cuando se empiezan a otorgar las Estrellas Michelin) no existían aún tantos vehículos y no todos los viajes “merecían la pena”. Es por ello que las primeras puntuaciones tengan una terminología más automovilística que culinaria.

5. Utilizada en el Desembarco de Normandía
Cuando en 1944 se produjo el conocido Desembarco de Normandía, los oficiales americanos llevaban curiosamente la guía Michelin debajo del brazo. Lo que parece como una película de humor, fue un hecho completamente cierto. Se imprimió de nuevo la versión de 1939 (ya que durante el tiempo de guerra paró de venderse) porque contenía mapas y callejeros detallados de Paris, ciudad cuyas indicaciones estaban destruidas en gran medida. Bajo el título “For official use only” y con bastantes menciones en inglés, esta guía especial no contenía ni apartado para neumáticos ni era tan rígida como la habitual.

6. Los jueces: nunca sabrás cuándo vienen
Los críticos encargados de admitirte o no en la cotizada lista, son jueces anónimos que comen en más de 250 restaurantes y duermen más de 150 noches en hoteles. Esto se ha mantenido desde su creación ya que así se puede garantizar la imparcialidad del servicio hacia un juez frente a cualquier otro cliente.