En España el ‘carsharing’ tiene una presencia especial en Madrid. 2.000 coches compartidos, entre híbridos y eléctricos, desfilaban por sus calles el año pasado y en 2019 se espera un incremento del 30% y la incorporación de nuevos competidores. Aunque pueda parecer sorprendente, a los operadores les está costando ser rentables.

Es verdad que compartir coche es menos novedoso de lo que parece. Los grandes del renting llevan años promoviendo el servicio del coche compartido y, en algunos casos, los modelos también eran cero emisiones. En 2013, por ejemplo, Arval y LeasePlan empezaron con un club de coches en el que los empleados de una compañía podían intercambiarse sus vehículos eléctricos. En aquellos momentos reaccionaban ante amenazas de startups como ClickCar o Bluemove.

Ahora las cosas han cambiado. Para empezar, los operadores que tienen enfrente los gigantes del renting ya no son startups, sino multinacionales enormes. Daimler controla Car2go, PSA hace lo mismo con Emov, Renault y Ferrovial se reparten Zity y, por fin, WiBLE es una joint venture de Kia y Repsol. Lo segundo que ha cambiado es que las firmas de renting ya no solo sirven a grandes empresas. Ahora, los particulares, los autónomos y las pymes suman un 30% del total de los vehículos. Este es el segmento en el que Arval o Ald Automotive se ven obligadas a competir por clientes de carsharing corporativo con rivales como Cabify, Uber o Lyft, a las que ya se unen, entre otras, Car2go, Emov, Zity y WiBLE a medida que desarrollan sus servicios para empresas.

Todo parece indicar que el segmento de particulares, autónomos y pymes puede multiplicarse en los próximos años. Según la Asociación Española de Renting de Vehículos, el fortísimo incremento del mercado en estos últimos tres años se debe, sobre todo, a ellos. Según un estudio de Ald Automotive, el coche compartido es la opción más aceptada en nuestro país entre las nuevas formas de movilidad a disposición de los usuarios. El 20% de los jóvenes españoles menores de 36 años, afirma el análisis, son usuarios también de vehículos de renting, coches privados con conductor, coches autoservicio y alquiler de automóviles entre particulares, una cifra que se rebaja a medida que se incrementa el rango de edad.

Aunque las perspectivas del carsharing podrían parecer muy positivas en nuestro país, todavía queda un buen número de desafíos por resolver. Quizás el más destacado sea el más sorprendente: las principales empresas del carsharing que operan en la capital de España tienen dificultades para ser rentables. De los cuatro operadores, solo Emov y Zity han presentado sus cuentas de 2017. La primera perdió 1,5 millones en su primer año completo de operación, mientras que la segunda, que se estrenó a mediados del año pasado, registró unas pérdidas de 775.000 euros en sus seis primeros meses de actividad. Car2go había sumado unos números rojos de 1,4 millones en 2016, mientras que WiBLE está aún dando sus primeros pasos.

Expansión

No será fácil que el carsharing se extienda a otras capitales españolas. Javier Martínez Ríos, CEO de WiBLE, afirma que “Madrid ha sido un gran ejemplo, tomando la delantera a nivel mundial de este tipo de servicios a través de políticas de aparcamiento de vehículos cero emisiones y su regulación de acceso y circulación”. Ahora, sigue, “los operadores debemos de estabilizar el modelo para dar el siguiente paso”. Sin embargo, para ello, matiza Javier Mateos, CEO de ZITY, “es preciso que las normativas de cada ciudad lo hagan posible. Cada una tiene sus propias necesidades y características que harán que los servicios se adapten a cada caso”.

Otro desafío crucial pasa por aumentar la autonomía de los coches que prestan el servicio. Esto afecta a los híbridos, sí, pero el principal problema lo arrastran los eléctricos. Para afrontar el problema a corto plazo, WiBLE por ejemplo ha apostado por los híbridos enchufables. Su CEO aclara que el vehículo que ofrecen “tiene una autonomía superior a 600 kilómetros, una ventaja que combinamos con una tarifa flexible para poder usar el coche por largos periodos de tiempo”.

El aparcamiento dentro de la ciudad es otra de las dificultades a las que se enfrenta el carsharing. Según Javier Martínez Ríos, “la única condición para devolver un vehículo de carsharing es poder dejarlo aparcado en la calle en zonas verdes y azules, pero sabemos que esto es imposible en muchas zonas del centro”. Por eso, ellos han optado por que los suyos puedan devolverse “en los trece parkings concertados que hemos habilitado para facilitar el aparcamiento (se pueden consultar las plazas libres desde la app)”.

Las poblaciones que integran el cinturón de las grandes ciudades también presentan obstáculos. En teoría, parecen una apuesta ganadora porque, por ejemplo en Madrid, hay cientos de miles de personas que viven pegadas a la corona metropolitana y, al mismo tiempo, fuera de ella, que ven cómo los protocolos anticontaminación pueden restringir la entrada a de sus vehículos y que, a pesar de todo eso, no tienen acceso al carsharing en su vecindario.

Javier Mateos explica que ZITY ya está empezado a prestar servicio en ciudades adyacentes a Madrid como Alcobendas o Pozuelo de Alarcón “y seguiremos en esta línea siempre y cuando tenga sentido para los usuarios y para nosotros”. Javier Martínez Ríos, de WiBLE, añade que ellos han “abierto dos bases en Las Tablas y Villaverde que, a modo de parking disuasorio, permiten al cliente aparcar su coche privado en nuestras instalaciones y usar WiBLE para ir a Madrid. Y, por otro lado, estamos empezando a operar en municipios más allá de la ciudad de Madrid como Alcobendas, Majadahonda y Pozuelo”. La estrategia podría resumirse casi en un eslogan: ‘Del cinturón de Madrid al cielo… y después, ya veremos’.