Si extrapolamos este concepto al ámbito laboral, una persona con inteligencia emocional en la empresa es esa capaz de ser camaleónica, de manejar perfectamente los problemas y las tareas que se le piden, y de adaptarse de buena forma al entorno que le rodea. Y esto es lo que muchísimas empresas están buscando hoy día como factor imprescindible en sus posibles nuevos empleados. Si quieres saber cómo sacar partido o mejorar tu inteligencia emocional, sigue estas 3 sencillas formas.
1. Comienza por la entrevista de trabajo
Ya desde la entrevista tienes una buena oportunidad de destacar tu inteligencia emocional. El entrevistador te hará preguntas para que saques esa faceta tuya, como: ¿Cuáles son tus metas a alcanzar? ¿Cómo te sentías en tu anterior trabajo? ¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? Hay mil y una preguntas que un reclutador puede hacerte para que saques esa parte de ti. Sin embargo también puedes hacerlo sin necesidad de una pregunta específica, contando tu relación con anteriores jefes o compañeros, tu día a día en otra empresa, tu forma o metodología de trabajo…

2. ¿La clave? La “flexibilidad”
Ser una persona tolerante, flexible, abierta y comprensiva son requisitos de una buena inteligencia emocional. Debes saber adaptarte con inteligencia y perspicacia a las nuevas situaciones y a problemas, tanto tuyos como de las personas que te rodean en el trabajo.

3. Maneja perfectamente tus emociones
No te dejes abatir por una mala situación o un problema laboral, al menos debes saber controlarlo en el momento adecuado. Por el contrario tampoco deberías dejarte llevar por una buena racha en tu trabajo, maneja esa buena energía y conviértela en ganas de seguir hacia delante incluso mejor de lo que lo has hecho hasta el momento. La clave está en saber dominar tus emociones en cada momento, según el contexto en el que te veas.