1. Utilizan una estrategia de trabajo débil
El problema de las pequeñas empresas que se inician en el mercado laboral es que no tienen un método de actuación fuerte con el crecer en el sector. Carecen de base sólida en la que apoyarse y de un estudio previo del ámbito en el que se moverán.

2. Escasean en la apuesta tecnología
Hoy en día, las herramientas tecnológicas forman parte de nuestra vida y facilitan la metodología de trabajo de las empresas. Pero, a pesar de esto, las nuevas empresas siguen dejando un vacío notable en la red. Es decir, dan la sensación de no tener conocimientos suficientes y no estar adaptados al siglo en el que vivimos.

3. Falta publicidad de la empresa
En muchas ocasiones, esperan a que sea el cliente el que llegue a ellos y se interese por lo que ofrecen. Tanto la publicidad tradicional como la destreza en el terreno del marketing son esenciales para hacer que un negocio vaya cogiendo protagonismo en el mercado.

4. Tiran de conocimientos propios
Está bien confiar en las habilidades propias y en la formación recibida. La mayoría de las pequeñas empresa que inician su camino rechaza cualquier tipo de asesoramiento profesional y se guían por sus intuiciones. No siempre será suficiente para tener éxito.

5. Asumen toda la responsabilidad
Así mismo, el empresario que decide formar su propio negocio tiende a asumir un grado de responsabilidad excesivo. En muchos casos, genera demasiada presión y bloqueo general. Es mejor contar con un equipo con el que compartir opiniones y tomar decisiones conjuntas.

6. Evitan exponerse al riesgo
El miedo a no conseguir los objetivos establecidos y fracasar hace que los nuevos negocios no apuesten por difundir sus ideas y luchar para llevarlas a cabo. En cambio, se acomodan en un sistema lleno de competidores en los que, de esta forma, será difícil destacar.