La implantación de los medios de pago crece al ritmo que marcan los nuevos hábitos de consumo, la extensión de las tecnologías y, sobre todo, por el hecho cultural de que usar una tarjeta o realizar un pago vía electrónica ya es cotidiano.

Un fenómeno que está contribuyendo todavía más si cabe a hacer invisible el dinero es el crecimiento exponencial del comercio a través de internet, las compras online no dejan de crecer. Según el Observatorio Cetelem, compañía de financiación al consumo del BNP Paribas, el mercado español es el cuarto de Europa, con un gasto medio por internauta en compras online de 1.954 euros en 2017, un 38% más que en 2016.

La irrupción de este dinámico canal de consumo está impulsando que aparezca una amplia oferta de medios digitales de pago, como el llamado dinero electrónico (e-money), una versión digital del dinero físico que se almacena en un dispositivo electrónico (ordenador, smartphone o tarjeta) y que se utiliza como medio de pago. Una variante de creciente popularidad y que, según CaixaBank, está en constante innovación, son las llamadas digital wallets o carteras digitales, vinculadas, por motivos de seguridad, a la cuenta bancaria o la tarjeta de crédito habitual y que se emplean únicamente en compras por internet. PayPal o Google, por ejemplo, ofrecen este servicio a nivel global, vía internet o móvil. Según la entidad financiera, su utilidad radica en que “permiten comprar por internet sin facilitar los datos de la tarjeta de crédito a los comercios”. Otra variedad son las tarjetas prepago o cybertarjetas que comparten con las anteriores la seguridad de su estanqueidad; es decir, no exhiben los datos de la tarjeta de crédito o de la cuenta bancaria.

Los teléfonos inteligentes están demostrando también su utilidad como herramienta para los nuevos medios de pago, tal es el caso de los m-payments ó pagos por móvil, o la tecnología   inalámbrica NFC (Near Field Communication o Comunicación de Campo Cercano). Esta tecnología, utilizada por el sector financiero en colaboración con empresas de telefonía, permite realizar pagos acercando el móvil al terminal de punto de venta (TPV) de cualquier comercio –con la información sobre el titular de la cuenta insertada en la tarjeta SIM–. De ella han surgido versiones como las PayTags (un chip o tarjeta-chip vinculado a tarjetas de crédito, débito o de prepago) que se incrustan en el reverso del móvil y permiten realizar pagos mediante tecnología contactless (`sin contacto’).

1,8 tarjetas por español

En España, el número de personas con tarjetas alcanzó el 82% de la población en 2017, un incremento superior a 8 puntos porcentuales respecto a 2016, según el último Barómetro de Tarjetas de Mastercard. El estudio reveló que las tarjetas de débito vuelven a ser un año más el método preferido de pago para el 74% de los encuestados; seguido por las tarjetas privadas (las que emiten, por ejemplo, grandes firmas de distribución), que subieron más de once puntos porcentuales, y la tarjeta de crédito que, a pesar de ocupar la tercera posición como medio favorito, tocó otro récord histórico con un 23% de penetración. Cada español poseía en 2017 una media 1,80 tarjetas, frente a 1,55 el año anterior.

Una modalidad de tarjeta de reciente implantación pero que está registrando un significativo crecimiento en el mercado español son las tarjetas contactless (‘sin contacto’), que han subido 16 puntos porcentuales, hasta el 42% del total del mercado de tarjetas. El 85% de los titulares de este medio de pago afirma haberlo usado alguna vez, casi diez puntos más que en el caso de los usuarios de tarjetas de crédito. “Los principales motivos para usar esta tecnología siguen siendo la rapidez y la comodidad en el pago […]”, señala el estudio.

En general, según datos de Mastercard, los ciudadanos europeos mantienen una disposición abierta hacia las soluciones de pago digitales y creen que el proceso de digitalización que está incubándose en el sector bancario ofrece una creciente seguridad y facilidad a medida que evoluciona.

¿Una moneda digital?

Los avances tecnológicos, y quién sabe si también las exigencias medioambientales, podrían acabar desterrando definitivamente el dinero físico a los museos. Si bien el dinero digital ya existe, como se acaba de ver en el abreviado recorrido de los modernos medios de pago, la experiencia de las criptomonedas ha abierto un interesante debate sobre su hipotético uso como moneda digital del futuro. Según un artículo publicado por el Servicio de Estudios de CaixaBank, “los progresos tecnológicos relacionados con la tecnologia blockchain y la agilidad de los sistemas electrónicos de pago permitirán que el dinero digital tenga mucho más protagonismo en la economía del futuro”. Pero una de las cuestiones clave es quién debe estar detrás: ¿manos privadas, como en el bitcoin y similares, o un banco central? Según los autores, en cuyo trabajo se asume que el dinero físico coexistiría, la segunda opción sería la más verosímil: “al fin y al cabo, es difícil que un ente privado que se encargue de implementar una moneda digital disponga de las herramientas pertinentes para diseñar una regla de oferta monetaria creíble y con unos objetivos socialmente deseables como son la estabilidad de precios y de la actividad económica”.