1. Te has despistado con otros trabajos
A todos nos llama la atención el dinero, es más, es necesario para vivir. Por eso, muchas veces, le damos prioridad y aceptamos realizar cualquier trabajo que incremente nuestra cuenta. De esta forma pierdes tiempo para centrarte en lo que deseas. Hay que estar en activo pero mirando siempre el futuro.

2. Te falta formación
Tu titulación se ha quedado obsoleta frente a la formación del resto de profesionales. Quizás pensaste que con obtener un certificado sería suficiente para alcanzar tus metas pero, te equivocas. Actualizarse y abrir horizontes es la clave para alcanzar el trabajo de tus sueños y siempre estés al tanto de todo.

3. Tu currículum no dice nada
Es verdad que es muy completo porque has trabajado en muchos sitios diferentes pero, ¿qué tienen en común cada uno de ellos? No sirve de nada picotear si lo que quieres es algo concreto. Da la sensación de que estar en un trabajo durante años no es lo tuyo y pasas desapercibido.

4. No has hecho contactos
Tu día a día te ha llevado a olvidar a aquellos que junto a ti luchaban por conseguir el trabajo ideal. Cada uno coge un rumbo y, al final, te das cuenta de que no cuentas con nadie que te pueda ayudar a encontrar el sendero y ofrecerte facilidades.

5. Te has alejado del sector
Y la consecuencia de lo anterior es que el tiempo y tus otras ocupaciones hacen que desconectes por completo del mundo del que quieres formar parte. Te has centrado en tener la seguridad de un trabajo estable y has olvidado que la distancia sólo es un síntoma más del olvido.

6. Te has acomodado
Has adaptado tu vida a una rutina que poco tiene que ver con la vida que esperabas. Cuando una persona está bien olvida lo importante que es establecerse metas y mantenerse vital. En cambio, has optado por hacer lo que toca cada día y seguir las pautas marcadas por el sistema.