Sara Harmon, CEO de LinkedIn España y Portugal, desprende una confianza admirable cuando se sienta frente al auditorio. Con un marcado acento anglosajón, responde a las preguntas de Lourdes Garzón, directora general de Círculo Fortuny y moderadora de la conversación.

Es curioso: lo primero que surge para hablar de igualdad es una lista de diferencias -extraída de diferentes estudios-. Según explica Sarah, las mujeres demuestran ser mejores para encontrar talento joven, para crear ambientes de trabajo adecuados y establecer una cultura de crecimiento. Además, comunican mejor (el propósito de la empresa, los objetivos y la parte que el empleador debe jugar) y demuestran una mayor responsabilidad social. Y aun así, a pesar de esto… se encuentran con una barrera gigante: la cultura de la ‘no promoción’. Por suerte, dice Sara Harmon, “esto está cambiando”. Y le cuenta al público su secreto: “primero, siempre me han atraído los nuevos conceptos; segundo, soy muy buena comercial… de mí misma”.

Atracción por la novedad y capacidad para autopromocionarse. Esos son los dos trucos de Sarah Harmon. Pero no es suficiente. Venderse bien es fundamental, pero de nada sirve si las personas que contratan tiene la vista en otra parte. Y menos si hablamos de puestos directivos ¿Quién contrata al CEO? El consejo. “Lograremos la transformación”, dice Sarah, “si cambiamos el consejo. Aquí el ratio de mujeres en consejos es menor que en otros países. Sólo con incorporar una mujer en el consejo, la contratación de mujeres se incrementa un 42%”.

No se trata de una lucha desde un bando concreto, sino de un cambio que beneficia a todos, con mejores resultados en la imagen de la empresa. Mostrar esa diversidad hace que se mejore la marca, lo que atrae más talento y ayuda al desarrollo. “La marca tiene cada vez más importancia y las nuevas generaciones le dan un mayor valor -cada vez más- a la marca empleadora. Esa imagen aporta confianza. El problema es que, para atraer ese talento, hay que invertir en la marca empleadora”. Y aquí llega otro punto fundamental: la inversión. ¿Se invierte lo suficiente para lograr la igualdad de género? La respuesta, una vez más, es negativa.

Más confianza, más promoción y menos miedo. Hasta entonces, habrá que repetirse una de las favoritas de Sarah Harmon: “Si alguien te ofrece un asiento en un cohete… cógelo”.