1. El temor a lo desconocido: el miedo a no conseguir alcanzar los objetivos propuestos y la presión de familiares y amigos te lleva a dar un paso atrás y seguir tu camino por otro lado. Hay que explorar y sacar lo mejor de las nuevas oportunidades. Si sale mal, volverlo a intentar.

2. No tengo contactos: se dice que quien tiene padrino se bautiza y, razón no le falta. Pero uno puede buscar sus propios conocidos mediante las redes sociales o plataformas profesionales y forjar relaciones de las que sacar beneficios.

3. Es demasiado tarde: pensar que todo está inventado no te servirá de nada. Algunas de las empresas más exitosas se basan en el perfeccionamiento de las ideas ya existentes. El que llegó primero no tiene por qué seguir ocupando ese puesto.

4. Nadie me escucha: si te encuentras con gente que no te escucha quizás el tengas un problema. Falta de atractivo o interés para el resto. La solución es cambiar el mensaje para poder alcanzar lo que deseas.

5. Falta dinero: es algo común. Nunca se tiene el dinero o el capital suficiente para poner un negocio pero, hoy en día existen muchas formas de financiación que te pueden ayudar. Ser emprendedor es el arte de lograr más con menos.

6. No tengo tiempo: todos sacamos tiempo de donde no lo hay para hacer algo que nos interesa. Aunque creas que tu día a día está completo, siempre podrás encontrar un hueco para ir dando forma a tu empresa.

7. Carezco de habilidades: los conocimientos que cada persona tiene se ganan, no se regalan. Es cuestión de leer, asistir a cursos de formación, relacionarte con personas de ese sector…Es decir, es tomárselo en serio y aprender.

8. No encuentro la gran idea: si tienes una buena idea crees que ya está inventada y que no puedes sacar nada de ahí. Te equivocas. La mayoría de las empresas se basan en apostar por “mejorar” antes de “inventar”.

9. Hay mucho riesgo: cualquier negocio se enfrenta a innumerables peligros. Con el tiempo, podrás superar cualquier contratiempo de forma más inteligente y aprender del tropiezo. Si nunca lo intentas caerás en las lamentaciones.

10. Me pierdo en la ejecución: planificar se te da muy bien pero, de todo lo demás, intentas escapar. No se necesita ser un experto en todas las partes del proceso sino tener disciplina y hacer todo tipo de trabajos.

11. Soy muy perfeccionista: crees que un producto nunca es demasiado bueno como para sacarlo a la calle y te apoyas en eso para no dar vida a tu empresa. Las mejoras vendrán de la mano de tus clientes y el resultado será mejor.

12. No estoy cómodo en esto: Si no te sientes cómodo haciendo algo porque viola tus principios o tu ética profesional, no tienes por qué hacerlo. Pero, el problema es que no apuestas por tu nuevo negocio porque te llevará fuera de tu zona de confort y cambiará tu vida. Es una actitud cobarde, no recurras a ella.

13. Es muy difícil: esta es una manera de acomodarse y dejar que el tiempo pase sin intentarlo. Aunque algo parezca inaccesible, siempre hay una persona que lo consigue alcanzar. Las grandes ideas se pueden describir con pocas palabras.

14. Demasiado duro: no se puede lograr una meta desde la cama pero se puede con un sólo paso, por pequeño que sea, se puede lograr ese objetivo. Piensa en el final de un viaje y sigue las directrices que te ayudará a llegar allí. Entonces, empieza a construir tu nueva empresa.