1. Preocúpate por su trabajo del día a día
El resultado final no es lo único importante, también lo es el proceso y las personas que forman parte de él. A todos nos gusta que nos digan día a día lo que hacemos bien y, por qué no, en lo que fallamos. En definitiva, que se interesen por nosotros.

2. Escucha como un amigo
No te limites a oír, escucha. Si puedes ayudar a la persona que tienes delante hazlo, y si no al menos muéstrale tu apoyo, que sepa que estás ahí si necesita algo. Ponte en su lugar y haz lo mismo que te gustaría que hiciesen por ti.

3. Presta tu ayuda
Si después de escuchar a tu empleado, ves que tienes alguna forma de ayudarle, no dudes en hacerlo. Los dos saldréis ganando, y la empresa también.

4. Conoce a tus empleados
Es un paso fundamental. Interésate por la vida de la gente que trabaja contigo, pregúntales cómo les van las cosas, si se sienten a gusto en su puesto, si creen que hay cosas que mejorar. Además de mostrarte cercano y preocuparte por ellos, puedes aprender muchísimas cosas de todo lo que van a contarte.

5. Ten reuniones individuales
Intenta reunirte de vez en cuando con tus empleados de manera privada para el resto. Así será más fácil que tengáis un clima de conversación más cercano que si sois muchos en la sala.