1. Sé consciente de su importancia
El primer paso para crear un logo que funcione es asumir que de él dependerá en buena parte el destino de tu marca. Puedes tener la mejor idea de negocio del mundo y las estadísticas a tu favor, pero un logotipo trillado o chapucero puede echar por tierra todas las expectativas. No en vano es la primera impresión que el cliente va a tener de tu empresa.

2. Siéntate a pensar qué es lo que quieres transmitir, y escríbelo
Un buen punto de partida es hacer un brainstorming contigo mismo. ¿Qué es lo que caracteriza a tu empresa y al producto que ofrece? ¿Qué imagen quieres transmitir? Ármate de lápiz y libreta y piensa en cómo ves tú mismo tu empresa y en cómo te gustaría que la viesen los demás. ¿Es una marca joven y moderna, o por el contrario se identifica con una imagen más seria y tradicional? ¿Cuál es el perfil de su cliente potencial? ¿En qué sector se enmarca?

3. Investiga y analiza los logos de la competencia
Es imprescindible que dediques algo de tiempo a estudiar los logos de empresas dedicadas a la misma actividad. Por un lado, porque te dará ideas sobre lo que debes y no debes hacer. Por otro, porque te permitirá desmarcarte de la competencia con el fin de encontrar un logo que se diferencie, que sea original y único y que no pueda confundirse con otras firmas similares.

4. Obsesiónate con la simplicidad
La simplicidad es el primer paso para que el logotipo cumpla su cometido y sea fácilmente reconocible. Los diseños barrocos y recargados son más difíciles de asimilar y recordar, y además transmiten una imagen de desorden y confusión. Por encima de todo, recuerda que tu logo va aparecer impreso en tarjetas y carteles, cosido en polos y camisetas, en la página web y en todo el merchandising de tu empresa, por lo que por razones de economía y con el fin de ahorrarte futuros quebraderos de cabeza te interesa que sea lo más simple posible. Para ello existe una serie de reglas no escritas: utiliza como máximo tres colores, deshazte de todo lo accesorio centrándote solamente en lo esencial, elige una tipografía fácil de leer y limita el uso de efectos especiales; los degradados, reflejos y sombras nos parecían profesionales cuando hacíamos trabajos en Word, pero la realidad es que entorpecen y resultan algo anacrónicos.

5. Inspírate en los logos más memorables de la historia
La manzana mordida de Apple, el pájaro azul de Twitter, la tipografía en color rojo de Coca-Cola, el triángulo de Adidas, el cocodrilo de Lacoste, la cámara de Instagram, el símbolo de Nike… Logotipos que no necesitan presentación ni explicación y en los que, aunque no lo parezca, nada se dejó al azar. Inspírate en ellos, piensa en el porqué de su triunfo y pregúntate si tu logo se ajusta a sus cánones. También puedes echar un vistazo en webs como Niice para buscar algo de inspiración.

6. No te dejes llevar por las últimas tendencias de diseño
En el mundo de los logotipos, como en todo, hay modas que vienen y van. Aunque es importante que el logo de tu empresa transmita una imagen de modernidad, especialmente si va dirigido a un público joven o se enmarca en un sector innovador, ante todo debe sobrevivir a las tendencias y continuar funcionando cuando éstas cambien. Lo más importante es permanecer fiel a la imagen global de tu marca, aunque debes estar abierto a pequeñas modificaciones que puedan surgir por el camino con el fin de permanecer actualizado.