Actualmente es voluntaria, pero hace unos años recaló en este grupo por su propia adicción al trabajo. “Me di cuenta de que tenía un problema hace 15 años, y ese problema se acrecentó cuando me puse a trabajar por mi cuenta. Hace 7 años tuve una depresión y entonces es cuando empecé el programa con Workaholics”, comenta.

La asociación, que bebe de las fuentes de Alcohólicos Anónimos, con un programa de 12 pasos para empezar a trabajar y a vivir de otra forma, tiene reuniones presenciales, también online y por teléfono si son necesarias, y facilita a sus miembros herramientas para tomarse el trabajo, y la vida en general, de otra forma. “Vivimos en una sociedad muy workaholics. Y desde el desarrollo de los smartphones, que permiten que podamos estar conectados en todo momento, el fenómeno va a más”, comenta Schalin. En efecto, las nuevas tecnologías son como una barra libre para estas personas: si antes tenían que poner excusas para ir a la oficina, ahora ya no lo necesitan porque la tienen al alcance de los dedos, en su teléfono o tablet.

Schalin explica que cambió su ritmo de vida cuando tomó conciencia de los efectos que la adrenalina estaba teniendo sobre su cuerpo: “Es alucinante la adrenalina para el cuerpo que supone esta adicción, al igual que cualquier otra”, explica esta mujer de 50 años.

No es raro que el adicto a la oficina sufra de otras adicciones, como el alcohol o las drogas: “Abunda mucho un consumo secreto de drogas, como la bebida o la cocaína”, comenta Alonso. “Es muy común que a la asociación llegue gente con otras adicciones, yo misma estuve previamente en Alcohólicos Anónimos”, confiesa Schalin.

La asociación americana tiene miembros en multitud de países. “Al principio a las reuniones venían más hombres, había pocas mujeres, ahora hay más que antes, sobre todo profesionales. Incluso tenemos estudiantes universitarios”, comenta la voluntaria norteamericana.