El pasado día 22 de Marzo fue el día Internacional del Agua. El agua es, probablemente, el bien más valioso de este mundo, sobre todo si tenemos en cuenta que las estimaciones predicen que en el año 2025 al menos la mitad de la población mundial vivirá el lugares con problemas de abastecimiento. Hoy, casi mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a una fuente fiable de agua potable, mientras que dos mil millones de personas no disponen de instalaciones de saneamiento adecuadas.

Obviamente, son los países en vías de desarrollo los principales afectados por esta carestía al no disponer de infraestructuras básicas o de sistemas de gestión eficientes. La escasez de agua limpia agrava la desnutrición y repercute en la seguridad alimentaria y en las condiciones sanitarias de la población. Como ejemplo, en África subsahariana, hay más gente con cobertura GSM  (del inglés Global System for Mobile communications) que con una fuente regular y garantizada de agua potable o electricidad.

La tecnología, y más concretamente el Internet de las cosas (IoT) es una potente herramienta para combatir dicha escasez, al mismo tiempo que echamos una mano al medio ambiente. De hecho, los usos más extendidos de IoT en países en vías de desarrollo se dan en proyectos destinados a mejorar los sistemas de distribución de agua limpia y mejora de las condiciones sanitarias.

En Bangladesh se está empleando una red de 48 sensores de arsénico para monitorizar la calidad del agua y evitar la contaminación de la misma. De modo similar, en la región China de Jiangsu se está monitorizando el agua mediante sensores IoT en puntos claves de la red de distribución para registrar los datos de su uso. En Sarvajal, India, se ha desarrollado e implementado un sistema de ósmosis inversa de bajo coste que junto a la instalación de contadores inteligentes permite la distribución eficiente de agua limpia a zonas rurales, al mismo tiempo que se garantizan la calidad y la cantidad de agua necesaria en cada momento.

En África, cerca de 200 millones de personas emplean 1 millón de bombas manuales repartidas por todo el continente para acceder a agua potable. Se estima que un tercio de estas bombas se romperá al menos una vez durante su ciclo de vida, y entre el 30% y el 70% de estas se romperá en el lapso de dos años. Podemos imaginar los serios problemas que esto puede ocasionar.

Para solventar estos problemas, La Universidad de Oxford lanzó un piloto de prueba en 2013 en la región Keniata de Kyuso, en el que instalaron sensores de movimiento (acelerómetros) para capturar los movimientos de la palanca de la bomba. Adicionalmente, se instaló un transmisor que enviaría la información capturada por los sensores a la Universidad.

Una vez que los datos comenzaron a llegar, los investigadores de Oxford llegaron a la conclusión de que no solo podían saber si la bomba estaba funcionando o no, sino que también disponían de información como el flujo de agua según horas, desempeño de la bomba, periodos de más demanda de agua, etc. Basándose en estos datos, se ha diseñado un proceso de toma de decisiones más ajustado a datos reales y es más fácil averiguar el momento justo en el que se rompe una bomba (acortando dramáticamente los tiempos de reparación de la misma o incluso adelantándose a la avería),y donde y cuando las necesidades de agua son más acuciantes.

Gracias a este proyecto, se ha conseguido reducir el tiempo durante el cual las bombas están estropeadas en un factor de diez y el porcentaje medio de bombas en funcionamiento ha pasado del 67% antes del proyecto a un 98% gracias a los sensores instalados.

De forma similar, en Ruanda, la empresa Sweetsense emplea sus sensores para monitorizar bombas de agua El dispositivo identifica las bombas estropeadas y alerta a los equipos de mantenimiento mediante SMS y correo electrónico. Actualmente, en el ámbito de varios proyectos de cooperación al desarrollo, los dispositivos de Sweetsense se ha usado para monitorizar fogones de cocina en India, monitorización de letrinas en Bangladesh, filtros de agua en Indonesia…

En Indonesia se ha implantado un programa en el que se usan sensores de flujo de agua y detectores de movimiento para comprobar la efectividad de los “trainings” acerca de higiene que se imparte a la población local. En concreto, se monitoriza si la gente se lava las manos después de usar las letrinas y se contrastan estos resultados con las encuestas realizadas entre los beneficiarios del programa para tomar medidas en casos de discrepancia.

En regiones de China, India y África, se están instalando pequeñas estaciones metereológicas conectadas que permiten monitorizar el tiempo y accionar las bombas de riego en función de las condiciones metereológicas, ahorrando grandes cantidades de agua en el proceso.

Como hemos visto, el IoT no solo está ayudando a los habitantes de países en vías de desarrollo a beber agua limpia, sino que además, esta tecnología está ayudando de forma determinante a implementar programas de saneamiento más eficientes y a fomentar la economía del agua, que si ya es trascendente, en las próximas décadas tendrá una importancia capital. El trabajo que queda por hacer es hercúleo, pero las herramientas de las que disponemos, son formidables.

Miguel Angel Fernández Otero es Product Manager en Barbara IoT, empresa especializada en desarrollo de Software y Firmware seguro para dispositivos conectados (‘Internet of Things’).