Fármacos de uso cotidiano pero también la creciente demanda de soluciones para enfermedades menos comunes son dos de las pequeñas patas sobre las que se asienta una industria que no deja de crecer. Las pedaladas con las que se impulsa el sector farmacéutico y sobre las que nos hablan Juan José Polledo, director de relaciones institucionales de Celgene, Teresa Millán, directora de asuntos corporativos de Lilly, Luis Cordero, director de relaciones institucionales de AstraZeneca, moderados por Francisco Javier Fernández, dircom Farmaindustria, los cuales han sentado las bases del futuro que tiene que afrontar la industria y la relación que ésta guarda con la sociedad.

Inversión o gasto es una dicotomía que siempre ha perseguido al sector de la farmacia. Algo que Juan José Polledo considera obligado poner en valor para que la sociedad vea las ventajas que la farmacéutica puede poner en la mesa. En este sentido, el representante de Celgene remarca que “nunca las innovaciones sanitarias no han sido rentables para la sociedad”, un concepto al que asintieron los demás ponentes.

Innovar y mejorar la salud con una permanente inversión, así es el sector de la farmacia para que pueda seguir teniendo esta relevancia social y económica que se le presupone. Eso implica, en opinión de Luis Cordero, que “haya una transferencia de conocimiento que lleve a soluciones reales para el día a día”. Esa es la clave para que las soluciones costosas puedan llegar a ser asumibles en cualquier tipo de patología.

Luis Cordero y Teresa Millán durante su intervención.

Retos que a menudo se sitúan en el presupuesto y que la industria resuelve con la devolución práctica que hace con esto a la sociedad. Cualquier mejora, recuerda Teresa Millán, es rápidamente aplicable a la salud pública y permite que se vayan asumiendo día a día para que sean útiles para el conjunto de la sociedad.

El desafío del estado del bienestar, al cual se quiere proteger y prolongar, es una de las claves a las que enfrentarse para maximizar las ventajas del cambio en un sistema sanitario más eficiente, remarcó Luis Cordero.

Trabajar, mejorar y hacer visible es una terna a la que Polledo también quiso dedicar unas palabras, reivindicando el foco que la sociedad debe poner en una industria que se encuentra a su servicio para hacer mejor su día a día.

“Hacer eficiente el gasto es saber también dónde va a parar lo que se ahorra tras innovar en sanidad”, incide Polledo, el cual considera que el gasto en sanidad no es un gasto, sino que es una inversión.

Visible y de puertas abiertas, así es también el reto al que se enfrenta la industria ahora. Según Teresa Millán, en el pasado la industria desarrollaba sus productos de una forma más oculta. Ahora la colaboración entre hospitales, universidades y laboratorios permite avanzar más rápido que años atrás.

En ello coincide Luis Cordero, el cual no imagina la investigación sin compartir el conocimiento ni avanzar conjuntamente. “El conocimiento avanza cuando se comparte, se compite y se sabe hacia dónde se quiere ir”, matizó.

Juan José Polledo y Francisco Javier Fernández durante la última mesa redonda.

Un último caballo de batalla, el de la relación entre clínico y laboratorio, también apareció. Un tema que el paciente a veces percibe como negativo pero que realmente es necesario para saber la evolución del sector.

“La sociedad demanda transparencia y los clínicos son los que están en contacto con ellos para contactar con el laboratorio”, indica Teresa Millán. Una tarea, la de la claridad, que también hiló el discurso de Juan José Polledo, que remarcó la necesidad de que el paciente pueda ver con claridad esta relación y que sepa que está orientada hacia su bienestar.