Siete lecciones del Laboratorio de Innovación de Harvard

Bill Gates, Paul Graham, Mark Zuckerberg… no sabemos qué les dan de desayunar en Harvard a sus alumnos pero, por si fuera poco, desde 2011 la institución educativa lleva a cabo un programa que, bajo el nombre de ‘Harvard Innovation Lab’, trata de fomentar (¿todavía más?) el interés de sus estudiantes por el emprendimiento y la innovación. Estas siete lecciones resumen el espíritu del laboratorio.

Siete lecciones del Laboratorio de Innovación de Harvard

1. Sé una esponja
Todo innovador es, por definición, intelectualmente curioso y dispuesto a absorber cualquier tipo de información que pueda alimentar a sus ideas. Uno de los principios rectores del I-lab es permitir a sus alumnos aprender tanto como ellos quieran, para lo que llevan a cabo programas de mentoring,

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2. Un lugar estrecho es un buen sitio por el que empezar
Aunque las grandes ideas son geniales, la mayoría de nosotros contamos con recursos ilimitados. Por ello, tratar de crear el próximo Amazon o Google desde cero puede hacer que pronto termines quemado y frustrado. En lugar de eso, comienza por un punto más focalizado y trata de crecer desde ahí. Hazlo simple.

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3. La competitividad es algo bueno
Ya sea en el mercado o entre compañeros, la competitividad crea un sentimiento de urgencia y motivación capaz de desatar la innovación. Para fomentar esta idea desde el I-lab establecen desafíos para los estudiantes, que se enfrentan al reto de dar solución a un problema real. Este tipo de ejercicios creativos a desarrollar en grupo y en un ambiente competitivo ayuda a mejorar el pensamiento innovador.

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4. Las ideas son importantes, pero lo que cuenta es su ejecución
Hay montones de personas ahí fuera con buenas ideas. Sin embargo, lo verdaderamente crucial es cómo la haces realidad, desde el equipo que formes hasta la estrategia que sigas, pasando por cómo se desarrolle el producto o servicio o cómo se publicite.

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5. Pasa tiempo con personas diferentes a ti
De acuerdo con los principios del I-lab, cuando unes en un grupo de trabajo a personas con una experiencia y punto de vista similares estás limitando el potencial de la innovación. Todos los proyectos del Laboratorio se llevan a cabo por alumnos que nunca antes habían tenido contacto entre sí y que vienen de culturas y sectores diversos.

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6. Mejorar significa fracasar
Los alumnos de Harvard no están demasiado acostumbrados a fracasar. Sin embargo, ser creativo e innovador significa que, antes de alcanzar tu meta, tendrás que probar muchas cosas que no funcionan. Desde el I-lab retan a los estudiantes a trabajar durante semanas en el desarrollo de prototipos de no funcionan o desde perspectivas erróneas antes de centrarse en la combinación realmente exitosa.

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7. La innovación se cocina a fuego lento
Pese a lo que muchos creen, las ideas innovadoras no suelen ser como una bombilla que de pronto se enciende, sino el resultado de un largo proceso y de mucho esfuerzo. Por ello, cuando el I-lab lleva a emprendedores exitosos a compartir su experiencia con los alumnos, les pide que no se centren en el “y fueron felices y comieron perdices” de su historia, sino en aquellos momentos en que nada parecía funcionar y en cómo lo superaron.

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