Aumentan las expectativas de estar siempre disponibles y listos para proporcionar el mejor de nuestros servicios y nuestras oficinas se convierten en centros sociales para atraer y retener a jóvenes trabajadores con ansias de poner en marcha sus habilidades y el peligro de dejar que nuestros trabajos nos absorban se vuelve amenazante. Es fácil pasar por alto la invasión laboral en nuestra vida. Hasta que un día te despiertas y te das cuenta de que no tienes trabajo, el trabajo te tiene a ti.

Aquí hay tres maneras de saber si estás dejando que el trabajo te domine.

Conviertes tu tiempo libre en trabajo. La carga emocional que implican algunos trabajos (enfermeras, trabajadores sociales, militares) se pueden trasladar a tu tiempo libre. Dejar que las emociones de tu trabajo formen parte de tu vida personal, puede ser síntoma de incapacidad de dejar el trabajo en el trabajo. Si durante una soleada tarde de sábado estás obsesionado por cómo un compañero de trabajo interrumpe cada reunión que hacéis o estás comprobando constantemente tu correo electrónico durante unas vacaciones, estás asumiendo una carga extra que no es necesaria para realizar ese trabajo.

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Tus subidas o bajas de autoestima dependen de lo que sucede en la oficina. Solo te valoras en función de tu rendimiento en el trabajo. Es humano enorgullecerse cuando te felicitan por un buen trabajo, al igual que lo es encogerse de vergüenza cuando cometes un grave error. Pero la mayoría de nosotros comos capaces de analizar esos sentimientos con perspectiva y reconocer que nuestra profesionalidad es un aspecto de nuestra personalidad. Puedes ser el “empleado del mes” y aún así ser un incompetente o tener un mal día en el trabajo y aún así saber lo valioso que eres. Si tu cabeza piensa lo contrario, es el momento de volver a examinar tu relación con el trabajo.

Vives para trabajar, te guste o no. Que te guste lo que haces es admirable, pero orientar tu vida en torno a un trabajo más allá de la necesidad, no lo es. ¿Tus destino de vacaciones lo determina el número de días que crees que puedes coger o el lugar al que realmente te gustaría ir? ¿Faltas a reuniones familiares o con amigos para hacer horas extras en el trabajo e impresionar a tus jefes? ¿Vas a trabajar enfermo porque crees que quedarse en la cama podría perjudicar a tu equipo? Si piensas en ti primero como en el empleado de alguien y segundo como en persona autónoma, dale una vuelta a tu perspectiva. Dedicarse a tu trabajo es una cosa, la servidumbre autoimpuesta es otra. Aprende a diferenciar.