Comprometerse con una identidad, en lugar de centrarse en el crecimiento. Tener claro quién eres te permitirá perseguir los objetivos que se ajustan a esa identidad, en lugar de quedarte atrapado en la idea de crecer. Mantente fiel a tu propuesta de valor.

Traducir la “estrategia” en tu “día a día”. Averiguar qué capacidades corporativas realmente se ajustan a tus objetivos estratégicos para aspirar a la excelencia funcional y disipar tus energías en ser bueno en todo.

Que tu cultura apoye a tu estrategia. Determina tus fortalezas y aprovéchalas.

Reduce el coste para crecer más fuerte. Invierte en ser diferente.

Da forma al futuro. Necesitas la capacidad de re-imaginar tus capacidades y crear una demanda en ellos. “Apple ha tenido que recordar quién era Apple y no tratar de vencer a Microsoft”, señala Paul Leinwand, uno de los autores del libro.