Luis del Olmo posa en exclusiva para el objetivo de la revista Forbes © Xavi Torres-Bachetta

En 1973 se hizo cargo de Protagonistas, reestructurando por completo el formato inicial, hasta que el 13 de diciembre del 2013 lo dejó por jubilación.

Luis del Olmo está considerado el creador del género de las tertulias radiofónicas, de la apertura de los micrófonos al oyente y de las salidas de la radio a la calle, emitiendo su programa desde los teatros más emblemáticos del país. También ha realizado su programa en lugares tan insólitos, como el interior de una mina, el Pozo Calderón de Villabino o La Catedral de Burgos. Tampoco le ha importado cruzar las fronteras y ha hecho Protagonistas en directo desde puntos tan lejanos como Pekín, Moscú, Nueva York o en el campamento de la Brigada Plus Ultra en la base española de Diwaniya, en Irak.

Asimismo, ha recibido numerosos galardones como reconocimiento a su éxito y su capacidad profesional.

¿Cuándo se inició su vocación por la radio?

A los 14 años. Estudiaba bachillerato en el instituto, y aparecieron unas personas de Radio Juventud de Ponferrada buscando chavales que quisieran trabajar en la radio. Me apunté, me hicieron una prueba y, cómo les gustó mi voz y las entrevistas que hacía, me eligieron. A partir de ahí, es cuando la radio entra en mi vida.

Si no hubiera sido locutor de radio…

Probablemente me hubiera dedicado a lo que se dedicaban por entonces todos los chavales de Ponferrada, facultativo de minas, ya que El Bierzo y Ponferrada son comarcas mineras.

En 1973 se hizo cargo de Protagonistas, el programa más longevo y de mayor éxito de la radio española. De estas cuatro décadas de radio, ¿con qué se queda?

Me quedo con el aroma inconfundible que me daba la radio cuando la estrenaba cada día después de dar los “Buenos días, España” a los oyentes; primero, a través de Radio Nacional, luego desde la Cope, y después en Onda Cero y Punto Radio. Me quedo con esas cuatro horas diarias de Protagonistas, con los mejores tertulianos y profesionales que había en el mundo de la comunicación, y con las posibilidades de viajar a cualquier rincón, gracias a los importantes sponsors publicitarios que teníamos. Hoy en día, repasando mi vida, pienso que he tenido mucha suerte, y repetiría cada uno de los momentos que he vivido sin problema. Claro que también ha habido momentos amargos, pero a mis 80 años, echo la vista atrás, y pienso que ha merecido la pena.

Después de tantos años en primera línea de la información, el 13 de diciembre de 2013 puso punto final a su carrera, y fue precisamente en RNE, su primera casa, donde se le pudo escuchar su último: “Buenos días, España. Les habla Luis del Olmo”. Usted que ha tenido una vida tan activa, ¿cómo lleva la jubilación?

Ahora estoy en una jubilación jubilosa, y muy feliz. Pensaba que la jubilación me iba a volver un poco loco, porque no tenía un micrófono, pero resulta que ahora me estoy divirtiendo, no como antes, pero estoy viajando con unos compañeros por todos los rincones de España y disfrutando mucho. Allí donde me reclaman, sea para presentar un evento, hacer un pregón, o leer unos versos, voy. También juego al golf con mis amigos, como mínimo una vez a la semana, ya que me ayuda a mantenerme en forma.

¿Qué se aprende con la edad?

A no meter la pata, a respetar a la gente, y si alguna vez cometes alguna tropelía, a pedir disculpas. Pero afortunadamente, a mí me ha funcionado bastante bien el sentido común, y meteduras de pata, no he tenido muchas, aunque si he recibido algunas broncas por parte de mis directores, aunque las he salvado con bastante facilidad.

Usted que ha sido un número 1 en la radio, ¿entiende que la vida es una competencia en la que uno tiene que ganar mucho dinero y ser el mejor en su profesión?

No. Nunca me he propuesto levantarme a las cuatro de la mañana para ganar dinero, lo he hecho porque me encantaba mi trabajo, me enloquecía, y porque si no hubiera encontrado un micrófono con luz roja para dirigirme a los oyentes, me hubiera muerto de pena.

¿Se hacía mejor radio en su época?

No lo creo. Ahora se hace más radio, y las nuevas tecnologías permiten escuchar miles de emisoras con una nitidez asombrosa a miles de kilómetros. Hoy se hace muy buena radio y el oyente tiene oportunidad de escuchar seis o siete sintonías con muy buenas programaciones. En mi época compartía micrófono con mi querido amigo y hermano, Iñaki Gabilondo, y éramos los dos quienes nos repartíamos la audiencia, pero ahora se la reparten entre Carlos Herrera, Carlos Alsina, Alfredo Menéndez, Pepa Bueno, Mónica Terribas… que son todos números uno.

Ha mencionado a Carlos Herrera. Dicen que actualmente es el líder de las ondas, pero usted lo tuvo de segundo en Protagonistas durante varios años. Por aquel entonces, ¿intuía que llegaría tan lejos? ¿Qué es lo que más destacaría de él como comunicador?

Tuve la fortuna de ser uno de los que se fijaron en Carlos Herrera cuando era locutor en radio Mataró, y le examiné para cubrir una vacante que había. Entonces, era solo un crio, pero ya me di cuenta de la labia que tenía, imaginación, voz… Así que cuando pude, me lo traje a Barcelona, para hacer de segundo mío en Protagonistas. Una vez que ya fichamos por la COPE, a él se le presentó la oportunidad de sustituirme cuando cogí un resfriado muy fuerte, por el que tuvieron que ingresarme 10 días. Le pedí a Carlos que se pusiera delante del micrófono y, a partir de ese momento, se disparó su notoriedad, empezó a recibir propuestas de otras emisoras, y ahí está, siendo en este momento, si no el número uno, pues el número uno bis.

¿Cómo ve actualmente el mundo de las ondas y el de los medios de comunicación en general?

Con mucha tristeza e inquietud, como también lo ven los directores y administradores de estos medios. Espero que el final de esta crisis también sea para la radio, que es el medio más cercano y querido por mí, y confío en que mis queridos colegas que están en los micrófonos ahora puedan continuar con su trabajo sin que nadie les de un manotazo y los devuelva a su casa.

Ha trabajado en las mejores cadenas de radio de España. ¿Ha recibido alguna presión o amenaza para no hablar de ciertos temas?

No. Tenían muy claro que el que intentara presionarme, sabía que le iba a dar con la puerta en las narices, y no se dio el caso.

¿Cuál ha sido la entrevista en la que peor lo ha pasado?

La que hice a Jon Idígoras, aquel personaje siniestro perteneciente a la troupe de la banda criminal ETA. Aquello fue una bronca constante, ya que nada más abrir el micrófono comenzó a insultarme, y decir que yo engañaba al pueblo vasco, cuando en realidad lo que yo hacía era defender al mundo democrático que estaba siendo vilipendiado y amenazado siempre por la banda terrorista. A raíz de aquella entrevista, el Ministro del Interior, José Barrionuevo, puso a mi disposición unos escoltas de los que no me he separado hasta hace cinco años. La banda terrorista intentó asesinarme hasta en ocho ocasiones en el año 2001.

Fue pionero en sacar la radio a la calle, haciendo programas en capitales como Pekín, Moscú, Nueva York, etc. De estas experiencias, ¿cuál le hizo sufrir más?

Quizá la de Moscú, por el panorama que vimos allí, ya que cuando fuimos estaba todavía el partido comunista haciendo de las suyas. Íbamos con muchísimo cuidado, y con algún miedo, ya que hicimos el programa en unos estudios recién estrenados por la Administración rusa. Como anécdota, le diré que en uno de los paseos por la ciudad iba con el periodista Jesús Mariñas y tuvimos que regresar rápidamente al hotel porque debido al frío, a Jesús se le quedó helado y tieso su bigote. Otra anécdota fue cuando entrevistamos al embajador de España en Rusia, que nos invitó a comer en la embajada, y en los momentos previos al almuerzo me hizo una señal de que no hablara y me dirigiera hacia él, ya que donde yo estaba había micrófonos.

Usted que vive en Barcelona desde hace 50 años, ¿cómo ve la actual situación política de Cataluña?

En una entrevista que le hice a Artur Mas antes de retirarme, le dije: “Sáqueme usted de la duda presidente: yo amo a Cataluña, la defiendo y doy la vida por esta tierra, pero la doy también por el resto de España. ¿Qué es lo que tengo que hacer?” Y él me puso el ejemplo de un muchacho que se va a Nueva York, que se enamora de la ciudad y que llega a dar la vida por Nueva York y por EEUU, pero sin dejar de dar la vida por Cataluña. “Pues tú haz lo mismo -me dijo-, ya que me consta que das la vida por Cataluña y también por el resto de España”. Así que en ello continúo, rompiéndome el espinazo a favor de Cataluña y de España, y esperando que prevalezca el sentido común.

Mariano Rajoy lleva más de cinco años como presidente del Gobierno, ¿qué nota le pondría?

Le pondría un 8, porque con tantas acusaciones y palos que está recibiendo, el tío aguanta, ¿no? Confío en el sentido común, del presidente de la nación y de los presidentes de todos los partidos, para que no nos lleven a un descalabro del que nos podamos arrepentir. Yo que he vivido la dictadura, no me gustaría que mis hijos y mis nietos volvieran otra vez a aquellos tiempos.

Ninguno de sus tres hijos ha seguido sus pasos en las ondas. ¿Le hubiera gustado que alguno de ellos lo hubiera hecho?

El pequeño colabora en la cadena Cope los fines de semana. Tiene alma de periodista, pero no se ha atrevido a coger el micrófono de Protagonistas, que es lo que me hubiera gustado.

A lo largo de su carrera, ¿se ha puesto en contacto con usted algún partido político para que fuese en sus listas?

Si, en la época de Alfonso Suárez, el entonces alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahagún, me invitó a responsabilizarme del partido en Cataluña.

¿Se ha llevado muchas decepciones en la vida con personas en las que confiaba plenamente?

Sí, ha habido bastantes personas que me han decepcionado, pero sobre todo uno que ha abusado de mi confianza y me ha dejado medio arruinado. Me refiero a Rogelio Rengel. Este personaje, era un hombre que formaba parte de mi círculo familiar, que tenía la llave de mi casa y, de pronto, no sé qué le pasó, pero me quitó varios millones de euros. No se ha llevado parte de mi vida, pero si una buena parte de mis ahorros de toda una vida. El juez le ha condenado a 10 años y medio de prisión y debería indemnizarme, pero ya sé que no recuperaré ni un euro.