1. Tienes siempre dudas
Crees que puedes afrontar diferentes situaciones pero, a la hora de la verdad, los nervios y la incapacidad para elegir el camino correcto te invaden impidiendo que realices tu trabajo. No muestras seguridad porque, en el fondo, no tienes los conocimientos necesarios para ello.

2. No estás capacitado para tomar decisiones
Tener la mente fría y saber en cada momento cuál es la opción que beneficiará a la empresa sigue siendo tu asignatura pendiente. Eres incapaz de creer firmemente en algo y apostar por ello. En cambio, te ocultas en un mundo de indecisión y dejas en manos de otros lo que, en teoría, forma parte de tu trabajo.

3. Te mantienes al margen de los problemas
Eres el jefe de la empresa pero no muestras interés por hacer que el funcionamiento de la compañía sea el adecuado y consiga el éxito. No solucionas los frentes que se abren en el día a día y no muestras valentía para afrontar lo que falla y modificarlo.

4. Consigues engañarte a ti mismo
A pesar de todo, te consideras una persona altamente cualificada para organizar a todo un equipo de trabajo. Confías en tus habilidades y crees que estás desarrollando una buena labor cuando, en realidad, las cifras indican todo lo contrario.

5. Estas demasiado obsesionado con el éxito
Tu única objetivo dentro de la empresa es conseguir el éxito que crees que te mereces. Utilizas cualquier herramienta para alcanzar tus metas. Los empleados de la compañía son números para ti con los que crecer profesionalmente. No te importa el cómo sino el qué.

6. Te crees superior a tu equipo
Tienes demasiado elevado tu ego y no valoras realmente los conocimientos de tus compañeros. Crees que por tener una categoría mayor dentro de la empresa, te mereces un trato diferente. Eres incapaz de reconocer el trabajo otros que están tanto o más capacitados que tú.

7. Esperas sentado a recibir beneficios
No valoras las oportunidades que te cruzas en el camino ni investigas nuevos métodos de negocio con los que tener un mayor éxito. Te has acomodado y esperas a que sean otros quienes hagan el trabajo y saquen adelante tu negocio.

8. No asumes tus responsabilidades
Este punto podría ser un resumen de todos los anteriores. En definitiva, no estás preparado para ser el jefe de una empresa. Tu falta de compromiso queda patente en cada uno de tus movimientos. Quizás no sea el momento para encabezar la dirección de todo un equipo. Rectifica a tiempo.