Además de dar forma a absolutamente toda la materia que existe en el universo, los elementos de la tabla periódica ganan y pierden fama con el tiempo según cambian sus usos, su disponibilidad y su demanda. En los últimos años, el litio necesario para las baterías y el silicio que compone los chips informáticos han sido algunos de los que más atención han recibido, seguidos por el uranio, que ha vuelto al radar público a causa de la crisis energética.

Pero hay más elementos químicos a la espera de ocupar el sitio que les corresponde en la sociedad y los mercados. Uno de ellos es el osmio en su forma cristalina, cuya rareza y cualidades físicas y estéticas podrían convertirlo en la nueva expresión del lujo y la inversión. Y todo ello gracias a la innovación tecnológica que, recientemente, ha alumbrado un proceso capaz de volverlo inocuo y cristalino.

“El osmio en bruto es un polvo grisáceo y opaco, perjudicial para la salud, pero desde finales de 2013 se puede cristalizar, cambiando su estructura química y física, del mismo modo que el carbón se puede convertir en diamantes. Gracias a esta operación, se vuelve inofensivo y se alza como el más noble de los metales preciosos debido a su gran pureza”, afirma la directora del Instituto del Osmio en España, Marion Langenscheidt. De los ocho metales preciosos que existen en la Tierra, para Francisco Javier López, CEO de Silver-Gold Patrimonio, primer mayorista de metales preciosos en España que ofrece osmio cristalino a sus clientes, este despunta por “su extraordinaria belleza”. Y añade: “Al sol, su resplandor es deslumbrante, a tal punto que también se conoce como el sunshine element o el elemento del brillo solar”.

El osmio en su forma cristalina, cuya rareza y cualidades físicas y estéticas podrían convertirlo en la nueva expresión del lujo y la inversión

Para garantizar las propiedades de calidad y pureza del osmio cristalino que se comercializa, Langenscheidt explica el viaje completo de este elemento hasta que llega al mercado: “El osmio en bruto se importa a Suiza desde minas certificadas internacionales. Allí se cristaliza y se exporta a Alemania, donde se certifica y comienza su camino hacia los distintos institutos internacionales. A partir de ahí, el osmio pasa a los comerciantes y mayoristas certificados”.

Con todas las garantías de autenticidad cubiertas, llega el momento de estudiar su comercialización. En este sentido, Langenscheidt cuenta que “el Osmio se puede adquirir en forma de discos y barras, los cuales a su vez se pueden cortar en casi cualquier forma deseada mediante electroerosión por alambre”. Gracias a esta versatilidad, afirma que “ya existen algunas formas concretas como corazones, estrellas, letras y números que se venden en serie, pero también se pueden cortar formas personalizadas a medida para el cliente”.

La nueva fiebre del osmio

Está claro que el osmio destaca por su belleza, pero su escasez también será un motor clave para potenciar su demanda y convertirlo en un activo de alto valor. La responsable resume: “Sólo hay una cantidad muy pequeña en la corteza terrestre. Esto significa que los depósitos de osmio son finitos, lo que hará que las joyas fabricadas con este exclusivo elemento sean aún más deseables en el futuro”.

Actualmente, el precio del osmio no se correlaciona con el de otros metales preciosos ni con otros activos tangibles en general. “Ha demostrado ser muy estable en cuanto a valor, lo que, según la teoría moderna de carteras, lo cualifica para allanar una cartera de inversiones. Una adición de entre el 0,5% y el 20% de osmio optimiza una cartera de inversión de, por ejemplo, acciones y bonos. Esto significa que se minimiza la volatilidad y, por tanto, el riesgo,
y al mismo tiempo se aumenta la rentabilidad”, señala.

Cuando las reservas del osmio se agoten, “el precio del osmio podría cambiar a pasos agigantados”, apunta Langenscheidt. Y es que no solo es el más escaso de los metales preciosos, también es el más escaso de los elementos no radioactivos y su extracción está obligatoriamente vinculada a la del platino. La responsable detalla: “10.000 toneladas de mineral de platino no contienen más que una onza de osmio aproximadamente, así que, cuando la extracción del platino desaparezca, la cantidad de osmio disponible para la cristalización se reducirá a cero”, pues resulta imposible obtenerlo de forma sintética, al menos de momento.


Su futura escasez hace del osmio un producto de inversión más que atractivo para cualquier cartera de valores.

“Algunos miembros creen que se agotará en unos años”, afirma. Y, aunque reconoce que “el plazo es difícil de determinar, podría ser entre los próximos ocho años y 15 años”. Cuando su agotamiento culmine “habrá cada vez menos osmio disponible para la venta al por menor hasta que solo esté disponible a través de recompras de los inversores”, señala.

“Cuando eso pase, su precio dejará de ser controlable. Según algunos expertos, podría aumentar diez veces sobre los niveles actuales o incluso más”, añade. En su opinión, todas estas cualidades lo convierten en “un activo tangible a tener en cuenta a la hora de constituir una cartera, sobre todo ahora que los precios siguen siendo asequibles”. Y concluye: “Siempre hay que tener en cuenta que se trata de una inversión en activos tangibles a largo plazo, no una inversión especulativa”.