Las dos Coreas se preparan para poner fin a un conflicto que nunca terminó. Los combates de la Guerra de Corea (1951-1953) cesaron con la firma de un acuerdo de armisticio hace casi 70 años, pero nunca se firmó un tratado de paz. Por lo tanto, los dos países siguen técnicamente en guerra. Ahora, Corea del Norte y del Sur, Estados Unidos y China han cerrado un «acuerdo de principio», a modo de borrador, para concluir en los próximos meses un tratado que oficialmente le ponga fin.

Siete décadas de separación por el paralelo 38 –línea que divide la península por la mitad– han provocado que las dos Coreas, unidas en un mismo país desde hace siglos, opten por dos modelos económicos radicalmente opuestos: la República Popular Democrática de Corea (Norte), con una economía planificada y autárquica bajo los principios de la doctrina «Juche«; y la República de Corea (Sur), con un sistema capitalista abierto al exterior y con un potente músculo exportador.

Un tratado de paz significaría, en primer lugar, un impulso a la economía de Corea del Norte, ya que la meta del gobierno de Kim Jong-un es que Estados Unidos relaje las sanciones que limitan su comercio internacional. Debido a la proliferación de su programa nuclear, la República Popular Democrática de Corea es objeto de múltiples sanciones que le impiden importar y exportar multitud de productos, además de dejarla casi fuera del sistema internacional de transferencias bancarias.

El objetivo de Corea del Sur, a cambio de levantar parte de la sanciones, es que Corea del Norte comience un proceso de desnuclearización que garantice la paz en la península. En los últimos años, el Norte ha desarrollado un arsenal de misiles balísticos que podrían golpear a su vecino del Sur, Japón e incluso se especula que el Hwasong-15 podría llegar hasta Estados Unidos. Si el tratado se firmara con esas condiciones, el Sur lograría vivir sin temor a que su vecino lance una bomba nuclear y el Norte habría conseguido usar su arsenal para conseguir beneficios económicos.

Corea del Norte: la dinastía de los Kim

En el norte de la península coreana, la familia Kim ha establecido una dinastía de tres generaciones de líderes que comenzó con Kim Il-sung y continúa ahora con Kim Jong-un. La República Popular Democrática de Corea tiene una economía fuertemente controlada por un gobierno que determina qué se debe producir, en qué cantidad y a qué precio se debe vender.

El tejido industrial de Corea del Norte quedó prácticamente destruido tras los tres años de guerra. En la inmediata posguerra, el país alcanzó un alto índice de crecimiento gracias a la ayuda de otros países comunistas, especialmente la Unión Soviética y la República Popular China. Sin embargo, las relaciones entre las dos potencias comunistas se volvieron muy tensas a finales de los años 50 y principios de los 60 por la desestalinización impulsada por Nikita Khrushchev, una decisión criticada por Mao Zedong. El apoyo soviético al Norte decayó, ya que Pyongyang se alineó con China.

El colapso del bloque comunista entre 1989 y 1992 obligó a la economía norcoreana a reajustar sus relaciones económicas exteriores, incluyendo el aumento de los intercambios económicos con Corea del Sur. China, destino del 67% de sus exportaciones, es su mayor socio comercial.

Entre 1990 y mediados de la década de 2000 se produjeron graves hambrunas debido a la mala gestión económica y a la pérdida del apoyo soviético, lo que provocó un descenso de la producción y las importaciones de alimentos. La crisis se vio agravada por una serie de inundaciones y sequías. La comunidad internacional proporcionó ayuda alimentaria hasta 2009. Desde entonces, la producción de maíz y arroz ha mejorado.

Su capacidad industrial está muy dañada tras décadas de mala gestión, falta de inversión, escasez de repuestos y mantenimiento inadecuado. Sus gastos militares y en programas de misiles balísticos impiden que las finanzas públicas puedan invertir en programas económicos o en gasto social.

Corea del Sur: una economía a velocidad de crucero

Para Corea del Sur, los setenta años que pasan desde la firma del armisticio en 1953 son una historia económica de éxito. Su PIB ha crecido de 7.000 millones de dólares (6.187,36 millones de euros) en 1970 hasta rondar 1,6 billones (1,4 billones de euros) en 2020, según datos del Banco Mundial. Es uno de los países con mayor desarrollo económico que ha experimentado en la segunda mitad del Siglo XX y la primera de XXI.

Las industrias del automóvil, el transporte marítimo, la electrónica y la tecnología son algunos de los pilares de su economía. Su sector empresarial está dominado por los llamados chaebols, conglomerados industriales muy diversificados controlados por familias. Uno de los más importantes es Hyundai, en manos de los descendientes de Ching Ju-yung. Hyundai es el ejemplo perfecto porque fabrica de todo, desde coches a grandes almacenes, pasando por la construcción de barcos.

Otros chaebols conocidos son Samsung y LG Corporation, empresas que se han hecho famosas por exportar productos electrónicos como televisores, tabletas y teléfonos inteligentes a todo el mundo. En los últimos años, la exportación de productos culturales surcoreanos por todo el mundo ha cobrado especial importancia, con El juego del calamar como gran exponente. Pero también lo es el K-Pop, un género musical que está cosechando un gran éxito en países como Estados Unidos.

El posible tratado de paz entre las dos Coreas, o su eventual reunificación, tiene un especial interés económico en la llamada Región Industrial de Kaesong (RIK). La RIK se encuentra en Kaesong, Corea del Norte, y la región fronteriza alberga varias empresas surcoreanas que emplean a unos 53.000 y 800 trabajadores norcoreanos y surcoreanos, respectivamente. Estos salarios generan 90 millones de dólares (79,5 millones de euros) que se pagan cada año al gobierno de la República Popular Democrática de Corea. Es un pequeño experimento que permite vislumbrar cómo podría ser un futuro pacífico.