Algunos directores ejecutivos, especialmente en las grandes empresas, tienden a ser egocéntricos, ignorantes, confiados y totalmente convencidos de su propio genio.

Para llegar a dirigir, los futuros CEOs necesitan empatía y humildad, es decir, poner sus propias ideas a un lado en favor de las de otras superiores. Sin embargo la realidad es muy diferente: el ejercicio del poder, ya sea corporativo o político, causa un daño cerebral medible, según un estudio realizado en la Universidad de McMaster en Ontario.

El neurocientífico Sukhvinder Obhi explica en un artículo reciente en ‘El Atlántico’ que ha estudiado el cerebro de líderes poderosos y los resultados confirman que el poder perjudica a un proceso neural específico,” y “puede ser una piedra angular de la empatía”.

Gracias a este estudio conocemos que los acontecimientos exteriores pueden causar cambios en la estructura del cerebro porque el cerebro humano posee la característica de neuroplasticidad.

Los resultados del estudio de Obhi se hacen eco de veinte años de experimentos del profesor de psicología Dacher Keltner en la Universidad de California en Berkeley, quien descubrió que las personas “bajo la influencia del poder … actuaron como si hubieran sufrido una lesión cerebral traumática, volviéndose más impulsivos, menos conscientes del riesgo y, crucialmente, menos adeptos a ver las cosas desde el punto de vista de otras personas”.

Según un artículo de referencia en ‘Brain: A Journal of Neurology’, en los casos más pronunciados, el daño cerebral puede crear una condición llamada “Síndrome Hubris”, que se manifiesta como algunos o todos estos comportamientos: Tendencia a actuar principalmente para mejorar la imagen personal, demostrar preocupación desproporcionada por la imagen, exhibir exaltación en la comunicación oral, demostrar demasiada confianza en sí mismo, despreciar a otros, perder contacto con la realidad y ser inquieto, imprudente e impulsivo.

Si quieres evitar sufrir daños cerebrales sin renunciar a tu liderazgo, debes tomar alguna de estas medidas para evitarlo: Mantenga a las personas en tu vida que mantienen tus “pies en el suelo”, recompensa la honestidad y penaliza la adulación de empleados y asesores, evita las trampas de poder y privilegios que sólo sirven para aislarte de la interacción humana normal.