La industria cinematográfica se ha visto muy afectada por el covid-19. El confinamiento y las medidas de seguridad sanitaria obligaronn a las salas de cine y a los platós de grabación a echar el cierre durante meses. Además, el número de películas que se produjeron en 2020 disminuyó significativamente frente a al ritmo al que estaba acostumbrada esta industria. Por no hablar de los cientos de lagrometrajes que han tenido que retrasar su estreno, como la nueva entrega de James Bond, No Time To Die, originalmente programada para abril del año pasado y que se ha pospuesto hasta octubre de 2021.

Prorrogar varias películas ha creado un efecto dominó que afectará a la producción de nuevas cintas durante años. Y no se salvan ni los gigantes como Marvel, que tuvo que retrasar el lanzamiento de La Viuda Negra hasta este mes de julio y, con ello, se descoloca el eje cronológico previsto para los nuevos lanzamientos de su universo de ficción. Estos mismos cambios en los estrenos de las películas que las productoras tienen en la nevera están provocando que muchos estudios estén centrados en gestionar la logística de sus filmes que están actualmente en producción o preproducción, en lugar de buscar nuevas películas. Algo que podría dar lugar a una escasa tirada de largometrajes durante los próximos años.

El streaming gana terreno

Sin embargo, hay quien se ha beneficiado de los cierres de las salas de cine, que han afectado tanto a las grandes como las pequeñas y han obligado a muchas de ellas a colgar el cartel del cierre definitivo. ¿Quién gana? Las plataformas de streaming, que han servido de pantalla para muchas de las películas que se han quedado en la cola.

Universal Pictures llegó a un acuerdo con la cadena de cines AMC Theaters para reducir el tiempo de exhibición de sus películas de forma exclusiva, que ha pasado de ser de 90 días a 17 días. Por su parte, Warner Brothers comenzó a estrenar sus nuevas películas en HBO Max el mismo día que salían frescas a la gran pantalla. Una medida que se extenderá al menos hasta finales de 2021. En la misma línea, Disney+ ha lanzado en streaming algunas películas nuevas con un coste adicional y otras incluidas en el precio de la suscripción básica.

Las salas de cine y el streaming luchan por ganar la guerra de captar a los clientes, pero muchos expertos creen que ambos pueden coexistir. Es probable que las películas, por ejemplo, se estrenen simultáneamente en ambos canales, pero aporten experiencias muy diferentes para los espectadores.

Diferencias con el pasado

En el futuro, el cine y la forma de consumirlo podría ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados. El aumento del coste de la seguridad por las medidas contra el covid-19 en los rodajes ha sido un camino de piedras para los cineastas independientes. Los estudios más grandes suelen tener recursos para financiar y comercializar sus películas y pueden asumir mayores riesgos financieros, pero los más pequeños tienen ahora el problema añadido de encontrar más dinero. Al menos durante los próximos años, es probable que haya menos películas de este tipo.

Sin embargo, más estudios cinematográficos ampliarán su oferta de animación, ya que suelen ser más fáciles de producir virtualmente, con animadores que trabajan desde diferentes lugares, lo que reduce la necesidad de medidas de seguridad adicionales.

Ver películas en el cine ha sido, durante mucho tiempo, un elemento básico de la industria del entretenimiento, pero la pandemia puede haberlo cambiado. Más streaming, menos películas y más animación son algunos de los cambios que podemos esperar de la industria para los próximos años.