Toni Nadal, entrenador de Rafa Nadal durante 27 años, se incorpora a Zinco como cliente, inversor y aliado de su misión. Lo que comenzó como la búsqueda de una persona que representara los valores de la compañía terminó con algo que sus fundadores no esperaban: Toni Nadal decidió confiar en Zinco como cliente e invertir en ella.
La relación entre Nadal y la firma española de asesoramiento empresarial se articula bajo el concepto “Ayudar a las empresas de este país a alcanzar su máximo potencial” y parte de una visión compartida: el empresario es quien toma las decisiones, pero no debería tener que afrontarlas solo.
Todo comenzó con una pregunta sobre quién podía encarnar la filosofía de Zinco. Los fundadores, David Alonso y Álvaro Mato, identificaron una brecha clave en el mercado que definen como The Founders’ Secret: detras de compañías extraordinarias con asesores fiscales, laborales, contables o legales, los empresarios continuaban sintiéndose solos en las decisiones estratégicas cruciales. Mientras el tejido empresarial evolucionaba rápidamente, el sector del asesoramiento mantenía dinámicas de décadas pasadas. Zinco nació para transformar esta relación y, tras unos meses de andadura, surgió una segunda cuestión: ¿quién podía poner cara y voz a esta forma de entender el acompañamiento al directivo?
Buscando una figura de referencia, la compañía descartó perfiles orientados únicamente a la notoriedad. Zinco necesitaba a alguien acostumbrado a trabajar al lado del líder, exigirle, decirle la verdad incluso cuando resulta incómoda y ayudarle a alcanzar su máximo potencial sin arrebatarle el protagonismo. A través de la mediación de Luis Llagostera –cercano al proyecto y exprofesor de una de las hijas de Toni Nadal en el IEB–, se concretó un primer encuentro. Lejos de plantearle una campaña convencional, los fundadores mostraron a Nadal el proyecto desde dentro: sus errores, la tecnología en desarrollo, las asesorías que integraban y el cambio profundo que buscaban para el empresario.
De posible embajador a cliente e inversor
La respuesta de Toni Nadal transformó por completo el alcance de la reunión. Tras conocer la propuesta, decidió ir más allá de un acuerdo comercial: se convirtió en cliente, invirtió en la compañía y asumió la tarea de dar a conocer su misión. En el ecosistema emprendedor, la figura del believer define a quien no solo cede su imagen, sino que utiliza el servicio, arriesga su propio capital y compromete su credibilidad porque cree en la visión a largo plazo de la empresa.
La conexión de Nadal con el proyecto responde a la necesidad de resolver la fragmentación histórica del sector. Tradicionalmente, la asesoría se ha estructurado en departamentos aislados –fiscal, laboral, contable y legal– que obligan al propio empresario a conciliar criterios y conectar la información por su cuenta. Frente a esta operativa reactiva, donde las soluciones llegan con frecuencia cuando el problema ya ha impactado en la empresa, Zinco busca la anticipación.
Modelo integral
Para revertir esta lógica, Zinco integra en una sola estructura la contabilidad, la fiscalidad, la gestión laboral, el asesoramiento legal, la dirección financiera externa y la búsqueda de financiación. Su modelo combina la atención de un especialista de referencia con tecnología propia e inteligencia artificial, automatizando las tareas repetitivas para dedicar el criterio humano a interpretar datos y prever escenarios. “Durante demasiado tiempo hemos dado por hecho que asesorar consiste en responder cuando el cliente pregunta. Nosotros creemos que nuestro trabajo empieza antes: entendiendo su negocio suficientemente bien como para ayudarle a formular las preguntas que todavía no sabe que tendrá que hacerse”, afirma Eduardo Chaperón, Managing Partner de Zinco.
El crecimiento de la firma avala esta propuesta de valor. Zinco presta servicio a más de 10.000 empresas tras la integración de 10 asesorías y la incorporación de más de 300 profesionales. Con una facturación actual de 15 millones de euros, la compañía prevé cerrar el presente ejercicio rozando los 30 millones de euros. Más allá de la escala, el objetivo central de la firma es redefinir las expectativas del sector empresarial, pasando de la pura gestión administrativa a un modelo basado en la coordinación, la información anticipada y el acompañamiento estratégico.
Esta visión guarda una equivalencia directa con la trayectoria deportiva de Toni Nadal, quien durante 27 años acompañó a Rafa Nadal desde la exigencia y la preparación previa, sabiendo que el protagonismo al entrar a la pista correspondía al jugador. De forma análoga, el empresario es quien asume el riesgo, toma las decisiones críticas y lidera su organización. “Un buen entrenador no intenta jugar el partido desde el banquillo. Tiene que preparar al jugador, ayudarlo a ver qué puede mejorar y decirle la verdad cuando todavía puede hacer algo con ella. En una empresa sucede lo mismo: el empresario decide, pero tener a las personas adecuadas a su lado puede cambiar el resultado”, explica Nadal.
Bajo la premisa de “Ayudar a las empresas españolas a alcanzar su máximo potencial”, Nadal participará en contenidos, campañas y foros sobre empresa e inversión vinculados a la compañía. Su rol no consistirá en prestar asesoramiento técnico a los clientes, sino en actuar como altavoz de una metodología que ha testado como usuario y respaldado como inversor. El impacto de una gestión optimizada se traslada directamente al entorno social de la pyme, aportando al empresario mayor claridad estratégica y la capacidad de recuperar tiempo y tranquilidad en su gestión diaria. Lo que comenzó como una reunión estratégica en Espronceda 40 para buscar una imagen corporativa culminó con la incorporación de un believer comprometido con la transformación del sector.

