La salida a Bolsa de Anthropic puede convertir una de las apuestas más ambiciosas de la industria de la inteligencia artificial en una de las mayores operaciones de creación de riqueza de Silicon Valley. Los siete cofundadores de la compañía, que abandonaron OpenAI en 2021 para emprender su propio camino, podrían ver cómo el valor de sus participaciones prácticamente se duplica si la empresa alcanza los dos billones de dólares de valoración que se manejan como escenario potencial para su debut bursátil. En ese caso, sus acciones sumarían cerca de 200.000 millones de dólares, unos 179.500 millones de euros al cambio de referencia utilizado en las estimaciones.
La cifra, extraordinaria incluso para los estándares de las grandes tecnológicas, tiene una condición esencial: no es una fortuna que ya hayan materializado ni una valoración garantizada por la compañía, sino una proyección ligada al precio que el mercado esté dispuesto a pagar por Anthropic cuando cotice.
La documentación que la empresa ha presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) permite poner números a esa expectativa. Según el folleto de registro, cada uno de los siete fundadores posee una participación de tamaño parecido, en torno a los 240 millones de acciones, aunque existen diferencias entre ellos. Al precio de 58,90 dólares por título empleado como referencia en la última ronda privada de financiación, celebrada esta primavera, esas participaciones tendrían un valor aproximado de entre 13.700 y 14.400 millones de dólares por persona.
Si la valoración de Anthropic llegara a los dos billones, el valor estimado de cada paquete accionarial subiría hasta una horquilla de entre 27.400 y 28.800 millones de dólares. En otras palabras, el patrimonio ligado a sus acciones podría casi duplicarse en el tránsito de una compañía privada a una cotizada, siempre que se cumpla ese escenario y sin contar posibles cambios en el número de títulos, las condiciones finales de la oferta o la evolución posterior de la cotización.
Siete participaciones multimillonarias
El grupo fundador reúne perfiles distintos alrededor de una misma apuesta tecnológica. Dario Amodei, consejero delegado, y su hermana Daniela Amodei, presidenta y responsable del consejo de administración, son las caras más visibles de Anthropic. Junto a ellos figuran Tom Brown, responsable de computación; Jared Kaplan, director científico; Sam McCandlish, arquitecto jefe; Chris Olah, al frente de la investigación sobre interpretabilidad; y Jack Clark, responsable del Instituto de Anthropic. Los siete aparecen vinculados a la estructura accionarial descrita en el folleto de la OPV y acumulan, en conjunto, alrededor de 1.690 millones de acciones, cerca del 10% del capital según las estimaciones publicadas a partir de la documentación de la empresa.
La distribución es relativamente equilibrada, aunque no idéntica. Las estimaciones basadas en el folleto sitúan a Tom Brown en el extremo superior, con una participación valorada en unos 14.400 millones de dólares al precio de referencia de 58,90 dólares por acción. Chris Olah, Jareh Kaplan y Jack Clark rondarían los 14.300 millones cada uno; Daniela Amodei, unos 14.200 millones; y Dario Amodei, una cifra similar. Sam McCandlish se situaría algo por debajo, con alrededor de 13.700 millones de dólares. Si la compañía llegara a los dos billones de valoración, el valor teórico de esos paquetes oscilaría entre 27.400 y 28.800 millones de dólares. La horquilla importa: evita convertir una proyección en una cifra uniforme y refleja que las participaciones no son exactamente iguales.
El precio definitivo todavía está por escribir
La expectativa de una valoración de dos billones de dólares ha alimentado las estimaciones sobre el patrimonio de los fundadores, pero no es una cifra fijada en el folleto de la OPV. La documentación presentada ante la SEC describe la operación y la estructura accionarial, aunque deja pendientes elementos esenciales, entre ellos el rango de precio inicial y el número definitivo de acciones que se ofrecerán al mercado. El valor final dependerá de la demanda de los inversores, las condiciones financieras y el precio que se establezca al completar la operación. La empresa aspira a debutar en Bolsa en noviembre y a protagonizar una de las mayores ofertas públicas de venta de acciones de la historia, pero el calendario y las condiciones pueden cambiar.
También hay una diferencia importante entre el valor de las acciones y el dinero que sus propietarios pueden ingresar. Los siete cofundadores figuran entre los accionistas vendedores, pero el folleto no especifica cuántos títulos prevé vender cada uno en la operación. Por tanto, no se puede afirmar que vayan a embolsarse de inmediato decenas de miles de millones de dólares. Una participación puede tener un valor teórico multimillonario sin que su propietario venda una sola acción; y, si decide vender, el importe efectivamente recibido dependerá del número de títulos, del precio y de las condiciones aplicables. Además, una vez que Anthropic cotice, la cotización podrá subir o bajar, de modo que la valoración de esas participaciones no será estática.
Una estructura de control diseñada para los fundadores
La OPV no solo pondrá precio a las acciones de Anthropic. También dará forma a una arquitectura de gobierno corporativo pensada para preservar la influencia de sus creadores después de la entrada de nuevos accionistas. Según el folleto, la compañía prevé emitir una acción especial de Clase F a una sociedad de responsabilidad limitada cuyos miembros iniciales serán los siete cofundadores. Esa acción concentrará, de manera conjunta, el 50,1% del poder de voto sobre los asuntos sometidos a los accionistas en general, aunque no tendrá derechos económicos propios.
La distinción entre poder de voto y participación económica es relevante. Los fundadores pueden poseer alrededor de una décima parte del capital y, al mismo tiempo, conservar una influencia de voto mayoritaria en determinadas decisiones generales gracias a esa estructura especial. La medida busca mantener una voz decisiva en el rumbo de Anthropic tras su transformación en empresa cotizada, en un momento en el que la compañía deberá responder tanto a las expectativas de los inversores como a su propósito declarado de desarrollar inteligencia artificial avanzada de forma responsable. La arquitectura de gobierno de la empresa incluye además un fideicomiso de beneficio a largo plazo con atribuciones específicas sobre el consejo.
Sueldos millonarios, pero el gran salto está en las acciones
La remuneración de los máximos directivos ayuda a entender por qué el valor de las participaciones domina la historia financiera de los fundadores. De acuerdo con la información aportada, Dario y Daniela Amodei recibieron cada uno 654.167 dólares de salario durante el último ejercicio detallado, además de acciones, opciones y otros componentes de compensación. En el caso del consejero delegado, la remuneración total declarada para 2025 ascendió a unos 18 millones de dólares, incluyendo incentivos ligados a la compañía. Son cifras elevadas, pero quedan muy por debajo del valor atribuido a sus paquetes accionariales: la verdadera palanca de creación de riqueza no es el sueldo anual, sino la participación en el capital de una empresa cuya valoración puede cambiar de escala con su llegada al mercado.
La documentación también refleja una política de remuneración que busca la paridad entre los cofundadores, aunque no todos aparecen en las mismas tablas ejecutivas ni desempeñan las mismas funciones. Ese equilibrio interno contrasta con la enorme diferencia que puede existir entre el salario percibido en un año y el patrimonio potencial asociado a las acciones. Para los fundadores, la salida a Bolsa puede suponer un hito económico decisivo; para los futuros inversores, será una oportunidad de valorar si el crecimiento y las perspectivas comerciales de Anthropic justifican una capitalización tan elevada.
La apuesta por la IA llega al mercado
La salida a Bolsa pondrá a prueba si las expectativas que rodean a Anthropic se sostienen en el mercado: sus fundadores podrían ver cómo sus participaciones pasan de unos 14.000 a cerca de 28.000 millones de dólares cada una. Pero, más allá de la fortuna potencial, el verdadero examen será demostrar que su apuesta por la inteligencia artificial puede traducirse en crecimiento rentable y duradero.

