La Velada del Año ya no se puede medir solo en espectadores, combates o conexiones simultáneas. También se puede –y se debe– medir en euros. El fenómeno creado por Ibai Llanos ha dejado de ser únicamente una cita multitudinaria del entretenimiento digital para convertirse en un negocio con una dimensión empresarial considerable: Velaris-Kena Productions, la sociedad con la que el creador organiza y explota el evento en solitario, ingresó 11,7 millones de euros en 2025 y obtuvo 1,7 millones de beneficio neto. Las cifras, publicadas por Cinco Días a partir de las cuentas anuales depositadas por la compañía en el Registro Mercantil, ponen números a un fenómeno que nació en internet y que hoy llena estadios.
Y hay un detalle que hace que esas cifras sean todavía más significativas. 2025 fue el primer ejercicio completo en el que La Velada funcionó bajo el control exclusivo de la sociedad de Llanos, después de su ruptura empresarial con Kosmos, el conglomerado de Gerard Piqué con el que había compartido el negocio durante las primeras ediciones. El salto supone, por tanto, algo más que una buena cuenta de resultados: es la primera fotografía completa de La Velada como negocio propio de Ibai, con los ingresos, los costes y los beneficios de un espectáculo que ha convertido el entretenimiento creado para internet en una industria capaz de mover millones.
Porque detrás de las luces del estadio, los combates, los influencers y las retransmisiones frente a millones de pantallas existe una maquinaria mucho menos visible: entradas, patrocinios, producción, personal, proveedores, derechos comerciales y una marca que ya tiene vida propia. Y las cuentas de 2025 permiten, por primera vez, asomarse a esa trastienda.
De Twitch al Registro Mercantil
La historia empresarial de La Velada tiene algo de paradoja. En apenas cinco años, un formato nacido del ecosistema de los creadores digitales ha pasado de ser una cita concebida para las audiencias de internet a comportarse, en términos económicos, como un gran espectáculo deportivo. La primera edición se celebró en 2021, todavía bajo el impacto de la pandemia y con un aforo muy limitado. Desde entonces, la escala no ha dejado de crecer: estadios llenos, millones de espectadores conectados, grandes marcas como patrocinadoras y una comunidad dispuesta a seguir el evento durante horas.
En 2025, esa transformación quedó reflejada en las cuentas. Velaris-Kena ingresó 11,7 millones de euros, frente a los apenas 208.000 euros registrados en 2024. Pero hay una salvedad importante: aquella comparación no permite medir directamente el crecimiento de La Velada porque en 2024 el negocio todavía se articulaba a través de Goatch Global, sociedad participada al 50% por Llanos y Kosmos. Esa empresa facturó aquel año 11,5 millones de euros, de modo que, tomando el negocio comparable, el crecimiento se situaría en torno al 2%.
Y aquí está uno de los matices que hacen que la cifra resulte más interesante: la facturación no cuenta toda la historia. En 2024, Goatch Global obtuvo unos 6 millones de euros de beneficio, aunque buena parte de ese resultado estuvo relacionado con elementos extraordinarios. Velaris-Kena, en cambio, cerró 2025 con 1,7 millones de euros de beneficio neto sobre sus 11,7 millones de ingresos. Es un margen cercano al 15%, una cifra que permite entender que La Velada no solo genera audiencia: también ha conseguido convertirse en un negocio rentable.
80.000 personas dentro y nueve millones mirando desde fuera
Si hay una razón para que estas cifras empresariales sean posibles, está en una palabra: escala.
La quinta edición de La Velada del Año se celebró el 26 de julio de 2025 en el Estadio de La Cartuja de Sevilla, ante unos 80.000 espectadores. La magnitud del recinto ayuda a entender la dimensión alcanzada por el proyecto, pero el estadio es solo una parte de la ecuación. La otra sucede al otro lado de la pantalla: la edición de 2025 alcanzó una audiencia de nueve millones de dispositivos conectados.
Es precisamente esa combinación la que diferencia a La Velada de un evento deportivo tradicional. El espectáculo tiene una dimensión física –entradas, aforo, recinto, producción–, pero su verdadera capacidad de crecimiento está en internet. Un estadio pone un límite al número de personas que pueden estar allí; una plataforma de streaming prácticamente elimina ese techo. El resultado es un producto capaz de vender miles de entradas y, al mismo tiempo, convertirse en un escaparate global para marcas.
La edición de 2024, celebrada en el Santiago Bernabéu de Madrid, ya había demostrado la capacidad de convocatoria del formato. La quinta edición trasladó el escenario a Sevilla y mantuvo una asistencia similar. En 2026, La Cartuja volvió a acoger el evento, una elección que no es casual: según ha explicado Llanos, es el único recinto de esa capacidad en España en el que el espectáculo puede prolongarse más allá de la medianoche.
La anécdota tiene una lectura empresarial. Hasta los horarios forman parte del negocio.
Entradas, patrocinadores y una marca que ya vale por sí misma
Las cuentas de Velaris-Kena no desglosan cuánto dinero procede de cada fuente de ingresos. Al estar formuladas en formato abreviado, tampoco incluyen informe de auditoría ni ofrecen un detalle exhaustivo de la actividad de la compañía. Pero el modelo resulta reconocible: venta de entradas y patrocinios constituyen las principales vías de monetización de un espectáculo de estas características. Y la lista de marcas asociadas a La Velada V da una idea de la dimensión comercial alcanzada. Entre sus patrocinadores estuvieron Spotify, Revolut, InfoJobs, Alsa, Coca-Cola, Grefusa, Vicio, Mahou, CeraVe –de L’Oréal– y Nestlé.

Para las compañías, La Velada ofrece algo difícil de comprar con una campaña convencional: acceso simultáneo a una audiencia joven, masiva y profundamente vinculada con sus creadores favoritos. Para Ibai, la lógica es la inversa: convertir esa comunidad en un activo capaz de sostener un ecosistema de negocio alrededor de un evento que ya tiene identidad propia. Porque La Velada dejó hace tiempo de ser únicamente una noche de combates. Es una marca. Y esa distinción importa.
Desde junio de 2025, Ibai Llanos es el único propietario de la marca La Velada del Año, registrada ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea. El movimiento culminó un proceso que había comenzado cuando Goatch Global, la sociedad que compartía con Kosmos, presentó inicialmente la solicitud. En octubre de 2024, el titular de esa petición pasó directamente a Llanos.
La propiedad de la marca abre además la puerta a una segunda capa de negocio: productos, acuerdos comerciales y cualquier explotación vinculada al universo de La Velada. El evento puede celebrarse una vez al año, pero una marca puede trabajar durante los doce meses.
El negocio cuesta millones: 7,5 millones en aprovisionamientos
Organizar un espectáculo para 80.000 personas y millones de espectadores digitales tampoco sale barato. La facturación de 11,7 millones de euros viene acompañada de una estructura de costes acorde con el tamaño que ha alcanzado el evento.
Velaris-Kena registró en 2025 alrededor de 7,5 millones de euros en aprovisionamientos, a los que se sumaron más de 700.000 euros en gastos de personal y otros 1,7 millones en gastos de explotación.
El resultado fue un beneficio de explotación de 1,66 millones de euros y un beneficio neto de 1,7 millones. En otras palabras, por cada 100 euros de ingresos, la compañía convirtió aproximadamente 15 euros en beneficio neto.
Es una fotografía mucho más interesante que la simple cifra de facturación. Porque demuestra que el fenómeno de La Velada no depende únicamente de una audiencia gigantesca: existe una estructura económica detrás capaz de convertir esa atención en ingresos y, después de asumir los costes de producción, en rentabilidad.
Y aquí aparece una de las claves de la economía de los creadores: la audiencia ya no es solo audiencia. Puede convertirse en entradas, patrocinios, merchandising, licencias, acuerdos comerciales y nuevas líneas de negocio.
Ibai se separa de Piqué y se queda con el volante
La evolución de las cuentas también permite leer la historia reciente de La Velada desde otra perspectiva: la de la independencia empresarial. Durante varias ediciones, Ibai estuvo asociado con Kosmos, la compañía fundada por Gerard Piqué, a través de Goatch Global. La estructura permitió desarrollar el negocio mientras el evento crecía, pero en 2025 la explotación pasó a manos de Velaris-Kena.
El movimiento no fue menor. Llanos dejó de compartir el negocio y pasó a controlar directamente la compañía promotora, coincidiendo con un momento en el que La Velada ya había demostrado que podía llenar algunos de los estadios más grandes de España.
La separación también explica por qué las cifras de 2024 y 2025 deben leerse con cuidado. Velaris-Kena apenas había generado 208.000 euros de ingresos en 2024, pero aquello no significaba que La Velada facturase esa cantidad: el grueso del negocio estaba todavía dentro de Goatch Global. Ese mismo año, Goatch facturó 11,5 millones.
El verdadero salto, por tanto, no está en comparar 208.000 euros con 11,7 millones, sino en observar cómo un negocio que ya movía más de 11 millones pasó a quedar bajo el control empresarial directo de Llanos.
La nueva economía del espectáculo tiene acento de streamer
Hay algo especialmente revelador en la trayectoria de La Velada. Durante décadas, la industria del entretenimiento estuvo construida alrededor de una jerarquía bastante estable: televisión, cine, música, deporte, grandes productoras y medios de comunicación. Internet llegó después y, durante un tiempo, pareció simplemente otra ventana de distribución.
La Velada plantea algo distinto. Aquí el creador es también productor, promotor, prescriptor y propietario de la comunidad. No necesita que una televisión le conceda una franja de máxima audiencia ni que una productora tradicional convierta su idea en espectáculo. La comunidad ya existe antes de que se enciendan los focos. Eso modifica la economía del negocio. La atención se convierte en infraestructura.
Ibai ha construido durante años una audiencia que después puede trasladarse de Twitch y otras plataformas a un estadio, de un estadio a las redes sociales y de ahí a una retransmisión que alcanza millones de dispositivos. Cada capa refuerza a la siguiente. Y cuando además existe una marca registrada, patrocinadores y una sociedad que concentra la explotación del evento, el creador deja de ser únicamente el rostro visible: pasa a ocupar buena parte de la cadena de valor.
11,7 millones hoy; una marca con mucho recorrido por delante
Las cuentas de 2025 ofrecen, en definitiva, la primera fotografía completa de La Velada bajo el control empresarial directo de Ibai Llanos. Son 11,7 millones de euros de ingresos, 1,7 millones de beneficio neto, un margen del 15%, 80.000 espectadores en el estadio y nueve millones de dispositivos conectados. Pero quizá el dato más relevante no esté en ninguna de esas cifras. Está en lo que representan juntas.
La Velada ha demostrado que un espectáculo nacido de la cultura streamer puede llenar estadios, atraer a grandes marcas, generar millones de euros de facturación y construir una propiedad intelectual propia. Y lo ha hecho sin abandonar el lenguaje que lo vio nacer: el de internet, las comunidades digitales y los creadores de contenido.
La paradoja es deliciosa: un evento nacido en la pantalla ha terminado convirtiéndose en un negocio que necesita un estadio para contenerlo. Y mientras haya una comunidad dispuesta a mirar, comprar una entrada, seguir una retransmisión o ponerse una camiseta, Ibai no solo tendrá una Velada que organizar. Tendrá algo bastante más valioso: una marca capaz de vivir mucho más allá de la noche en la que suena la campana.

