Salud, alimentación y medio ambiente. Cada vez hay más ciudadanos que son conscientes de la importancia que tiene este trío de ingredientes en su vida y para el futuro de la sociedad. La crisis climática y la pandemia han sido dos elementos definitivos para acelerar las tendencias de consumo observadas hasta la fecha y alimentar un creciente debate sobre la necesidad de garantizar un suministro seguro de alimentos al tiempo que se toman medidas para garantizar la protección del planeta. 

En el último año, la preocupación por la seguridad alimentaria ha aumentado en 10 puntos porcentuales, hasta el 40%, según las encuestas realizadas para elaborar la 13ª edición del Tetra Pak Index 2020. Y aunque en esta ocasión el coronavirus ha irrumpido entre las principales preocupaciones de la ciudadanía, el equilibrio entre la disponibilidad de los alimentos seguros y que su producción sea sostenible se plantea como el gran dilema de la sociedad actual. Y el escenario actual requiere actuar con determinación. 

Se estima que la población mundial alcanzará los 9.100 millones de personas para el año 2050, con lo que la producción de alimentos aumentará en un 70%, según los datos de la FAO. Al tiempo, más de la mitad de la población mundial estará en la franja de la clase media, con patrones de consumo que apuntan a productos de mayor calidad y precio, como la carne y los lácteos. 

“Con una población mundial en crecimiento, que aumentará la demanda de alimentos hasta un 70% para el año 2050, y ante la emergencia climática, la protección del medio ambiente y de la seguridad alimentaria son cuestiones urgentes, es necesario apostar por una transformación de la industria alimentaria y del envasado de alimentos”, destaca el profesor de Hillhouse en la Universidad de Yale, Dan Esty

Los ciudadanos miran a las autoridades y a las empresas y demandan soluciones. Y la industria alimentaria sabe que no tiene ni un segundo que perder si quiere aprovechar la oportunidad que plantea este gran desafío. 

El rol de la industria alimentaria en el cambio climático

La actividad del sector agroalimentario está entre las de mayor huella de carbono a nivel global. Las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la ganadería, agricultura, silvicultura y pesca han aumentado en un 200% en los últimos 50 años y, según la FAO, aumentarán en un 30% adicional para el año 2050, si no se toman las medidas necesarias debido al aumento de la población y a una mayor demanda de alimentos. 

A nivel europeo, la huella de carbono de la industria agroalimentaria supone un 10% del total de las emisiones de toda la UE, según los datos de la Comisión Europea publicados el pasado mes de noviembre, siendo uno de los sectores más contaminantes junto con la industria, la generación energética y el transporte. 

En su compromiso para combatir el cambio climático, la Unión Europea ha trazado una hoja de ruta hacia la descarbonización de la economía y la apuesta por las energías renovables con hitos claros: para el año 2050, el bloque debe lograr una economía baja en carbono y competitiva, con una reducción global de las emisiones en un 80% respecto al nivel de 1990.

Este proceso de descarbonización persigue la sustitución de las fuentes de energía fósil por renovables con el objetivo de reducir la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. La meta es alcanzar una estructura económica global baja en emisiones y que garantice la neutralidad climática. Para lograrlo, además de la apuesta por la electrificación y la eficiencia energética, la industria alimentaria afronta el desafío de implementar iniciativas innovadoras que contribuyan a este objetivo y garanticen la neutralidad de carbono de sus operaciones.

Lo que un envase puede hacer por el planeta

A nivel global, el sistema alimentario incluyendo su transporte representa el 26% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Para garantizar la higiene y seguridad alimentaria, los envases de alimentos se producen con materias primas que dependen de recursos naturales, en muchas ocasiones finitos, cuya huella de carbono deja un impacto indeleble en el planeta. Sólo el envasado de alimentos genera más huella de carbono a nivel global que el transporte marítimo y la aviación, un modelo que supone una traba real a las acciones que persiguen frenar el calentamiento global. Además, ante el aumento de la población, se espera que la demanda de materias primas se duplique para el año 2060, un pronóstico que exige repensar el futuro de la industria para garantizar su sostenibilidad

“El envasado juega un rol fundamental en la seguridad alimentaria: mantiene los alimentos seguros, nutritivos y facilita que estén disponibles en todo el mundo. Pero es necesario contar con envases que sean respetuosos con el medio ambiente”, afirma Ramiro Ortiz, director general de Tetra Pak Iberia. “Por eso, nuestra ambición es crear un envase de cartón con huella de carbono neutra fabricado con materiales de origen vegetal, responsablemente gestionados, que reduzcan el impacto de su producción sobre el planeta”.

Ramiro Ortiz, director general de Tetra Pak Iberia.

El compromiso de Tetra Pak con la sostenibilidad ha hecho que a lo largo de su historia trabaje en el desarrollo, tanto de mejores envases, como en el impulso de las acciones necesarias para la circularidad de sus materiales.

Pero en un contexto como el actual, con la emergencia medioambiental y la demanda ciudadana de una acción coordinada por parte de todos los actores económicos, gubernamentales y sociales para frenar el cambio climático, la compañía ha acelerado sus pasos para fabricar el envase de alimentos más sostenible del mundo. 

¿En qué consistirá? En un envase de cartón fabricado con materiales renovables o reciclados que hayan sido obtenidos de forma responsable, que será totalmente reciclable y, además, neutro en emisiones de carbono. Un triple desafío para el que la compañía ya ha trazado su hoja de ruta.

El primer paso para lograr este envase sostenible, reciclable y con huella de carbono cero es optar por materias primas renovables y dejar de lado aquellas que dependen de fuentes finitas, como el plástico de origen fósil o el aluminio. 

Así, los plásticos de un solo uso y el aluminio darán paso a materiales de origen vegetal como el papel y el plástico derivado de caña de azúcar. Y para certificar la composición de este envase, Tetra Pak se apoya en sellos como FSC® (Forest Stewardship Council®) o Bonsucro que garantizan que la celulosa y los polímeros vegetales, respectivamente, proceden de fuentes gestionadas de manera responsable y otras fuentes controladas. 

Para comprender mejor el impacto que tiene el uso de materiales renovables de origen vegetal en la producción de nuevos envases vamos a detenernos un momento en España. En 2020 Tetra Pak Iberia vendió alrededor de 500 millones de envases elaborados con polímeros vegetales y la previsión es que en 2021 esta cifra se multiplique por cuatro, superando los 2.000 millones, entre un 25 y un 30% de las ventas totales. ¿Qué supone esto para el planeta? Evitar la emisión de 4.000 toneladas de CO2, el equivalente a lo que contaminaría un coche que diera unas 850 vueltas alrededor de la Tierra sobre el ecuador. 

Además de los materiales renovables, la compañía apuesta por el material reciclado certificado siempre que sea compatible con la seguridad alimentaria. 

La decisión de optar por estos materiales reciclados tiene un doble impacto: “Sirve para minimizar la dependencia de recursos fósiles y reduce la contaminación que se genera para producirlos; además, contribuye a la economía circular y a aumentar las tasas de reciclaje, ayudando a que estos procesos sean cada vez más rentables”, comenta Ortiz. Para 2025, Tetra Pak habrá incorporado a su producción un mínimo de un 10% de polímeros reciclados en sus envases comercializados en Europa, afirma la compañía. 

Evitar la emisión de 4.000 toneladas de CO2, el equivalente a lo que contaminaría un coche que diera unas 850 vueltas alrededor de la Tierra sobre el ecuador. 

El tercer ingrediente de este envase sostenible es la energía para producirlo. Lograr que la fabricación y su distribución sean neutras en carbono exige apostar por fuentes energéticas ‘verdes’. Para ello, la compañía quiere que sus operaciones reduzcan a cero las emisiones de gases de efecto invernadero y utilizar el 100% de la electricidad renovable en 2030, como ocurre ya en su fábrica de Arganda del Rey, en Madrid. La ambición de la compañía es alcanzar la neutralidad de carbono en toda la cadena de valor para el año 2050.

La circularidad de los materiales

Aunque el reciclaje de materiales como el plástico o el aluminio forma parte del día a día de muchos ciudadanos desde hace años, aún estamos lejos de lograr que su impacto sea significativo. En 2018 la producción de plástico a nivel mundial alcanzó los 359 millones de toneladas, pero solo se recicló un 9% del material producido y se estima que un 32% de los envases de plástico no llegan a los sistemas de recogida en todo el mundo. 

Por eso los expertos señalan la importancia de complementar esta herramienta con un cambio en los procesos productivos que ayude a generar un impacto real sobre el medio ambiente y las economías.  

Residuos de aparatos electrónicos que se integran en el mobiliario urbano, neumáticos que dan forma a parques infantiles, tapones de plástico que se transforman en hilo de nylon para prendas o en piezas de casas prefabricadas, envases que viven otra vida convertidos en cartón reciclado…

En este sentido, Tetra Pak está decidido a mejorar la reciclabilidad de sus envases y, además, a impulsar el desarrollo de sistemas de recolección, clasificación y reciclaje de residuos para mejorar la circularidad de los materiales y, con ello, reducir el impacto medioambiental del consumo. 

En España se logra recolectar alrededor de un 87% de los cartones para bebidas y tienen una segunda vida convirtiéndose en papel reciclado de alta calidad con el que se fabrican cajas y estuches de cartón o hueveras, por ejemplo. La compañía trabaja ahora en un proyecto en nuestro país para lograr la circularidad de sus envases a través del reciclado químico del polietileno y del aluminio. 

“Este proceso de transformación afecta a todos los actores de la industria alimentaria. Colaboraremos con los productores de alimentos, los innovadores y con toda la cadena de valor para mejorar su huella medioambiental, mitigar el cambio climático y proteger la naturaleza”, asegura Ortiz.

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Fuentes utilizadas para este reportaje:

ECD, Global Material Resources Outlook to 2060, (Perspectivas de los recursos materiales globales para 2060) 2018 • Our World in Data, 2019 • Material Economics, IEA EnergyPerspectives (Economía de materiales, perspectivas energéticas de IEA), 2017 • Informe de la ONU sobre la Brecha de Emisiones, 2019Climate Action Tracker, 2019 • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 2019 • Objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, 2019 • Banco Mundial, 2018Informe de Medio Ambiente de la ONU, 2018 • The Ellen MacArthur Foundation, 2016 • Penn State College of Earth and Mineral Sciences, 2020