La diversidad de género es un importante impulsor del rendimiento empresarial y de la energía del talento involucrado. Esta conclusión, tan proclamada, choca con una paradoja contumaz: la integración femenina en el mundo de la empresa, tan ejemplarmente preocupada por la eficiencia y por la optimización de todos los recursos, evoluciona muy lentamente, según coinciden relevantes estudios internacionales. Éstos destacan que la inclusión de la mujer en la empresa debería alejarse de los debates que se suscitan en el marco de la responsabilidad social corporativa o de las polémicas públicas más o menos bienintencionadas para enfocarse como un valor intrínseco para las compañías, un valor que cotiza por su talento, como así se reconoce en aquellas empresas que cuentan con mujeres en el top. “La diversidad debe ser vista como un imperativo comercial más que únicamente como parte de la responsabilidad social corporativa o como un tema de equidad laboral”, afirma Astrid Jaekel, autora de un informe de la consultora Oliver Wyman. “El equilibrio de género proporciona acceso a la totalidad del talento, a la toma de las mejores decisiones aportando conjuntamente diferentes perspectivas, mejores servicios a los clientes y una economía más fuerte. Las organizaciones necesitan potenciar a las mujeres ofreciéndolas soluciones audaces (…) creando los correctos compromisos laborales, e impulsando un cambio cultural más profundo”.

Según otro reciente estudio, ‘The CS Gender 3000: The reward for change’, elaborado por Credit Suisse Research Institute (CSRI), el laboratorio de ideas de la institución financiera suiza, las empresas que cuentan con una mayor participación femenina en sus órganos ejecutivos generan mejores retornos sobre el capital y aplican una gestión más conservadora de sus balances. Es decir, aquellas empresas más proclives a superar tabúes y que cuentan con mayoría de mujeres en sus consejos decisorios arrojan mejores cifras de ventas y retornos de flujos de caja sobre la inversión, y un menor apalancamiento. En definitiva, la presencia de mujeres en los más altos órganos de dirección es premiada por el mercado en indicadores tan valorados como el ROE (rentabilidad por recursos propios, en sus siglas en inglés), valor en libros, apalancamiento y payout (proporción de los beneficios distribuidos en dividendos), según constata el estudio de CSRI, elaborado a partir de datos de los últimos cuatro años. “El mercado está dispuesto a pagar una prima del 19% en múltiplos de valor en libros para compañías con una CEO”, añade.

Las compañías incluidas en su estudio con mujeres en los más altos puestos directivos arrojan unos ROE un 19% superiores de media y payouts un 9% más altos que las restantes. No obstante, el estudio precisa que no hay una relación de causalidad, aunque sí una sólida correlación. “Aunque el avance en la inclusión de mujeres en los puestos de alta dirección no está alcanzando las expectativas, nuestro análisis confirma que la diversidad de género es un factor notorio de influencia en la diferenciación corporativa, las estrategias de inversión y, en definitiva, en el rendimiento financiero”, destaca el CSRI en esta segunda edición de su trabajo en la que han colaborado 27.000 altos ejecutivos de alrededor de 3.000 empresas globales, y que incluye por primera vez a microempresas, startups y firmas de capital riesgo.

La realidad predominante en el mercado laboral es que un gran número de mujeres se enfrenta al problema de una carrera profesional incompleta y menos equitativa que la de los hombres, así como a jornadas laborales poco flexibles y compatibles con las responsabilidades familiares, y a persistentes prejuicios con respecto a ascensos e igualdad salarial. “En particular, la baja representación de mujeres en comités ejecutivos es un problema. Las decisiones estratégicas y empresariales clave se adoptan en dichos comités, altamente visibles, tanto interna como externamente, lo que les confiere un papel efectivo, tanto como modelos y promotores, como conductores del éxito empresarial”, afirma Ted Moynihan, de la consultora Oliver Wyman. Las ejecutivas del sector financiero tienen entre un 20% y un 30% más de posibilidades de dejar su puesto de trabajo que sus pares masculinos de otros sectores, según esta consultora.

“Aunque hay un evidente progreso en la representación femenina a nivel de consejos de administración, en donde ocupan el 14,7% de los puestos –lo que significa un aumento del 54% desde 2010– esta tendencia positiva no se refleja en el nivel de la alta dirección. Hay una creciente disparidad entre la diversidad que reflejan los consejos de administración y la de los puestos directivos. Así, mientras en Europa y Estados Unidos hay un ‘exceso de representación’ femenina en los consejos y se ha permitido alcanzar con rapidez los objetivos de diversidad, también ha hecho reducir el número de mujeres disponibles para desempeñar responsabilidades de alta dirección”, añade el estudio de CSRI.

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Mujer y negra, un problema doble en EE UU

En el mercado estadounidense la discriminación por sexo sigue siendo un problema sin resolver en las empresas. En un país donde se proclama la igualdad de oportunidades como un principio arraigado en sus valores sociales, las empresas siguen promocionando y contratando a mayor número de hombres que de mujeres; e incluso, cuando ellas son de otra raza, léase negra, las estadísticas revelan que la discriminación resulta escandalosamente evidente, sin paliativos.

Las tasas de promoción de las mujeres están muy por debajo de las de los hombres y la disparidad es aún mayor en el primer escalón hacia los puestos ejecutivos. Según un trabajo de la firma de consultoría McKinsey & Company, por cada 100 mujeres promocionadas hay 130 hombres, la contratación externa no está mejorando la ratio, sino al revés, y la discriminación es aún más manifiesta en los niveles directivos. “Sin embargo –señalan los autores del estudio– hay una razón para el optimismo: el porcentaje de mujeres que son promocionadas desde puestos ejecutivos medios y altos es mayor que el de mujeres que ocupan esos puestos. Si este modelo se mantiene en el tiempo, la representación de mujeres en esos niveles aumentará lentamente”.

Otra realidad más desalentadora y que manifiesta el largo camino que le queda a la sociedad estadounidense para superar la cuestión racial es el de la mujer de raza negra, el grupo más infrarrepresentado dentro de la carrera profesional en las empresas del país. Aunque las mujeres de esta raza representan el 20% de la población de Estados Unidos, solo ocupan un tres por ciento de los puestos de alta dirección, y ello a pesar de ser el colectivo que declara tener mayores aspiraciones que sus iguales de raza blanca en convertirse en ejecutivas. En comparación con las mujeres blancas, las afroamericanas confiesan que tienen menos oportunidades y consideran que su empleo es menos idóneo e inclusivo. Solo el 29% de ellas piensan que las mejores oportunidades en su empresa van a parar a los empleados que más se lo merecen, frente al 47% de las blancas, el 43% de las asiáticas y el 41% de las hispanas. Mientras el 78% de las empresas encuestadas señala que la diversidad de género es su máxima prioridad, solo el 55% confiere esa misma categoría a la diversidad racial. El informe de McKinsey sentencia que “las mujeres negras son las más desfavorecidas”.

El padrino aún cuenta

Tanto ellas como ellos consideran esencial para el éxito el padrinazgo de ejecutivos veteranos. La interacción con los jefes es uno de los elementos destacados en el estudio de McKinsey cuya importancia puede llegar a ser decisiva para la carrera profesional. En este sentido, las mujeres confiesan que la ejercitan menos que sus colegas masculinos y esta diferencia entre ambos sexos se ensancha cuanto más ascienden en la pirámide laboral. Mientras que el 51% de las mujeres con responsabilidades directivas interactúa con un superior al menos una vez a la semana, el porcentaje en los hombres es del 62%. Del mismo modo, en su mayor parte, ellas declaran que apenas han recibido apoyos de jefes ajenos a su cadena de mando para ser promocionadas o para recibir nuevas tareas. Presumiblemente, la explicación a estas disparidades puede proceder de las diferencias en las respectivas redes de contactos profesionales. Así, ellas dispensan una confianza tres veces mayor a una red de contactos mayoritariamente femenina, pero habida cuenta que los hombres ocupan mayor número de puestos directivos, las mujeres tienen menos posibilidades –al menos estadísticas– de acceder a personas con el poder de franquearles las puertas.

Aunque la mayoría de los empleados desea ser ascendido, los datos revelan que solo unos pocos aspiran al vértice de la pirámide, y de nuevo las diferencias se acentúan entre las mujeres. Solo el 40% de éstas están interesadas en llegar a la alta dirección, frente al 56% de los hombres. La familia es el asunto sobre el cual no hay disenso: es la principal preocupación común, así como la política de la empresa al respecto. Tanto ellas como ellos aspiran a lograr un equilibrio entre trabajo y familia, pero las mujeres, con o sin familia, en un análisis de coste-beneficio se plantean si merece la pena enfrentarse a la presión consiguiente. Las que aspiran a ser directivas intuyen que les será más difícil conseguir sus aspiraciones que a un rival masculino y, en cualquier caso, les inquieta no poder gestionar adecuadamente las responsabilidades laborales y familiares.

Ello conduce a preguntarse si es incompatible para una mujer el éxito profesional con una vida familiar plena. Para Elisa Chuliá, directora de Estudios Sociales de Funcas y profesora de la UNED, no lo es, ni aun cuando las mujeres asumen cargas familiares más pesadas que los hombres. “No obstante, es verdad que el éxito profesional de las mujeres que también son madres es, por lo general, más costoso. Se habla con frecuencia y bastante justificadamente de la ‘doble jornada’ de las mujeres trabajadoras. Las medidas de conciliación entre el trabajo y la familia han mejorado sustancialmente, pero no se aplican igualmente en todas las empresas; y dentro de los hogares, todo apunta a que el proceso hacia el deseable equilibrio en la carga de trabajo entre hombres y mujeres solo avanza poco a poco”, afirma a Forbes.

Es en el ámbito familiar y doméstico donde se dirime de una forma casi decisiva el futuro de la carrera profesional de una gran parte de las mujeres (y de los hombres), y el que determina las abrumadoras asimetrías en la sobrecarga de responsabilidades entre ambos sexos. Según McKinsey, la proporción de mujeres directivas que declara realizar más de la mitad de las tareas del hogar es de siete por cada hombre. “Mientras el 43% de las mujeres que comparte regularmente con su pareja las responsabilidades domésticas y el cuidado de los hijos aspira a convertirse en directiva, solo el 34% de las que las afrontan en solitario tienen la misma aspiración. Esto es también aplicable a los hombres: cuanto más trabajan en casa, menos interesados están en convertirse en directivos”, precisa el informe.

En general, no parece que las oportunidades y las prácticas laborales estén cambiando tan deprisa ni tan sustancialmente como cabría de esperar en las sociedades más avanzadas, al tiempo que los desafíos y los obstáculos a que se enfrentan las mujeres para ascender a lo más alto de la pirámide en las grandes empresas se observan bien arraigados. Un equilibrio entre mujeres y hombres en los niveles de CEO suena casi imposible en las grandes empresas internacionales, según coinciden los expertos, al menos en un horizonte de tiempo razonable.

El debate sobre la diversidad de género, si bien se mantiene activo tanto en su dimensión social como de gobernanza corporativa, necesita enfocarse más en brindar la disponibilidad y oportunidades necesarias –y no solo en aquellas carreras que conducen al top de una empresa– para crear un entorno favorable que desarrolle y permita a las mujeres armarse de los conocimientos necesarios para que puedan llegar a desempeñar responsabilidades en igualdad de condiciones que sus colegas masculinos, según abogan los expertos. “Yo creo que es una cuestión de tiempo que las mujeres obtengan mayor representación en la élite empresarial. Ya se han producido cambios significativos en este sentido en los últimos años, si bien lentamente, más lentamente de lo que sería deseable”, opina Chuliá.