A raíz de sus trágicas vacaciones en Tailandia y una vez recuperada físicamente de su cuádruple ruptura de pelvis—ya que recobrarse mentalmente es algo que nunca se logra del todo—, Petra decidió crear en 2006 la fundación Happy Hearts. “Estuve centrada en curarme pronto y volver a caminar lo antes posible para volver y ayudar a quienes lo habían perdido todo”, confiesa, al igual que reconoce que al regresar a Tailandia fue consciente de que la ayuda recibida por los países víctimas de un desastre natural resulta insuficiente. En Haiti, el Tsunami había acabado con uno de los motores fundamentales para el desarrollo de los niños y la comunidad: las escuelas.

La necesidad de la educación frente al caos

El propósito personal de Nemcova y el de la fundación que dirige es devolver a los países castigados por las catástrofes el derecho a la educación, reconstruyendo los centros escolares y mejorando sus servicios. Uno de sus proyectos más especiales es el iniciado en 2013 con la inauguración de la escuela secundaria José Vasconcelos en la localidad de Tres Marías (Estado de México), un centro que había sido abandonado hasta acabar convertido en un vertedero de basura y al que Petra Nemcova regresaba este año para visitar a sus 150 alumnos y ver de cerca el progreso de las instalaciones.

La ONG Happy Hearts comenzó creando escuelas y hospitales de campaña en Haiti, y en su primer año de trabajo sobre el terreno logró levantar ocho colegios en beneficio de 263 niños. Hoy, la fundación ha colaborado con la puesta en marcha de 130 centros en diez países de los más afectados por las catástrofes naturales, como Indonesia, Perú, Haití, Filipinas o México, y ha devuelto a las aulas a más de 50.000 niños de todo el mundo. “Cuando reconstruyes una casa, ayudas a una familia, pero cuando es una escuela, ayudas al niño, a la familia, a toda la comunidad, va más allá”, sostuvo Nemcova durante su visita al centro José Vasconcelos, situado en una de las localidades más pobres y conflictivas de México.

La esperanza de toda una comunidad

Tras una catástrofe natural los centros educativos tardan de dos a seis años en recobrar la normalidad, y es por eso que la labor de Happy Hearts es tan importante para ayudar a los alumnos a recuperar sus vidas. “Después de los desastres naturales, los niños pierden todo: su familia, sus amigos, y entonces pierden la naturalidad de su vida. La escuela es un arraigo. Para ellos recuperar la escuela  tiene un sentido de normalidad que no deben de perder”, señala Nemcova.

De vertedero a escuela de referencia

En 1997 los habitantes de la colonia de Tres Marías lucharon por un terreno sobre el que, sin ayuda del gobierno federal, crear un centro educativo para sus hijos, que asistían a clase en una suerte de choza rodeada de desperdicios. En 2012, con una inversión de 5.1 millones de pesos procedentes del Programa de Escuelas Auto Sustentables (PEAS) de la aseguradora SURA México, se inició la transformación de la escuela en alianza con Happy Hearts. Poco tiempo después la Telesecundaria José Vasconcelos contaba con cuatro aulas didácticas, sala de ordenadores, laboratorio de ciencias, consejería, comedor escolar y patio para el recreo de los alumnos, lo que la convierte en la mejor equipada de la región.

Esta escuela es uno de los proyectos del capítulo mexicano iniciado por Happy Hearts en 2007 para trabajar en zonas vulnerables como Tabasco y Chiapas y devolver el derecho a la educación a miles de niños. En el plano internacional, Petra trabaja en el desarrollo de una estrategia denominada smart answer  (respuesta inteligente) para agilizar las reconstrucciones de los centros que suelen tardar seis años en concretarse. Una propuesta para la que se requieren elevados fondos económicos que hasta la fecha Petra Nemcova ha conseguido recaudar del sector privado, ya que en la mayoría de los casos los gobiernos afectados no disponen de recursos. En el caso de México, los proyectos se realizan en colaboración con la firma de seguros e inversión SURA México, el Grupo Financiero Actinver, la consultora en comunicación Zimat y la organización filantrópica Promotora Social Mexicana.

Responsabilidad en la construcción de futuro

“Con tan sólo el 15% de sus impuestos, los empresarios pueden reconstruir muchas cosas. En Estados Unidos las empresas hacen algunos programas de apoyo voluntario. Cada compañía tiene diferentes fortalezas, y si juntamos todas podemos hacer un gran impacto”, sostiene la supermodelo, apodada como “el angel” por muchos de los niños a los que su trabajo devuelve la esperanza en un futuro no limitado su trágico pasado.

Actualmente, Petra Nimcova no es solo la filántropa y creadora de la fundación Happy Hearts, sino también la embajadora vitalicia de Haiti, y este año ha sido galardonada en Reino Unido por su labor humanitaria con el World Tourism Humanitarian Award.