Pepita Marín y Alberto Bravo se acercaron al mundo de las startups con un manual sobre el asunto en una mano y con un ovillo de lana en la otra. Tenían 23 años y acaban de dejar atrás un contrato como auditores financieros en una multinacional como PwC. Qué era un business angel lo aprendieron en los libros, probablemente los mismos que se apilan a modo de columna en la casa de uno de ellos. Y debieron memorizar con ganas la definición, porque tres años después tienen entre sus filas a cuatro grandes inversores como Luis Martín Cabiedes (BlaBlaCar, Privalia…), François Derbaix (TopRural, Rentalia), Yago Arbeloa (Hello Media Group) y desde hace poco Marcos Alves (elTenedor.com). Entre los cuatro han invertido en We are knitters unos 200.000 euros –juntos, poseen menos del 25%–, pero a partir de enero abrirán la puerta a una nueva ronda de financiación. ¿La cantidad a ‘levantar’? Millón y medio de euros, la cifra que necesitan para comenzar a ser rentables, ampliar el equipo y seguir cruzando fronteras.

Los beneficios que esperan (“Ha habido épocas que ha sido rentable pero hemos decidido sacrificar la rentabilidad para crecer”, explica Marín) vienen de la venta de ovillos de lana de Perú y kits para tejer (contienen lana, agujas de madera y el patrón de la pieza elegida) a través de su web. Desde que comenzaran hace tres años han vendido más de 17.000 kits en diez países y esperan cerrar el año con más de un millón de euros de facturación, más del doble que el ejercicio anterior.


Como lo de montar una startup, Marín y Bravo primero tuvieron que aprender a tejer, tampoco sabían.
La idea de negocio les llegó casi por casualidad, porque ni tenían idea de cuál era la magnitud del negocio que querían emprender ni era su campo. Ella, licenciada en Empresariales y él en Económicas, entraron a trabajar en la consultora PwC como auditores. Allí se conocieron y se dieron cuenta de que coincidían en dos cosas: que les gustaba la moda y que querían emprender. Era 2009, plena crisis económica para la sociedad excepto, como apunta Pepita, para los emprendedores: “El capital riesgo y los emprendedores no han tenido crisis, entramos en un periodo de boom, el e-commerce estaba muy bien y el venture capital estaba en pleno auge. Al final acabamos encontrando el dinero”.

“Todo surge durante un viaje a Nueva York y, tras ver a una chica en el metro tejiendo, nos pusimos a investigar. Allí había un movimiento y al volver vimos que en España no existían las tiendas que allí vendían lo necesario para tejer ni el concepto de gente joven tejiendo, aquí era muy old school”, cuenta Bravo. Y se pusieron a ello. Mezclaron la moda con una idea empresarial. “No dejaba de ser un nicho, pero podíamos compaginarlo con nuestras ganas de hacer algo. Vimos el momento y mientras seguíamos en PwC nos presentamos a un concurso de emprendedores, lo ganamos y dejamos la empresa”, añade. El siguiente paso fue buscar los proveedores fuera ante la negativa de las laneras españolas de suministrarles la materia prima y lanzar su producto en España (a pesar de la climatología).

Las diferencias

Hacer que una labor que por lo general se asociaba a otra época y generación sea moderna, apetecible e incluso cool tiene mérito. Y esto es lo que justifica parte de su éxito. El resto viene, según explican los fundadores de We are knitters, de su imagen fresca y joven –aunque muy similar a su competencia, la empresa Wool and the gang, y en la que según reconocen se inspiraron para lanzar We are knitters–, de su capacidad para crear comunidad desde el día en que se pusieron al frente, los dos solos, de todos los departamentos de la empresa (atención al cliente incluido) y de las repeticiones de compra de los usuarios. La media hoy está en 2,5 veces por persona y el ticket medio de compra está entre 60 y 70 euros. No, el do it yourself (Hazlo tu mismo) en este caso no es económico, pero como argumentan, no venden un producto, sino una experiencia que comienza en el momento en el que uno recibe el paquete.

El sueño americano es el siguiente paso. Tras haber triunfado entre otros países en Alemania, donde las temperaturas agradecen más la lana que en el sur de Europa y las ventas representan el 34%, Marín y Bravo aterrizaron en Estados Unidos el pasado verano. A día de hoy ya tienen pedidos, incluso hay quien repite, pero el mercado es duro y la competencia interesante. “Allí es donde está el gran mercado. Es un país con 53 millones de personas que saben tejer, de los cuales 38 millones compran lana al menos una vez al mes. Es un mercado muy grande que admite a diferentes competidores y, aunque te lleves un porcentaje pequeño de la cuota de mercado, esa cifra siempre será más que lo que se pueda vender en España”, explica Bravo. “Nos podemos permitir ir allí con menos dinero que otros emprendedores. Hay un momento de competir y es ahora”, añade Marín.

Entre sus planes a largo plazo también está el crear un market place donde vender piezas ya hechas por tejedoras de la comunidad We are knitters o por su propio equipo de diseño, responsable de hacer todas las piezas y patrones inspirados en las últimas tendencias. El del do it yourself es un negocio de moda y tampoco descartan seguir en esa línea. Para entonces ya tendrán la lección aprendida.

FOTO NANI GUTIÉRREZ