La compañía fue cofundada por la actriz y su socio Brian Lee en 2011, y se dedica a vender productos para la casa ecológicos. En su primer año de vida la empresa alcanzó los 10 millones de dólares en ingreso. El año pasado The Honest Company fue valorada en 1.700 millones de dólares después de haber logrado 100 millones de capital.

El éxito de The Honest Company ha evidenciado la habilidad de Jessica Alba a la hora de utilizar su condición de personaje público para crear una startup millonaria a la que se ha consagrado en cuerpo y alma. La actriz, que posee entre el 15% y 20% de la compañía, posee una fortuna de más de 200 millones, y está en camino de labrarse un puesto en el ranking de Forbes de las mujeres hechas a sí mismas más ricas de Estados Unidos. Según palabras de ella misma, “si realmente queremos hacer una diferencia en el mundo y la salud de las personas se necesitan miles y miles de millones de dólares, no sólo uno”.

Como ocurre con la mayoría de las grandes empresas, The Honest Company surgió de la idea de cubrir una necesidad. En 2008 Jessica Alba acababa de comprometerse con el empresario de internet Cash Warren y embarazada de su primer hijo. En un baby shower organizado por su familia y amigos, su madre le recomendó lavar con detergente para bebé los montones de prendas que había recibido como regalo. Ella utilizó la marca convencional, e inmediatamente después comenzaron a salirle en la piel manchas rojizas que le recordaron a una infancia entrando y saliendo de emergencias y consultorios médicos por reacciones alérgicas similares. Temerosa de que su bebé tuviera que pasar por lo mismo, Alba pasó horas navegando en Internet tratando de descifrar el contenido no sólo del detergente, sino de todos sus productos de baño y cocina. Lo que descubrió le aterrorizó, y decidió tomar cartas en el asunto.

Trató de crear sus propios productos de limpieza a partir de bicarbonato de sodio, vinagre y aceites esenciales, pero terminó con algo más parecido a aliño para ensaladas. Trató de encontrar alternativas comerciales que solventasen su problema, pero los productos naturales y ecológicos eran desorbitadamente caros como para fabricar a gran escala.

Por fin vio la luz. Descubrió varias empresas con credenciales “verdes” como Seventh Generation, estaban haciendo un gran trabajo a través de ciertas categorías de productos, pero sin embargo no existía ninguna marca posicionada como referencia en productos seguros, ecológicos y no tóxicos. Alba y su marido pulieron su plan de negocio durante semanas, comprando dominios web que contenían la palabra “honest”. Finalmente se reunieron con el empresario web Brian Lee, que después de pensárselo un par de años se enamoró del proyecto. El resto ya es Historia.