Fuiste el primer trabajador de ‘Pitchfork’, la primera persona que contrató su fundador Ryan Schreiber.

Tenía 23 años cuando entré a trabajar en Pitchfork. Ahora tengo 37. Vaya, que me queda muy lejos el crío que era entonces. Han pasado muchas cosas desde que en 2004 pisé por primera vez la que por entonces era la oficina de Pitchfork Media. Aquello era como el Salvaje Oeste. No solo todo era posible, sino que nos lo pasábamos de muerte trabajando. Al principio mi tarea en Pitchfork era la de ser el ‘chico para todo’. De aquellos años lo que más recuerdo es que la música pasó a ser, por decirlo así, de dominio público. Internet entró en la mayoría de hogares y de repente la gente tenía acceso a todo lo que quisiera escuchar. Todo el mundo opinaba sobre música y nosotros empezamos a opinar aún mucho más sobre música.

¡Erais un blog! ¿Pensabais que ‘Pitchfork’ llegaría ser el titán de la prensa musical que es actualmente?

No pensaba que se convertiría en algo tan grande como es hoy en día. Sí que estaba convencido que podríamos ganarnos la vida con la página. Una de las claves de nuestro éxito creo que es la gran ventaja que llevábamos al resto de medios de comunicación. Mientras que en 2004 periódicos y revistas estaban empezando a entender qué era eso de internet y, algunos, los más visionarios, se interesaban por cómo adaptarse al nuevo formato, nosotros ya estábamos ahí, en la red, desde 1996. Nuestro número de lectores entonces no era descomunal pero sí que era, y sigue siendo, una comunidad muy fiel.

¿Qué ha aportado ‘Pitchfork’ a la prensa musical?

Nuestra visión es totalmente agnóstica y para nada influenciable. Hacemos lo que ha hecho mucha gente desde hace muchas décadas: tenemos un medio (la diferencia es que el nuestro es digital) en el que vertimos lo que opinamos sobre ciertos grupos y sus discos. La diferencia está en cómo lo hacemos. Las novedades discográficas suelen publicarse los jueves y, ventajas de la plataforma con la que trabajamos, nuestras reseñas aparecen ese mismo día, aunque sea un disco editado en España sin distribución en EE UU. Eso nos ha permitido ser los primeros en llegar a muchos lectores. En su momento éramos los únicos. Ahora lo seguimos siendo aunque, lo admito, sin el impacto que teníamos 10 años atrás, porque todo evoluciona y hay muchos otros medios en la red.

Pero sin la relevancia que tiene Pitchfork Media. ¿Qué os diferencia del resto de páginas que han ido saliendo tras vosotros?

Evidentemente, hay un puñado de detalles que creo nos hacen únicos, especialmente, y como destacaba antes, la rapidez con la que cubrimos los lanzamientos discográficos. Aun así, si hay algo en lo que somos realmente diferentes es que nunca hemos intentado ser ni aparentar lo que no somos. Ha habido muchos portales que han tomado decisiones equivocadas queriendo ser lo que no eran para captar más lectores o más publicidad. Nuestras decisiones nunca han sido tan calculadas, o no han ido tan descaradamente enfocadas hacia esos objetivos.

Pero sois tan influyentes que cuando puntuasteis con un cero el disco en solitario de Travis Morrison, el líder de la banda de ‘postharcore’ The Dismemberment Plan, muchas emisoras universitarias (otro de los principales canales de promoción para estos artistas en EE UU se negaron a radiarlo.

Creo que, artísticamente, ese disco fue un paso nefasto en su carrera. Y cuando nosotros publicamos aquella reseña en ningún momento lo hicimos con la intención de acabar con su trayectoria sino siendo totalmente honestos con lo que nos transmitía su música. Y ese es otro de nuestros hechos diferenciales: el lector debe saber que lo que leerá en Pitchfork es una opinión honesta basada en los sentimientos que aquellas canciones han causado en el redactor. Creo que es así, siendo íntegros, como se ganan las fidelidades con los lectores.

Fotografía de Amir Kuckovic

¿Cuánta gente trabaja actualmente en ‘Pitchfork’?

Tenemos una plantilla fija de 53 personas y alrededor de unos 75 colaboradores externos. ¿Lectores? Actualmente tenemos unos 10 millones de visitas únicas cada mes. Muchísima gente.

Entre 2013 y 2016 publicasteis ‘The Pitchfork Review’, una revista trimestral en papel.

Era una idea a la que hacía muchos años que le veníamos dando vueltas. Empezamos Pitchfork como un blog porque no teníamos dinero para imprimir un fanzine, pero somos de esos románticos que se vuelven locos con los discos en formato físico y con las revistas de papel. En una época en la que vuelven a venderse álbumes porque la gente necesita poseer esos discos físicamente, pensamos que valía la pena crear una revista que no solo se leyera sino que, por su valor literario y por su diseño e imagen, el lector quisiera guardarla en la estantería, igual que un disco o un libro. Desafortunadamente, la aventura no prosperóo del modo en el que nos hubiera gustado.

¿Nunca os habléis planteado sacar una edición en español de ‘Pitchfork’?

Es algo que sale a colación habitualmente en nuestras reuniones. Nuestro principal elemento distintivo, de nuevo, es la rapidez con la que reseñamos las novedades discográficas, cubrimos conciertos y festivales o descubrimos pequeñas escenas locales. Teniendo en cuenta el trabajo que implicaría crear ediciones en otros idiomas, con la de tiempo que eso nos quitaría y con una base de lectores que, más allá de los países angloparlantes, habla o entiende el inglés, creo que no vale la pena.

Solía dedicarme exclusivamente a la prensa musical, pero, teniendo que reseñar 20 discos por mes, temí perder mi pasión por la música. Has anunciado que dejas Pitchfork (Kaskie realizó este anuncio a través del Twitter el día antes de realizar esta entrevista en el marco del Primavera Sound), ¿tu marcha se debe a una sensación similar?

Nunca he perdido la pasión por la música. Sin embargo, admito que una de las cosas que más me apetecen de abandonar Pitchfork es volver a liberar mis oídos y disfrutar de la música sin tener que analizarla desde un punto de vista crítico. Hasta ahora, cuando ponía música en el coche siempre acababa cabreándome con mi mujer por eso, porque no podía disfrutar de un disco sin pensar que era trabajo.

¿Por qué dejas ‘Pitchfork’ y a qué te dedicarás a partir de ahora?

He ayudado a cimentar y hacer de Pitchfork lo que es actualmente. Ahora me toca dedicarme a mi familia. No sé si haré algo relacionado con la música. Tampoco me preocupa. Lo mejor de la música es que es algo que está por todas partes.