“¿Cómo vais a servir a la humanidad?”. Esta es la frase de Tim Cook durante la ceremonia de graduación del MIT que mejor resume el objetivo de su discurso: convencer a las nuevas generaciones de que deben buscar su sitio en el mundo. Tirando de ‘storytelling’, herramienta que manejaba con maestría su predecesor, Steve Jobs, Cook utilizó su propia historia para ilustrar a los recién graduados sobre la búsqueda de su “propósito”, algo que encontró cuando empezó a trabajar en Apple en 1998. El consejero delegado de la empresa de Cupertino destacó el papel de Jobs en esta búsqueda y recordó la campaña “Think different”, un mensaje que cautivó al ingeniero industrial de Alabama por aquel entonces.

“Quería empoderar a los locos, a los inadaptados, a los rebeldes, a los alborotadores, a las ovejas negras y a los versos sueltos, para que pudieran trabajar más que nunca”, comentó Cook en forma de homenaje a su predecesor en el cargo. Con una gran experiencia previa en compañías de primer nivel en el campo de la tecnología, como IBM, Intelligent Electronics o Compaq, este ingeniero reconoció no haberse encontrado hasta su llegada a Apple con “un líder con tanta pasión, ni hallado una empresa con un propósito tan claro y atractivo”. Su discurso recuerda ahora al de Steve Jobs en 2005 en la Universidad de Stanford, en el que animaba a seguir al corazón y la intuición para llegar a ser lo que uno quiera ser.

“Seguid hambrientos, seguid alocados”, así finalizaba el discurso en Stanford, en el que el Steve Jobs más visceral hacía suya la máxima del ‘carpe diem’ para animar a las nuevas generaciones a vivir su propia vida y disfrutar cada día como si fuera el último. Más comedido y discreto, Cook centró su atención en la responsabilidad que entronca con el trabajo en el mundo de la tecnología y, por consiguiente, sobre el compromiso de Apple con la humanidad. Para ello citó a Steve Jobs cuando sentenció que “la tecnología por sí sola no basta”, e invitó a reflexionar al auditorio sobre las posibles “consecuencias adversas” de la aplicación de la tecnología si la misma escapa de su verdadero propósito. “Hay veces que esa misma tecnología que pretende conectarnos, nos divide”, afirmó Tim Cook durante su discurso.

Minutos antes empezaba su ‘speech’ recordando algunas de las bromas de los alumnos del MIT, conocidas como ‘hacks’, entre las que destacó el pirateo de la cuenta de Twitter del rector, para más tarde ponerse serio (siempre con la empatía y el “buenrollismo” por el que se caracteriza la filosofía de Apple). “Las amenazas a la seguridad, a la privacidad, las noticias falsas, y las redes sociales que se vuelven antisociales” son algunas de las consecuencias más directas de desarrollar la tecnología sin “decencia” ni “bondad”, asegura Cook. Para el consejero delegado todo ello depende, entre otras cosas, de “nuestros valores” o de “nuestro amor por la belleza”. “Hagáis lo que hagáis en la vida, y hagamos lo que hagamos en Apple, debemos revestirlo de la humanidad inherente a cada uno de nosotros”, defiende Cook.

El ingeniero de Apple considera revelador su encuentro con el papa Francisco el pasado año en su afán por defender este sentido de la responsabilidad dentro del mundo tecnológico. Tras confesar que fue la conversación más increíble de su vida, Cook rinde un homenaje al pontífice en su discurso (el segundo tras el de Jobs), en el que se pueden apreciar las enseñanzas de Francisco. “Habrá momentos en que vuestra determinación de servir a la humanidad se pondrá a prueba. La gente tratará de convenceros de que la empatía sobra en vuestra carrera profesional. No aceptéis esa falsa premisa”. Ya no habla el ingeniero, el hombre de negocios adicto al trabajo, ahora habla el discípulo de Steve Jobs, que pretende liberar a la tecnología de las tentaciones de su particular desierto.

Bromas aparte (por cierto, no ha faltado el característico chascarrillo sobre Microsoft, algo también presente en el discurso de Jobs en Stanford), Cook parece ser optimista con respecto al peligro de la tecnología. “Soy optimista porque creo en vuestra generación, en vuestra pasión, en vuestro viaje para servir a la humanidad. Todos contamos con vosotros”, sostuvo Tim Cook conforme agotaba sus minutos en la palestra, tras lo que transmitía un claro mensaje de esperanza: “si ves un problema o una injusticia, asume que nadie más que tú va a solucionarlo. A partir de hoy usad vuestras mentes, vuestras manos y vuestros corazones para crear algo más grande que vosotros mismos”.

Puede que sea más gris que Steve Jobs, como dicen algunos, más discreto, quizá menos visionario, pero lo cierto es que Tim Cook ha sabido hilar bien su discurso con el pronunciado por su predecesor 12 años antes. El fundador de Apple le contó a las nuevas generaciones tres historias sobre “conectar los puntos”, “el amor y la pérdida” y “la muerte”, en la que ha sido la carrera de un joven genio que reinventó el mundo de la informática. Bien podría ser Cook casi uno de esos alumnos que escuchó su discurso (pese a que por fechas no nos cuadre la cronología), y que el pasado 9 de junio transmitió a la comunidad universitaria del MIT cómo una compañía como Apple puede cambiar el futuro incierto de un joven graduado. El porqué de esta relación entre los discursos de Jobs y Cook lo explica Martin Luther King en una frase (que el propio Cook menciona en su discurso): “toda la vida está interrelacionada. Estamos inmersos en una red de mutua dependencia, sujetos a un destino común”.