Su casa: mientras que el magnate del petróleo y el gas indio Mukesh Ambani construyó un rascacielos de 27 pisos para su propio disfrute y el fundador de Oracle, Larry Ellison, posee propiedades como islas enteras, Buffet prefiere ser un poco más sencillo. Todavía vive en la casa de Nebraska de cinco dormitorios que compró en 1958 por 31.500 dólares. Está a cinco minutos en coche de su igualmente modesta oficina en el centro de Omaha, donde sólo 25 empleados supervisan a un negocio que tiene unos ingresos de 221.000 millones anuales. Y mientras que multimillonarios como Steve Wynn decora sus oficinas con obras de arte de incalculable valor firmadas por Picasso, las paredes de Buffett incluyen clips de periódicos de crisis financieras como el Martes Negro, que según Buffett sirven como recordatorio de que cualquier cosa puede suceder en este mundo.

Su coche: algunos millonarios han gastado auténticas fortunas en colecciones de automóviles de alta gama, incluyendo el garaje de 70 clásicos del diseñador Ralph Lauren y la galería de Ferraris vintage de Les Wexner, directivo de Victoria’s Secret; por el contrario, Buffett tiene un solo vehículo. Todas las mañanas toma su Cadillac XTS para trasladarse hasta su oficina.

Su dieta
: si piensas que Buffett es de los asiduos a restaurantes de la guía Michelín o de la degustación gourmet, es un adicto a la comida basura (a diferencia del ex multimillonario del casino Stanley Ho, que pagó 330.000 dólares por una trufa blanca en 2007). Buffett bebe ingentes cantidades de Coca Cola al día y desayuna en un McDonald’s, donde escoge una salchicha con huevo y queso por una cantidad ridícula si lo comparamos con la fortuna de su cuenta bancaria.

Buffett se ha comprometido a regalar casi toda su fortuna cuando muera, lo que significa que el dinero que está ahorrando será donado a causas humanitarias, además de los miles de millones que ya ha donado a la Fundación Bill y Melinda Gates. “En toda mi vida, todo lo que gasto será un poco menos del 1% de todo lo que produzco”, explica Buffett en un reciente documental. “El otro 99% va a otras personas porque no tiene utilidad para mí, así que es una tontería no transferir esa ventaja a las personas que pueden usarla”.