Actualmente, la alta concentración del sistema de transacciones digitales en Europa, en el que operan en su mayoría compañías foráneas, provoca grandes diferencias entre las comisiones cobradas a pequeños comerciantes, que se enfrentan a tarifas entre tres y cuatro veces superiores, frente a las desembolsadas por los competidores más grandes.
Los proveedores de servicios de pago –como Visa o Mastercard– poseen la capacidad de imponer precios debido a la falta de competencia y los comercios de menor tamaño tienen un margen limitado para negociar o cambiar de compañía que suministre estos servicios.
«En mayo de 2025, una coalición de importantes minoristas europeos escribió a tres comisarios europeos advirtiendo de que los sistemas internacionales habían hecho que sus tarifas fueran tan complejas y opacas que los comerciantes no pueden entender, y mucho menos cuestionar, lo que están pagando y por qué», ha expuesto Cipollone en un evento organizado por la Escuela de Economía de Estocolmo en Riga y Latvijas Banka.
Así, el euro digital busca frenar la discriminación económica a los pequeños comercios, ya que acabará con las comisiones de red y de procesamiento por las transacciones ejecutadas, mitigando los inconvenientes de la excesiva concentración del poder de mercado.
Entre 2018 y 2022, las comisiones netas por servicios de este tipo en la Unión Europea casi se duplicaron a pesar de los esfuerzos por regularlas. Las redes internacionales de tarjetas buscaron resquicios en la legislación y ampliaron aquellas comisiones que quedaban fuera, como las de red o de procesamiento.
Las transacciones en línea continúan conformándose como una de las opciones más demandadas, mientras los pagos en efectivo han caído del 68% de los pagos diarios en la zona del euro en 2019 al 40% en 2025, una disminución todavía más importante en los países bálticos que cuentan con una de las economías europeas más digitalizadas.
«En un mundo cada vez más fragmentado, la integridad e independencia de la infraestructura de pagos europea es una cuestión de soberanía monetaria. Para el Eurosistema, mantener esa soberanía es una responsabilidad fundamental. Y es el momento de actuar», ha concluido Cipollone.

