El oro tuvo un año espectacular. El metal amarillo pasó de cotizar en torno a los 2.600 dólares por onza a comienzos de año a superar los 4.300 dólares al cierre, lo que supone una rentabilidad del 65%. Las acciones de las compañías mineras lo hicieron todavía mejor. El ETF VanEck Gold Miners (con 29.000 millones de dólares en activos) subió un 155%. Tras movimientos de este calibre, la pregunta es lógica: ¿es demasiado tarde para subirse al tren?
Daniel Oliver cree que no. Oliver dirige el fondo Myrmikan Gold Fund, lanzado en 2010 y que, según un informe de 2023, gestionaba unos 30 millones de dólares en activos. (Conviene señalar que Oliver es un firme defensor del oro, no un observador neutral). En una nota de análisis publicada el jueves, sostiene que la operación en oro sigue estando en una fase temprana. Más importante aún, afirma que el problema habitual de las mineras —el aumento de los costes que aplasta los márgenes— no es, esta vez, un desenlace inevitable.
Su argumento comienza mirando al pasado. El oro no lideró los mercados durante los años de burbuja. En 2024, las operaciones especulativas dominaron las rentabilidades: las grandes tecnológicas se dispararon y el bitcoin se revalorizó con fuerza. El oro también subió, pero quedó rezagado frente a los activos de mayor riesgo. Las acciones mineras lo hicieron aún peor.
Ese patrón cambió en 2025. Los activos especulativos, de “apetito por el riesgo”, se enfriaron o corrigieron las subidas previas. El oro, en cambio, pasó a primer plano, y las mineras lo siguieron. Oliver afirma que este cambio es clave, porque el oro tiende a comportarse mejor cuando el crédito se está endureciendo —algo que suele reflejarse en la caída de los activos especulativos— y no cuando se expande. En esos periodos, el precio del oro suele subir más rápido que el de la mayoría de las materias primas. Según Oliver, así es como se está desarrollando este ciclo del oro, al menos hasta ahora.
La Reserva Federal está recortando los tipos de interés a corto plazo, pero el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años es hoy 50 puntos básicos superior al que tenía en septiembre de 2024, cuando la Fed inició su última ronda de flexibilización monetaria. Esa combinación apunta a un crecimiento del crédito potencialmente más débil de lo que cabría esperar, no a un auge económico. Y sin un boom, los precios de las materias primas industriales tienden a quedarse rezagados frente al oro, en lugar de adelantarse, según Oliver.
La historia respalda esta visión. Durante la década de 1970, el precio del oro subió un 1.400%, muy por encima de la mayoría de las materias primas industriales. El cobre, por ejemplo, apenas avanzó un 45% en ese periodo.
Oliver cree que esas dinámicas están regresando. Espera que los precios del petróleo se mantengan contenidos, a medida que aumenta la oferta en Estados Unidos y se debilita el crecimiento de la demanda a largo plazo. La energía, como es lógico, es uno de los principales costes para la minería. Una inflación energética más moderada ayuda a proteger los márgenes. También sostiene que la mayoría de las materias primas industriales tendrán dificultades para seguir el ritmo del oro en un entorno de bajo crecimiento.
Eso conduce a su tesis central: las mineras de oro, dice, no se enfrentan esta vez a la habitual presión de costes. Si el precio del oro continúa subiendo más rápido que sus insumos, los márgenes deberían ampliarse, no comprimirse.
Las acciones de las compañías mineras de oro tuvieron un 2025 espectacular. Oliver no lo ve como una señal de advertencia. A su juicio, esas subidas se parecen más al inicio de un mercado alcista prolongado que al final de uno.
